Preguntas sobre Dios

—¿Quién o Qué es Dios ?

Si todas las palabras están amenazadas de equívocos esta lo está en grado sumo y admite muy diferentes aproximaciones y respuestas según el punto de vista: teológico, filosófico, cultural, histórico, sociológico, existencial, devocional, en la cuestión del ser de Dios se implica también la cuestión del ser del Hombre.

Para mí Dios o la divinidad es de acuerdo con la tradición judía y cristiana –Adonai, el Señor, —San Juan— el Logos o sentido del universo, el Ser que Es y el fondo de mi propio ser sobre el que puedo hacer pie, ese fondo —roca— que revela mi propia intimidad sobre la que puedo construir y construirme, que experimento como amor y confianza , que me permite esperar que el conocimiento, la plenitud y la vida , aunque no sea evidente, prevalecerán de alguna sobre el vacío, la soledad y la muerte.

Los atributos de Dios son contradictorios y paradógicos: de un lado es la absoluta Otredad ante la que como Martin Lutero nos presentamos con “temor y temblor”, y sin embargo lo sentimos como decía Agustín en lo más íntimo de nuestro ser “intimius intimo meo”; es el Logos o sentido del mundo y sin embargo se manifiesta en el sinsentido y el silencio, se reviste de la Majestad de lo absoluto y sin embargo comparece en la impotencia, el anonadamiento y la abnegación, se identifica con la ortodoxia del Templo y de la Ley y sin embargo se revela en la libertad del Espíritu, en la heterodoxia del Amor y en la apertura paradógica, herética y provocadora del Evangelio.

—¿Dios, se hace presente?

Claro, Dios se hace presencia pero no lo hace como un ente más entre los entes, está en nosotros, nos permite experimentarlo a partir de la autoconciencia, del sentimiento de lo numinoso, de la profundidad de lo sagrado, a través de la liturgia, de los actos de compasión y de bondad de los seres humanos, y también a través de las grandes tradiciones espirituales de la Humanidad, que socializan, revelan y desvelan a Dios, específicamente en mi caso a través del Evangelio y la Biblia, a través del amor y la compasividad, del silencio, de la introspección, de la devoción.

—¿Cabe Dios en nuestra sociedad secularizada?

La post-modernidad según Vattimo, una vez que ha quedado atrás el realismo ingenuo de la Modernidad, nos permite acercarnos a un realismo simbólico, narrativo, como diría Andrés Ortiz-Osés un realismo que

nos muestra una realidad apalabrada, relacional, fratriarcal en la que paradójicamente es más fácil la vivencia de lo divino, lo sagrado, lo religioso siempre que esa vivencia no pretenda retrotraernos a una religiosidad mágica, pre-moderna y paternalista/maternalista.

En lo social Dios se confunde con sus representantes, es decir con las religiones organizadas e institucionalizadas que se encuentran en manifiesta crisis. La sociedad moderna y post-moderna en Occidente no reserva un gran papel a Dios y a las religiones –salvo en los países islámicos que viven en otro tiempo histórico-, en la secularización las religiones son sociedad civil y gestionan “verdades privadas”, sin embargo Dios tiene siempre un sitio en la conciencia del ser humano y forma parte de su libertad y dignidad esencial. En ese sentido el valor social de Dios se identifica con el valor de la conciencia individual, y por otro lado con lo cultural –lo cultual es a la postre cultural- tradicional, consuetudinario, con cierta validez parcial y societaria, pero excluido del ámbito de la representación política y del lenguaje parlamentario. Existe sin embargo la excepción norteamericana en cuya vida pública hay una especie de “religión política”, ecuménica, no dogmática e institucional, que permite y en cierto modo obliga a los presidentes norteamericanos a mantener un lenguaje religioso en determinados momentos simbólicos o especialmente dramáticos –Dios bendiga a América, Dios os bendiga.

La Religión revela y al mismo tiempo oscurece la experiencia de Dios. La Religión organizada, la Iglesia o Asamblea es imprescindible para acceder a la experiencia de Dios, pero nunca debe confundirse con Dios mismo como tantas veces sucede. Las Iglesias son a la postre estructuras humanas animadas por el Espíritu pero construidas por hombres y mujeres y por lo tanto sometidas a todas las cegueras, miserias y torpezas de los hombres. Deus semper maior.

—¿Cuál es la importancia de la liturgia en la vivencia de Dios?

El rito puede jugar un gran papel como fórmula de hacer visible lo invisible—como sacramento—como sinergia de las conciencias, como factor devocional, poético y estético de la experiencia de Dios, como estímulo de la fe, la esperanza y la caridad, pero lo relevante del rito es su capacidad unitiva y de encuentro, no debe convertirse por lo tanto en algo “mágico” y debemos ser conscientes de que el Rito está amenazado demasiadas veces por la autosuficiencia, la vanidad y la superstición.

—¿Qué me promete y a qué me compromete Dios?

A mi juicio Dios es la respuesta definitiva a la pregunta existencial del hombre “¿Quién soy yo y qué será de mi?” (Julián Marias) La posición del ser humano en relación con Dios es de filiación y también de asombro.

Aceptar a Dios, me compromete a buscar la plenitud de mi propia humanidad y eso significa trabajar para que se haga plena también la humanidad de los otros, nuestra humanidad común.

Dios es por lo tanto el fondo de mi ser, mi esperanza de trascendencia, la confianza de que como decía Lutero, —“trotz”, a pesar de todo— el amor es ontológicamente ganador y que la Muerte será derrotada, como canta el poeta metafísico John Donne:

Y la muerte ya no habrá más. Muerte, tú morirás.■

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