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Anna Karenina y Tolstoi, por Javier Otaola






León Tolstói (1828-1910), fue un gigante, y no sólo como escritor, fue además una especie de profeta y un espíritu transgresor y creativo en todos los órdenes de la existencia. Para empezar, es el autor de dos grandes obras de la Literatura Universal como Anna Karenina o Guerra y Paz; pero no fue sólo eso, además fue una personalidad religiosa, enamorado de la figura de Cristo donde halló la clave del misterio humano y su propio camino de trascendencia. Sin embargo, chocó con la Iglesia Ortodoxa de Rusia demasiado sometida al Estado Ruso de la época. Tolstoi escribió varias obras de contenido específicamente religioso como “El reino de Dios está en vosotros”, “¿En qué consiste mi fe?”, “Crítica a la teología dogmática”, o “El evangelio abreviado”. Para Tolstoi el mensaje nuclear del cristianismo se resume en el sermón de la montaña, todo lo demás, incluídos los eventuales milagros que acompañan a la predicación de Jesús son añadiduras posteriores para hacer más cercana la figura de Jesús al pueblo más inculto, siempre expectante de "maravillas"; sin embargo, para Tolstói, todos esos milagros extraordinarios eran prácticamente hojarasca.Todo el mensaje de Cristo es para Tolstoi un mensaje de amor, lo demás son adornos. Así en “El reino de Dios está en vosotros”: “A diferencia de la fraternidad positivista, comunista y socialista, para la concepción cristiana del mundo, el amor no es una necesidad, ni se concentra en nada, sino que es un rasgo esencial del alma humana. El hombre ama no porque le sea ventajoso amar a este o a aquellos, sino porque el amor es la esencia de su alma, porque no puede no amar”.





Pero las cuestiones metafísicas y los problemas del sentido de la vida que interesaron a Tolstoi no se manifiestan sólo en su biografía o en sus libros religiosos, sino que pervade su obra literaria, tuvo una importancia central en la existencia íntima y también pública del gran autor ruso y es el fundamento mismo de la gran novela Anna Karenina. Acabo de terminar de leerla y me han llamado la atención las tremendas expresiones de depresión y nihilismo de un de los personajes de la novela que se identifica fácilmente con el propio León Tolstoi, su alter ego Konstantin Dimietrivich Levin, que revelan una profunda crisis existencial del autor y una profunda inspiración cristiana en su pensamiento, como todo en él, personal y libérrima.


Así describe Tolstoi a su alter ego: Un hombre corpulento, de anchos hombros y barba rizada. Rostro inteligente y valiente. A los 32 años, es una persona muy enérgica. Educado, trabajador, honesto. No creyente, pero respetando las creencias de los demás. No sólo la descripción física se le asemeja, también el alma de Levin es tolstoiana. Las reflexiones del personaje son en realidad las preguntas radicales de Tolstoi ¿qué es la vida y la muerte, el bien y el mal, si Dios es uno, por qué no hay una religión, ¿qué es “yo” y mi lugar en este mundo? ¿qué soy yo?


Levin representa al mismo Tolstoi, no olvidemos que su nombre de pila en ruso es Lev, y el perfil del personaje se asemeja al de su autor. Aparece en la novela antes incluso que el personaje principal. Tiene treinta y dos años, está lleno de fuerza y ​​energía, es muy tímido y vive como enojado consigo mismo por ello; sus puntos de vista cambian porque se trata en efecto de un buscador, siempre en movimiento. Se interesa, como Tolstoi, por la vida en el campo, trabajando la tierra, pero se desengaña pronto de las corrupciones e inercias de la organización de la vida campesina, cuando ya se había desengañado de la vida en la ciudad. Levin, como Tolstoi, no encuentra justicia en ninguna parte. Las simpatías de Levin, como las de Lev Tolstoi, están del lado de los campesinos. A Levin le atormentan los mismos pensamientos que a Tolstoi. “No se puede vivir sin saber qué soy y por qué estoy aquí. Y no puedo saber esto, por lo tanto, no puedo vivir”


En una atmósfera de amor tan puro y espiritualizado, Levin finalmente comprende cual es el sentido de su vida. La novela termina con estas palabras: "toda mi vida, ... cada minuto de ella, no solo no carece de sentido ... sino que tiene un innegable sentido del bien, que tengo el poder de poner en ella ". Levin es una naturaleza íntegra, activa y exuberante. Acepta solo el presente. Su objetivo en la vida es vivir y crear, y no solo estar presente como un mero espectador. El héroe ama apasionadamente la vida, lo que significa para él crear vida apasionadamente.


La búsqueda moral y el sufrimiento del personaje Levin Konstantin en la última parte de la novela evocan los mismos pensamientos de Tolstoi en lo que el autor hablará pronto en su libro la Confesión (1879-1889).


Tolstoi en Anna Karenina muestra los dos sentimientos más importantes inherentes al hombre. Amor y odio. El amor de Anna Karenina está condenado desde el principio. Primero, engaña a su esposo y traiciona a toda su familia. En segundo lugar. Anna está en realidad más enamorada del Amor como idea y como ensoñación narcísica que de Vronsky, la persona de su amado; Anna Karenina como Madame Bovary sufre el síndrome del Amor enamorado de sí mismo, el anhelo de una orgía perpetua llena de emociones y de pasión, del que habla Mario Vargas Llosa.[1] Anna como Emma, no sienten amor por su pequeña hija, lo que quieren es, sobre todas las cosas, experimentar emociones agudas, romance, pasiones, despreocupación.


A lo largo de la novela de Tolstoi, Anna ni una sola vez da el concepto que tiene del amor y no explica el sentido profundo de ese sentimiento. Lo que la atormenta es que, a su juicio, no se le está prestando la atención con la que tanto soñaba en su relación con su amante. Precisamente porque no es amor real, sino una forma sutil de amor propio, pronto se convierte en odio, contra sí misma y contra su amante a quien quiere castigar con su propia muerte. El amor de Levin por Kitty es de otra naturaleza. La víspera de su declaración Levin No come casi nada, no puede dormir: “Toda la noche y toda la mañana, Levin vivió de manera completamente inconsciente y se sintió completamente alejado de las condiciones de la vida material. Se sentía completamente independiente del cuerpo: se movía sin el esfuerzo de los músculos y sentía que podía hacer cualquier cosa. Estaba seguro de que volaría o movería la esquina de la casa si fuera necesario. Y lo que vio entonces, nunca lo vio después. En particular, los niños que iban a la escuela, las palomas grises que volaban desde el techo a la acera, y las tortas, espolvoreadas con harina, que fueron apagadas por una mano invisible, lo tocaron. Estos escarabajos polares, palomas y dos niños eran criaturas sobrenaturales. Todo esto junto fue tan extraordinariamente bueno que Levin se rió y lloró de alegría ".


Levin quería que su amor se convirtiera en una familia de amor mutuo; sin amor, no le veía sentido; porque el amor de Levin era genuino, altruista, tenía futuro: “Levin ha estado casado por tercer mes. Estaba feliz, pero no como se esperaba. A cada paso, encontraba desilusión en sueños anteriores y un nuevo encanto inesperado. Levin estaba feliz, pero cuando entró en la vida familiar, vio a cada paso que esto no era en absoluto lo que había imaginado. A cada paso, experimentaba lo que un hombre experimentaría, admirando el movimiento suave y feliz de un bote en el lago, después de que él mismo se subiera a este bote. Vio que no solo necesitaba sentarse derecho sin balancearse, también tenía que pensar, sin olvidar por un momento dónde nadar, que había agua debajo de sus pies y era necesario remar, y que era doloroso por inusuales manos, que solo era fácil mirarlo, y que aunque es muy alegre hacer esto, es muy difícil ".


Levin como Tolstoi se atormenta también por la búsqueda del sentido “Por primera vez, Levin miró los temas de la vida y la muerte a través de esas nuevas, como él las llamó, creencias que, inadvertidas para él, en el período de veinte a treinta y cuatro años, reemplazaron sus creencias de infancia y juventud, - No le horrorizaba tanto la muerte cuanto una vida sin el menor conocimiento de dónde, para qué, por qué y qué es. El organismo, su destrucción, la indestructibilidad de la materia, la ley de conservación de la fuerza, el desarrollo: estas fueron las palabras que reemplazaron su antigua fe. Estas palabras y conceptos relacionados fueron muy buenos para propósitos mentales; pero no le dieron nada para entender la vida, y Levin de repente se sintió en la posición de un hombre que cambiaría un abrigo de piel caliente por ropa de muselina y que por primera vez en el frío, sin duda, no con el razonamiento, sino con todo su ser, se habría convencido a sí mismo de que no le importaba lo desnudo que se sentía y de que inevitablemente moriría dolorosamente ".Levin, no puedo olvidar que, durante el parto de su esposa, le sucedió un hecho insólito. Él, un incrédulo, comenzó a orar, y en el momento en que oró, creyó. Pero este minuto pasó, y él no podía darle ningún lugar en su vida a ese estado de ánimo que apenas duró unos minutos. La fe se le presenta más como un estado de ánimo, como un acto de confianza profunda; como dice Lutero la fe se le presenta como "fiducia" más que como aceptación intelectual de unos postulados detallados y concretos.


Un día soleado, en el pueblo, Levin entabla una conversación con el campesino Fyodor, y el campesino le dice palabras luminosas: «Algunos hombres viven solo para sus propias necesidades, solo llenan su estómago pero Fokánich es un anciano justo. Vive para el alma. Se acuerda de Dios.»

Konstantin Dmitrievich Levin es uno de los personajes centrales, tanto como Anna Karenina que da nombre a la novela, y así dice Tolstoi: .«Una alegría hasta entonces desconocida se apoderó de él [Levin]. Al oirle decir a Fiódor que Fokánich vivía para el alma, respetando la verdad y siguiendo la Ley de Dios, unos pensamientos, confusos, pero de enorme importancia, surgieron en tropel en algún rincón de su ser y, tendiendo todos a un mismo fin, se pusieron a revolotear en su cabeza, cegándole con su luz»




En la novela de Tolstoi la importancia primordial no pertenece a la finalización de la trama de las disposiciones, sino al "concepto creativo" que obedece a la lógica de la vida; uno de sus objetivos artísticos internos es superar las convenciones literarias. La trama de "Anna Karenina" es "la historia del alma humana", tal y como la entiende Tolstoi, que entra en un duelo fatal con los prejuicios y leyes de su época; algunos no resisten esta lucha, porque no comprenden la verdad de las personas que les rodean y mueren (Anna), otros "bajo la amenaza de la desesperación" llegan a la conciencia de la "verdad de la gente" y las formas de renovar la sociedad, y viven (Levin).


En la últimas líneas de la gran novela Anna Karenina, el personaje de Levin —el trasunto del propio Tolstoi— se confiesa: «Yo no sé si a esto se le puede llamar fe o no, pero ese sentimiento ha penetrado de manera imperceptible en mi alma con los sufrimientos y ha arraigado con firmeza.../...Pero ahora mi vida, toda mi vida, desde el primero al último de sus minutos, independientemente de lo que pueda sucederme, no sólo no carecerá de sentido, como antes, sino que tendrá todo el sentido indiscutible del bien, al que seré capaz de conformar todos mis actos» ▪️



 



· [1] Mario Vargas Llosa.La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary (1975)

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