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El protestantismo en Cuba, porJuana Berges


LAS IGLESIAS DEL PROTESTANTISMO. El cristianismo protestante es una de las formas en que se expresa la religión en Cuba. Entre los rasgos que lo distinguen se destaca su fragmentación y diversidad en los modos de proyectarse hacia lo propiamente religioso y ante la sociedad. Esto le confiere una heterogeneidad que le es propia en el mundo entero y que ha motivado el surgimiento de numerosas clasificaciones para abordar su estudio.

A principios del siglo XX, un reconocido historiador protestante, Ernst Troelsch, destacaba que la más fuerte significación del protestantismo estaba en determinar la religión del mundo moderno. Enfatizaba el hecho de que no se trataba de “ningún protestantismo unitario, sino de un protestantismo que ha cambiado profunda e íntimamente y que se ha desflecado en las formas más diversas”. Añadía: “no se puede pensar en una unidad de la religión en el mundo moderno y el protestantismo tolera precisamente esta abundancia de formaciones particulares” . [1]

Actualmente existen en Cuba 54 denominaciones protestantes oficialmente reconocidas. Las investigaciones desarrolladas generalmente distinguen- siguiendo un criterio extendido- dos grandes vertientes: la que reúne a las iglesias llamadas históricas, tradicionales o tempranas (protestantismo histórico) y el protestantismo 2nacido posteriormente (tardío) [2]. Para ello se parte de considerar las circunstancias de su origen histórico- social, doctrina, características litúrgicas y determinados énfasis. Las históricas comprenden las más directamente vinculadas al proceso de la Reforma religiosa del siglo XVI y siguientes. Si bien no aparecieron en el mismo momento, responden al tránsito a la época moderna y expresan la diversidad de la Revolución burguesa. Coinciden en el hecho de ser las primeras insertadas en el país. Aquí las representan las iglesias bautistas (de las cuales existen tres Convenciones- Oriental, Occidental y Libre- y una Fraternidad, es decir, cuatro entidades eclesiales independientes), Episcopal (anglicana), Presbiteriana reformada, Metodista, Luterana y Los Amigos (Cuáqueros). En las tardías se agrupa una diversidad de expresiones evangélicas que hacen su aparición a escala mundial en condiciones histórico sociales bien diferenciadas de las ya referidas. Presentan nuevas peculiaridades en sus bases doctrinales en consonancia con el pensamiento religioso. Este grupo suele ser asociado con aquellas organizaciones religiosas que por mayoría aparecieron a fines del siglo XIX y comienzos del XX en Estados Unidos en las condiciones de un capitalismo maduro, con acentuación de contradicciones. En sus rasgos están más cercanos a la vida religiosa absorbente. Al igual que las anteriores, nacieron de la labor misionera, pero también de escisiones internas y de nuevas creaciones ya en suelo cubano. Corresponden al protestantismo tardío 25 iglesias pentecostales y otras como los Adventistas del Séptimo Día, los Nazarenos, Ciencia Cristiana, Cristiana Reformada, de Cristo y el Ejército de Salvación, incluso dos originarias de Cuba, es el caso del Bando Evangélico Gedeón (actualmente llamado Soldados de la Cruz de Cristo) y “Los Pinos Nuevos”.

Los modelos de iglesia crean modelos de dirección, funcionamiento y estilos de culto. No todas parten de doctrinas acabadas, más típicas de instituciones tradicionales. Mientras en estas la reflexión ocupa un lugar destacado, entre pentecostales, por ejemplo, si bien no tiene por qué faltar el análisis, el énfasis principal se le concede a la experiencia individual de los dones del Espíritu (entre ellos, el don de la sanidad divina, hablar en lenguas desconocidas y su correspondiente interpretación, y la facultad de profetizar o predecir). Se trata de una personalización más emocional de lo religioso. Asimismo, hay grupos identificados con una línea fundamentalista (de separación de los compromisos sociales) o con el pietismo, en tanto existen los que se inclinan a una teología de contenido social. En el protestantismo igual se puede presenciar una liturgia sencilla que otra más acabada. Pero la heterogeneidad se vuelve más compleja por el hecho de que dentro de una misma Iglesia pueden encontrarse diferentes tendencias. Así, es posible que en una tradicional se inserte una tendencia carismática, o que en otra de inclinación fundamentalista aparezca un grupo con vocación de contextualizar la fe.

También existen elementos comunes que posibilita la alianza de diferentes denominaciones protestantes en proyectos de interés común enfilados hacia lo propiamente eclesiástico o hacia el servicio social. En la consecución de la unidad en la diversidad ha desempeñado un papel relevante el movimiento ecuménico, un espacio creado para el encuentro.

Antecedentes de presencia protestante en Cuba

Los primeros datos aparecen asociados a los ataques de corsarios y piratas de Francia, Inglaterra y de otras tierras de Europa que en cierta forma reproducían, en las tierras recién conquistadas de América, las pugnas por intereses económicos y posiciones políticas que dividían a las naciones del Viejo Continente. Junto a las incursiones armadas se desarrolló también el comercio de rescate (o de contrabando, por su carácter ilegal). Estas actividades trajeron, de forma circunstancial, a personas de otras religiones a menudo calificadas de “herejes”. Documentos de la época refieren que “estos enemigos de V.M. y de nuestra Santa. Fe” (aludiendo, por supuesto, a la católica romana) han hecho sus diligencias para establecer sus “dañadas” sectas y reparten a la población “unos libritos pequeños traduzidos de su lengua a la nuestra; i en ellos disfrazadamente insertan sus graves i manifiestas herejías” (sic), según consta en documentos de la época [3] . También se les llamó “gente luterana”, de acuerdo a lo descrito por Silvestre de Balboa en “Espejo de Paciencia”, primera obra literaria aparecida en Cuba, que narra los incidentes del ataque del francés Gilberto Girón en los inicios del XVII.

En 1741, una expedición inglesa, compuesta por varios miles de hombres al mando del almirante Eduardo Vernon y del general Wentworth, desembarcó en Guantánamo con el fin de apoderarse de Santiago de Cuba. Levantaron el asentamiento Cumberland donde se supone que los expedicionarios realizaran el culto anglicano durante los meses que duró el asedio, toda vez que generalmente iban acompañados de clérigos.

Apenas 20 años más tarde, en 1762, La Habana fue tomada por los ingleses. La ocupación se extendió durante casi un año, y además de traer un activo comercio con Gran Bretaña, las 13 colonias de Norteamérica y Jamaica, provocó- en lo religioso- que la población de la capital fuera testigo, por vez primera, de sistemáticas celebraciones anglicanas.

Otra presencia no católica ocurrió a fines del mismo siglo XVIII. La rebelión de esclavos en Haití trajo consigo la entrada a Cuba de colonos de origen francés que huían de la sublevación. Aunque portadores de ideas religiosas protestantes, no hicieron trascender estas fuera de sus comunidades, acto además prohibido por la hegemonía católica romana.

La supresión de la esclavitud en las colonias de Inglaterra en la década del 30 del siglo XIX, provocó que las iglesias protestantes en el Caribe, en particular las vinculadas al colonialismo inglés, añadieran con fuerza a sus labores el contenido abolicionista. Como regla, este énfasis contrario a la trata de seres humanos no existía en ellas antes. En Cuba incidieron por medio de la introducción de propaganda y de agentes, entre ellos esclavos. Se afirma incluso que algunos eran preparados por los abolicionistas en Africa, le enseñaban el idioma inglés y los embarcaban junto a los de su raza para divulgar nuevas ideas en la población, con el objetivo de sustituir la fuerza de trabajo esclava por la asalariada, más conveniente a los intereses del capitalismo industrial británico. Aproximadamente hasta 1850 se extendió lo que pudiera catalogarse como el período europeo, especialmente inglés, del protestantismo en Cuba. Tuvo un carácter circunstancial y más bien fue de consumo de extranjeros, no para convertir a la población local.

Después, la avanzada pasó a Norteamérica. A lo largo del siglo XIX la presencia económica comercial de Estados Unidos fue aumentando todavía más y a pasos crecientes. Contribuyó a avivar campañas para la anexión territorial de la Isla. Esas tendencias fracasarían ante el empuje de las ideas independentistas.

Por entonces un número de ejemplares de la Biblia había sido ya introducido desde la vecina nación del Norte, a pesar del rechazo y sorteando la vigilancia de las autoridades coloniales que en 1855 emitieron una ley para detener su distribución aunque subrepticiamente siguieron entrando.

En 1868, el mismo año en que comenzó la guerra de independencia de Cuba contra el poder colonial español, llegó a la Isla el primer misionero episcopal norteamericano, Reverendo Milo Mahan. Celebró cultos a pesar de que sólo estaba permitido el católico romano. Advertido de que no podía continuarlos regresó a su país. Luego visitaría La Habana, en 1871, el obispo (también episcopal) Henry W. Whipple. Aprovechó la ocasión para organizar cultos a bordo de un barco surto en puerto, en el consulado británico, en el prusiano y en casas particulares de extranjeros.

Es a iniciativas de Whipple que se instala en la Isla el Reverendo Edward Kenny, otro episcopal. Por casi una década, desde 1871, realizó sistemáticos servicios religiosos no sólo para marinos y oficiales de paso por la Isla o para residentes extranjeros, sino que logró acceder a una región fuera de la capital. En la provincia de Matanzas evangelizó a negros de una plantación azucarera y a peones chinos. Atendió a los enfermos de un hospital para extranjeros y logró la fundación de un cementerio protestante. La celebración de cultos de alguna manera servía para familiarizar a todos los pobladores con este tipo de religiosidad. Posteriormente trabajaría en Cuba (1881) el Reverendo Edward A. Edgerton (episcopal nuevamente). Con su salida, en 1883, concluyó, en la práctica, la primera etapa misionera norteamericana del protestantismo cubano. Una etapa más abierta que la anteriormente señalada.

Comienzos de un protestantismo para cubanos y por la actividad de cubanos. Intervención nortemericana en la guerra de independencia y en el curso de la iglesia protestante.

En 1866 el Reverendo Joaquín de Palma fundó en Nueva York la primera parroquia de habla hispana dirigida por un cubano, la Santiago Apóstol. De Palma, ministro episcopal, fue un hombre de ideas independentistas al igual que muchos de sus contemporáneos convertidos al protestantismo en Estados Unidos. En sus sermones no establecía contradicciones entre sus sentimientos religiosos y patrióticos. Congregaciones que utilizaban el idioma español se multiplicaron en iglesias bautistas, metodistas y episcopales. Criollos exiliados en EEUU por razones de índole política o económica, conocieron el protestantismo en ciudades como Nueva York, Nueva Orleans, Cayo Hueso y Filadelfia donde ahora recibían estos servicios religiosos. Sobre todo en el sur norteamericano la afluencia de emigrados había sido mayor. Es este el antecedente más inmediato del protestantismo en Cuba. En la Isla, las primeras iglesias cristianas no católicas romanas fueron organizadas por cubanos que regresaron con ese objetivo en la década del 80 del siglo XIX, entre las dos guerras más importantes por la independencia del colonialismo español. Los esfuerzos anteriores de norteamericanos no lograron alcanzar el éxito de estos misioneros.

Los predicadores Alberto J. Díaz y Pedro Duarte fueron enviados como colportores bíblicos en 1883 por la iglesia episcopal norteamericana. Fundaron las primeras congregaciones establecidas en la Isla para la población: “Getsemaní”, en La Habana, y “Fieles a Jesús”, en Matanzas .[4] Díaz fue poco más tarde el iniciador de la obra bautista al adoptar la forma de gobierno y doctrina propias de estos. Con ello se abrió paso a que en 1886 se efectuaran bautizos por inmersión que en esa inicial ocasión tuvieron lugar en el litoral habanero. Entre protestantes existe la práctica de los dos tipos de bautizo: unos lo hacen por inmersión y otros por aspersión.

Además, gracias a los esfuerzos de Alberto J. Díaz y la ayuda que le prestaron desde el exterior, la iglesia bautista pudo adquirir un terreno destinado al cementerio bautista, el mismo que aún funciona en la capital. Llenaba una necesidad básica en un aspecto en el que ya se habían realizado gestiones y acciones y otras más serían promovidas

Por su parte, a Duarte se debió, en 1886, la extensión a Cuba y Puerto Rico de la Real Orden circular del 23 de octubre de 1876 sobre tolerancia religiosa de otros grupos cristianos fuera del oficial católico romano. La Orden tuvo un alcance limitado, pues prohibía a los protestantes realizar manifestaciones públicas más allá de los lugares de culto.

También regresaron en la década del 80 los cubanos Enrique Someillán y Aurelio Silvera. Patrocinados por la Iglesia metodista de Estados Unidos predicaron inicialmente en el salón de un hotel llamado Saratoga, sito en Galiano y Zanja, donde recibieron a varios miembros y la simpatía de la prensa liberal y la opinión ilustrada. 5 Así, exactamente, lo expresó en sus comentarios el Reverendo Manuel Deulofeu . [5]

Con su labor, encaminaron la apertura de una misión nombrada “El Tabernáculo”. Otro cubano, el obrero tabaquero Evaristo Collazo, fundó en 1890 centros de predicación de corte presbiteriano. Se dice que posiblemente en Tampa conociera las parroquias protestantes. Solicitó la ayuda de la Iglesia Presbiteriana del Sur

norteamericano. En respuesta a su demanda lo visitó el Reverendo Anthony Graybill, de la Junta de Misiones en EEUU, quien lo ordenó al pastorado.

En común a todos estos fundadores de iglesias los unió el contenido abierto, no sectario, de su trabajo, y una prédica de tintes patrióticos en contraste al pietismo extendido entre iglesias norteñas en aquel momento. Apoyaron la gesta independentista y algunos se vincularon directamente a la contienda, a las actividades del Partido Revolucionario Cubano, a su fundador José Martí y al general Antonio Maceo. Las bases del PRC, aprobadas en 1892, expresaban el propósito de alcanzar, con la unidad y los esfuerzos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, así como fomentar y auxiliar la de Puerto Rico. Estos misioneros han sido llamados “misioneros patriotas” . [6]

Hasta 1895 el peso de la difusión de las denominaciones evangélicas estuvo en manos de nacionales. Durante los años de guerra la obra se debilitó a pesar de que quedó alguna congregación en funciones llevada adelante por los laicos. Pero la entrada de Estados Unidos en la contienda que Cuba mantenía contra España marcó el inicio, en 1898, de la ofensiva para el asentamiento masivo del protestantismo. Ha sido demostrado que la posición asumida en general por el sector protestante estadounidense (salvo los cuáqueros y unitarios) fue a favor de la intervención [7]. El protestantismo legitimaría, en las condiciones republicanas, el nuevo status impuesto, aceptando supuestas bases de progreso relativas a la “Cuba nueva” donde coincidieron el discurso intervensionista y el religioso.

La expansión de iglesias y congregaciones protestantes en la República neocolonial

Luego de 1898 las direcciones de las iglesias pasaron, de manera paulatina, a manos norteamericanas. Los cubanos fueron relegados a planos secundarios en la ofensiva misionera emprendida a partir de entonces. Díaz, Duarte y Someillán, apenas regresaron a sus comunidades religiosas respectivas volvieron a alejarse de estas, ahora por discrepancias, y se instalaron en la Presbiteriana (el último tras un breve intervalo en la Congregacional).

Sucesivamente fueron llegando representantes de las Juntas de Misiones Domésticas de las Iglesias Metodista del Sur, Episcopal, Congregacional, Discípulos, Cuáqueros, Presbiterianos del Norte y del Sur, Bautistas del Norte y del Sur. Otras se unirían posteriormente reproduciendo, en buena medida, el cuadro denominacional típico de la sociedad norteamericana. Muy tempranamente, antes de concluir la segunda década del XX, Congregacionales y Discípulos entregaron a los presbiterianos sus templos y membresías.

Un periódico presbiteriano de EEUU, The Assambly Herald” de diciembre de 1901, al comentar por qué la Isla era atendida por las Juntas de Misiones Domésticas y no por las Foráneas, indicador evidente de que el país era considerado parte del territorio norteamericano, (lo que sólo se repitió con Puerto Rico) afirmaba que no se trataba de un “simple convencionalismo”... “nuestro deber cristiano hacia Cuba tiene la doble inspiración de lo que Cuba se debe a sí misma y de lo que vale para nosotros...” Representantes de las iglesias cubanas sostienen que la intervención de Estados Unidos en la guerra supuso también la intervención de la iglesia.

A partir de entonces se instaló un cristianismo dependiente del modelo misionero norteamericano. Formas y contenidos de las iglesias en un contexto bien diferente fueron trasladados al escenario cubano. El centro de la doctrina introducida, el esquema de la conversión personal, se unía a un pietismo en la adoración. A la larga también se promovieron concepciones proclives al conservadurismo y el anticomunismo.

El proceso de institucionalización, con la consiguiente creación de las estructuras necesarias para cumplir los fines propuestos, sería realizado en lo adelante. La primera Constitución de la naciente República favorecería la difusión ya no tolerada, sino formal, del protestantismo al proclamar tácitamente la separación de la Iglesia y el Estado, el cual no debería subvencionar ningún culto, y la libre profesión de todas las religiones sin otra limitante que el respeto a la moral cristiana (con ello también quedaba claro la discriminación hacia otras expresiones religiosas existentes)

Se edificaron templos, quedaron organizados los seminarios para la preparación del personal especializado, nacieron publicaciones, construyeron escuelas. Existía el convencimiento de que era indispensable una función “ilustradora” que ayudara al avance de la nación.

No es raro, por tanto, que las proyecciones de tipo social se hayan canalizado, en primer lugar, a través de la obra educativa. En América Latina las misiones protestantes penetraron con esa propuesta, ajustada al ya referido sentido de progreso que incorporaron a su empresa. De