La Didaché o la doctrina de los doce apóstoles (III), por Miquel - Àngel Tarín i Arisó







El texto de la Didaché ( primera entrega)


Tras haber descrito anteriormente[1] el contexto, las características fundamentales y el aporte teológico pasado y presente del primer catecismo cristiano que la historia nos ha legado (“La Didaché”), presentaremos a continuación y en varias entregas la totalidad de su texto en lengua castellana.


La traducción y las notas son nuestras. Hemos conservado, no obstante, la división que del “textus receptus” de la “Didaché” realizara el insigne claretiano Daniel Ruíz Bueno, quien a su vez la tomara de la edición alemana de Frank Xaver von Funk completada posteriormente por su destacado discípulo Karl Bihlmeyer. Es sin duda todavía hoy la más acertada, normalizada y lógica, de manera que su seguimiento nos ha parecido en consecuencia altamente justificado.


LA DIDACHÉ O LA DOCTRINA DE LOS DOCE APOSTOLES

LA DOCTRINA DEL SEÑOR A LAS NACIONES POR MEDIO DE LOS DOCE APÓSTOLES ([2])


( I ) LOS DOS CAMINOS

1. Existen dos caminos, uno de la vida y otro de la muerte ([3]). Grande es la diferencia que existe entre ellos.


EL CAMINO DE LA VIDA

2. En cuanto al camino de la vida, primeramente, amarás a Dios, tu creador. Después amarás a tu prójimo como a tí mismo ([4]). No hagas nada a los demás que no quieras que los demás hagan contigo ([5]).


LA PERFECIÓN EVANGÉLICA


3. Estas palabras conducen hacia la siguiente enseñanza:

Bendecid a los que os maldicen y orad por vuestros enemigos ([6]). Ayunad por los que os maltratan. Pues ¿qué gracia hallaríais si amáis a los que os aman? ¿No hacen acaso también lo mismo los paganos? Amad más bien a los que os aborrecen y así no tendréis enemigos [7].

4. Apártate de los deseos carnales ([8]). Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla y así serás perfecto. Si alguien te obligara a ir con él una milla, acompáñale durante dos. Si alguien te quita el manto, dale también tu túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames; pues tampoco puedes ([9]).


LA LIMOSNA

5. A todo el que te pida, dale y no se lo reclames ([10]); pues el Padre quiere que todos participen de sus dones. Bienaventurado el que da conforme al mandamiento, pues es inocente. Pero ¡ay del que recibe! Pues si recibe por necesidad, será inocente. Pero si lo hace sin padecer necesidad, tendrá que dar cuenta de lo recibido y del por qué. Será encarcelado, se examinará su conducta y no saldrá de allí hasta haber pagado la última moneda ([11]).

6. Acerca de esto se dijo: “Que tu limosna sude en tus manos, hasta que sepas a quien das ([12])”


(II) EL SEGUNDO MANDAMIENTO


1. Segundo mandamiento de la Doctrina:

2. No matarás, no cometerás adulterio, no corromperás a los jóvenes ([13]), no fornicarás ([14]), no robarás, no practicarás la magia ni la hechicería, no abortarás, no segarás la vida del recién nacido ([15]), no codiciarás los bienes ajenos.

3. No jurarás en falso, no levantarás falso testimonio, no calumniarás, no serás rencoroso.

4. No serás hipócrita ni de mente ni de lengua, pues la doblez es una trampa mortal.

5. Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino siempre útil y verdadera.

6. No serás avaricioso ni ladrón, ni fingido, ni malicioso, ni soberbio. No concebirás malos designios contra tu prójimo.

7. No odiarás a nadie, sino que a algunos habrás de reprender, a otros compadecer, por otros rezar y a otros amar más que a tu propia vida.


(III) APÁRTATE DEL MAL


1. Hijo mío ([16]), huye de todo mal y de todo cuanto se le asemeje.

2. No permitas que la ira te guíe, porque la ira conduce al crimen. No seas envidioso, ni querellante, ni brutal, pues todas estas pasiones son causa de muertes.

3. Hijo mío, no seas lujurioso ([17]), pues la lujuria ([18]) conduce a la fornicación. No seas obsceno en tus palabras, ni de mirada altanera, pues todo ello genera adulterios.

4. Hijo mío, no practiques la adivinación, pues ella conduce hacia la idolatría. Guárdate de los encanterios, de la astrología y de las purificaciones ([19]). Rechaza contemplar y escuchar todas estas cosas, pues conducen igualmente a la idolatría.

5. Hijo mío, no seas mentiroso, pues la mentira conduce al robo. No te dejes seducir por el dinero ([20]) ni por la vanidad, pues todas estas cosas engendran robos.

6. Hijo mío, no seas maledicente, pues la maledicencia conduce a la blasfemia. No seas arrogante ni de mente perversa, pues tales cosas engendran blasfemias

HAZ EL BIEN

7. Sé, en cambio, manso, pues los mansos heredarán la tierra ([21]).

8. Sé paciente, misericordioso, sin malicia, lleno de paz y de bondad, temeroso en todo tiempo de las palabras que oíste.

9. No te ensalces a ti mismo ni te abandones al orgullo. No te juntes con los soberbios sino camina mejor con los justos y con los humildes.

10. Recibe todo lo que te suceda en la vida como un bien, sabiendo que nada acontece al margen de Dios.




Per semper vivit in Christo Iesu

Miquel - Àngel Tarín i Arisó





[1] Véase: “Escritorio Anglicano”: “La Didaché (I)”, julio de 2021 y “La Didaché (II)”, agosto de 2021. [2] Como se aprecia formalmente la “Didaché” posee dos títulos similares, aunque no coincidentes. Ambos encuentran su inspiración en el tenor de Hechos 2, 42. De ellos, el más preferible y fiable es el título más largo. En efecto, pues el corto debiera más bien considerarse una abreviatura que se encuentra en los más importantes manuscritos intercalada al título largo siendo además de origen claramente tardío. [3] Jr 21,8. Jesús alude al tema judeo rabínico de las dos vías inserto en Mt 7,13-14. Como hemos señalado en nuestro estudio previo, la catequesis judía de los “dos caminos” también se recoge en la “Epístola de Bernabé” 17 - 18. [4] Mt 22, 37 [5] Se trata aquí del conocido precepto bíblico de la “regla de oro”: Mt 22, 37 - 39; Mr 12, 30 - 31; Mt 7, 12; Lc 6. 31. El precepto aludido no pertenece únicamente al cristianismo, sino que es acerbo común de todos los monoteísmos e incluso de todas las grandes religiones. [6] Mt 5, 44 [7] Mt 5, 44 - 47: Lc 6, 27 - 33 [8] 1 Pe 2, 11; Tit 2, 12. [9] Mt 5, 39, 48; Mt 5, 41, 40; Lc 6, 29 [10] Mt 5, 39 - 42; Lc 6, 30 [11] Mt 5, 26 [12] Ect 12, 1; “El Pastor de Hermas”, Mandamientos 2, 4 - 5. [13] Otra traducción de sentido plausible: “no te entregarás a la homosexualidad[14] O bien: “no te prostituirás[15] Es bien sabido que desde los arcanos de los tiempos el aborto era cosa común practicada en todo tipo de sociedades. Todavía más común - desgraciadamente - era el infanticidio tanto en su faceta cúltica ritual, así como en otros contextos tales como el practicado contra las personas que padecían deformidades físicas, psíquicas o el empobrecimiento económico de la familia. Estas prácticas no estaban del todo erradicadas en la época en la cual el didaquista escribe su texto. [16] Expresión muy común en el género literario sapiencial, fuente de la cual nuestro texto bebe indudable y profusamente en algunas de sus secciones. [17] También: “sensual[18]Sensualidad[19] Las purificaciones aquí consignadas tienen que ver con los cultos paganos, al final practicados en santuarios, pero en un principio normalmente llevados a cabo en los denominados lugares geodésicos, tales como fuentes, ríos, cuevas estratégicamente ubicadas, lugares ventosos como las cimas de las montañas desde donde la vista dominaba los valles ... que representan de hecho la manifestación y fuerza de los poderes naturales que condicionaban y poseían a los seres humanos. Estos cultos estaban normalmente conectados con los ciclos naturales que aportaban a la tierra y por ende a las personas - especialmente a las mujeres - la fertilidad necesaria para el mantenimiento del pueblo y para la reproducción de la especie. De origen remoto, fueron adoptados por los romanos e incorporados a su panteón costumbres, dioses y diosecillos de los pueblos conquistados. En casi todos estos cultos existía una componente sexual de carácter orgiástico tras la cual las mujeres recibían en sus cuerpos sangre o agua, símbolos purificadores y dadores de vida y de fertilidad. Es precisamente a este tipo de purificaciones que se refiere el didaquista. [20] Literalmente: “oro”, pues era entonces el bien más preciado y la moneda más valiosa, mientras que hoy es generalmente el dinero común. [21] Sal 37, 11; Mt 5, 5

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