Charla del Arzobispo en el congreso de sindicatos unificados 12-09-2018


Hace dos mil quinientos años, el profeta Amós, hablándole a los miembros de su sociedad dividida entre ricos y pobres, que se había olvidado de esos valores tan importantes garante de la estabilidad en ese mundo hostil, dijo "Que la justicia ruede como las aguas y la justicia como un rio siempre fluyendo ". Quinientos años después, cerca de Nazaret, una joven mujer embarazada llamada María fue a ver a su prima Isabel. María, saludada por Isabel como la madre del Salvador Jesús, respondió con lo que conocemos hoy día como el Magníficat, diciendo acerca de Dios: "Ha demostrado fortaleza con su brazo; Él ha esparcido a los orgullosos en los pensamientos de sus corazones. Él ha derribado a los poderosos de sus tronos, Y levantó a los humildes; Él ha llenado al hambriento de cosas buenas, Y el rico lo ha enviado vacío". Por cierto, será mejor que advierta de antemano que voy a hablar un poco de Dios en esta charla. Cosas de mi trabajo.

[Risas] La canción de María contiene toda una revolución en esos versos inmortales. Está describiendo a Dios, no describiendo la aspiración humana. Dice que la justicia es quién es Dios. Dios establece el patrón de lo que deberíamos ser, y lo que nuestra sociedad debería ser. Eso es político, pero no es partidismo político. La Biblia es política pero va de un extremo al otro. Entramos en un territorio peligroso cuando políticos de la izquierda o de la derecha afirman que Dios está únicamente de su lado. Jesús era muy político, les dijo a los ricos que se verían enfrentados a la aflicción. Criticó al Rey de la época como de manera directa. Pronunció palabras duras a los líderes de las naciones cuando no se preocupaban por los necesitados. La canción de María, el Magníficat, central en el Nuevo Testamento, es tan revolucionaria que cualquiera que la tome en serio la considera una amenaza para el poder y el derecho. Al igual que todas las instituciones humanas, la iglesia ha sido muy variable en mantener su visión de origen. En Jerusalén, la comunidad cristiana más antigua eligió compartir lo que tenían con aquellos que tenían las mayores necesidades. Mantuvieron la generosidad y promovieron la idea de que todos somos iguales ante Dios, evitando asi que ni el género, ni la condición social, ni la identidad, ni la etnia pudiesen conceder privilegio alguno. La justicia es la naturaleza de Dios, pero es nuestra responsabilidad formentarla y defenderla. Hablar con el TUC (Congreso de sindicatos unificados) en su año 150 es recibir el enorme don de estar en presencia de una institucion que ha sido instrumental durante ese siglo y medio para reducir la desigualdad, desafiar la injusticia y defender a los pobres, los marginados y el oprimido. El propio TUC (congreso de sindicatos unificados) comenzó a luchar contra los prejuicios, las desventajas legales y la persecución en sus comienzos. Tomó uno de los mártires de Tolpuddle, traicionado por su vicario local. Pasaron muchos años antes de que comenzara a conseguir resultados, probablemente hasta los años de cambio social que comenzaron después de 1910 y se vieron interrumpidos abruptamente por el estallido de la Gran Guerra. En 1879, mi predecesor, el arzobispo Tait, se reunió con el TUC, a instancias de una serie de líderes cristianos, para comenzar el proceso de cambiar la escandalosa hostilidad de la Iglesia de Inglaterra hacia los sindicatos. En los años que siguieron, uno de los clérigos que convocó la reunión, el Obispo Lightfoot de Durham, junto con el Obispo Wescott de Durham en otro momento, participaron en la mediación entre los propietarios de minas y los mineros para tratar de lograr los niveles mínimos de la humanidad que estaba tan claramente ausente en los pozos privatizados antes de la década de 1940. Todo esto no es mera historia, ni tampoco pertenece al pasado. Contrariamente al proverbio, el pasado no es un país diferente, y todavía hacemos hoy muchas de las cosas que se hicieron en el pasado en diferentes formas, cosas que disminuyen la dignidad humana y tratan al trabajo como un mero recurso, como el capital. En 2007 me pidieron ir a Liverpool como decano de la catedral anglicana local. Fue uno de los períodos más felices de mi vida, no solo para mí, sino también para toda la familia. En 2010 tuvimos el privilegio de dar la bienvenida a un par de miles de sindicalistas locales al final de su marcha de protesta contra la austeridad, donde fueron abordados en la catedral por Tony Benn. En Liverpool, la amargura de los trabajadores de los muelles se mantuvo desde antes de la reforma del sistema, cuando el trabajo diario era incierto y por lo tanto también la capacidad de alimentar a la familia. John McDonnell lo sabía por su padre, y experimentó la llamada economía ‘gig’ favorecedora de contratos laborales cortos y los contratos de cero horas en esos días. Hoy hay algunos que ven esa clase de opresión de los empleados como una virtud. La economía 'gig' y contratos de cero horas, no son nada nuevo sino simplemente la reencarnación de un mal antiguo.

Y Dios dice: "que la justicia fluya como las aguas, y la justicia como un rio que fluye constantemente". Grandes avances históricos se lograron durante este último siglo y medio gracias a la determinación y la visión de los trabajadores y trabajadoras en los sindicatos. No todo fue perfecto, no todas las decisiones de cada unión fueron sin culpa. No me hago ilusiones sobre la falibilidad de las instituciones, ya sean iglesias, empresas, gobiernos o sindicatos. Es muy fácil encontrar el privilegio y el poder, la influencia y la importancia de una tentación abrumadora que a menudo socava nuestro origen.

Grandes avances históricos se lograron durante este último siglo y medio gracias a la determinación y la visión de los trabajadores y trabajadoras en los sindicatos. No todo fue perfecto, no todas las decisiones de cada unión fueron sin culpa. No me hago ilusiones sobre la falibilidad de las instituciones, ya sean iglesias, empresas, gobiernos o sindicatos. Es muy fácil encontrar el privilegio y el poder, la influencia y la importancia de una tentación abrumadora que a menudo socava nuestra visión y motivación originales. Esto lo sabemos en la Iglesia. Y no nos engañemos al pensar que la economía informal es la única reencarnación de la opresión de los vulnerables en el mercado laboral. Las pensiones son solo un ejemplo del motivo de lucro que conduce a que el ser más débil reciba el mayor riesgo y el más fuerte a la mayor protección. En estas áreas, y en los derechos laborales, y en muchos otros, vemos que donde la desigualdad y la profunda injusticia parecen atrincheradas, insuperables, conduce a la inestabilidad en nuestra sociedad: divisiones entre los pueblos y vulnerabilidad al populismo que despierta el odio entre diferentes etnias y grupos religiosos, el surgimiento de demonios antiguos de racismo, antisemitismo, islamofobia y xenofobia. Y el aumento del extremismo. "Que la justicia fluya como las aguas, y la justicia como un rio que fluye constantemente". Me reúno con frecuencia con otros líderes religiosos, no solo los de mi propia tradición, sino también de las otras tradiciones de fe que forman parte del tejido esencial de este país. Sería un error para mí comparecer ante ustedes hoy y no hablar de la ansiedad que he escuchado de mis amigos judíos y musulmanes, sobre el lenguaje utilizado para referirse a ellos en discusiones y debates políticos. Es la ansiedad que comparto. Tanto en la izquierda como en la derecha, con demasiada frecuencia hemos visto en los últimos tiempos un lenguaje que ha sido insensible a las vulnerabilidades reales de aquellos de los que se habla demasiado a menudo, pero con mucha menos frecuencia se habla. Sé que todas las personas de buena voluntad en esta sala comparten ese sentido de preocupación y harán todo lo posible para construir esa sociedad y esa política de respeto mutuo, comprensión y amistad. Todos sabemos que cuando un grupo vulnerable es atacado en las redes sociales, y por lo tanto marginado entonces todos nosotros sufrimos. Tales cosas no son dignas de nuestro país, de su gran herencia cristiana, de sus posibilidades y visión de una sociedad generosa, justa y recta. Muchos de nosotros conocemos el gran poema del Pastor Niemoller, escrito después de 1945: "Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada ... Porque yo no era socialista Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada. Porque yo no era un sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada. Porque yo no era judío Luego vinieron a por mí, y no quedó nadie para hablar por mí ". La opresión de las minorías, la división, la inestabilidad y la injusticia económica marchan juntas. Hace algunas semanas, se informó que los hogares están ahora más endeudados de lo que estaban en el 2008. Eso es el resultado del bajo salario y de una economía que asigna recompensas a través del poder no por mano de obra. El resultado es que las organizaciones benéficas de apoyo a la deuda, incluida una basada en Bradford, de la que soy un miembro, Christians Against Poverty, encuentran que cada vez más personas se apiñan en sus puertas, atrapadas en la esclavitud por deudas. Más que eso, cuando estas organizaciones benéficas los ayudan a fortalecer a sus familias, a trabajar con ellos para negociar con sus prestamistas, se ha comprendido que los acreedores contribuirían para que la organización caritativa pueda ayudar a las personas a retomar su camino. Un tercio de los prestamistas y los cobradores de deudas simplemente no contribuyen. Esa no es una decisión económica del mercado, es una falla de la decencia humana común, de los valores. Dice no al bien común, a la solidaridad. Y Dios responde, 'pero que la justicia ruede como aguas, y la justicia como un rio que fluye constantemente'. Nos toca a nosotros traer justicia, para los sindicatos, la iglesia, el gobierno, todos en la sociedad. La alternativa a nuestra acción es el fatalismo destructivo. Un libro fue publicado el año pasado llamado "The Great Leveler". La tesis pesimista del autor es que la desigualdad solo se ha abordado mediante la guerra, el hambre, las enfermedades, la revolución y los desastres naturales. Él da un ejemplo de sociedades privilegiadas; entre muchos miró hacia atrás a la elite azteca que, como él dice, y cito: "llevaba adornos de plumas y jade, vivía en casas de dos pisos, comía la carne de los sacrificios humanos, bebía chocolate ... y no pagaba impuestos". Bueno, si me disculpan una observación sarcástica, gracias a Dios, no somos así. Por cierto, antes de que me acusen de que no me gusta el chocolate, esa es la parte de esa cita en la que tengo toda la simpatía por la élite azteca. No pagar impuestos habla de la ausencia de compromiso con nuestra humanidad compartida, con la solidaridad y la justicia. Si gana dinero de una comunidad, debe pagar su parte de impuestos a esa comunidad. Yo estaba en el mundo de los negocios y sé que, dentro de ciertos límites, es correcto y adecuado que las personas organicen sus asuntos impositivos, y que las empresas lo hagan. Pero cuando las grandes compañías como Amazon y otros comerciantes similares, las nuevas industrias, pueden salirse con la suya pagando casi nada en impuestos, algo funciona muy mal con el sistema impositivo. No pagan un salario digno real, por lo que el contribuyente debe apoyar a sus trabajadores con los beneficios. Y habiendo liquidado al contribuyente una vez que no paga por nuestra defensa, por seguridad, por estabilidad, por justicia, por salud, por igualdad, por educación. Luego se quejan de una mano de obra poco capacitada, de la educación que no han pagado. Esos son solo una fracción de los costes y problemas de una gestión fiscal agresiva. María habló del Dios que nos dio a Jesús como el que

"ha mostrado fortaleza con su brazo; Él ha esparcido a los orgullosos en los pensamientos de sus corazones. Él ha derribado a los poderosos de sus tronos, Y levantó a los humildes; Él ha llenado al hambriento de cosas buenas, Y envió a los ricos vacíos ". Pero este libro, The Great Leveler, está equivocado. No necesitamos esperar un apocalipsis en un fatalismo desesperado. Un futuro justo e igualitario está al alcance de nuestras manos. El TUC despues de más de 150 años, junto con muchas otras partes de la sociedad civil, se erige como uno de esos grupos que ofrecen esperanza a nuestro futuro, a los vulnerables y a los débiles. Pero para que los buenos valores estén en ascenso, el TUC debe tener tanto un enfoque claro como una flexibilidad genuina. Esta es una lección que nosotros, en la iglesia, también estamos tratando de aprender. Hay una necesidad de enfocar nuestros objetivos en la visión de la fundación; saber qué es lo que pretendes lograr y nunca perderlo de vista. El TUC tiene profundas raíces socialistas. También tiene profundas raíces cristianas. El socialismo cristiano se remonta a 1848. Despertado con entusiasmo después de una manifestación cartista, FD Maurice, Charles Kingsley y John Ludlow formaron el primer grupo socialista cristiano. La fe cristiana enseña que todos los hombres y mujeres son creados por igual, y que fueron creados a la imagen de Dios. Esta creencia fue compartida por un número creciente de activistas a través de los años. Al mismo tiempo, la influencia de las iglesias no conformistas se vio en la organización de los sindicatos y las cooperativas y, en última instancia, en la fundación del Partido Laborista. En el corazón del TUC estaba la visión de que por cada trabajador oprimido debería haber una organización que puede decir la verdad al poder con convicción y fortaleza, no solo en el sector público, sino en cada área de trabajo donde los débiles se enfrentan a los poderosos, y los hambrientos se enfrentan a los satisfechos. Debe haber sindicatos en la economía de los contratos temporales. Debe haber sindicatos en industrias automatizadas, sindicatos donde los trabajadores sean vulnerables. Debe haber una nueva sindicalización o solo habrán nuevas víctimas en el sistema. Los sindicatos deben tener una visión de una sociedad justa y justa. El poder y la influencia por si solos son improductivios pero cuando buscamos el bien común, todos se benefician. El mundo en el que vivimos en este momento, en el que las personas con niveles de ingresos más bajos, las ganancias reales son prácticamente las mismas que hace casi veinte años (un aumento del 1,7%) y un 7% menos que en el colapso ( como se informó en la BBC esta mañana), se combina con el aumento del 11% en la remuneración de los directores ejecutivos de FTSE 100 en los últimos doce meses. Necesitamos salarios de vida genuinos que permitan a las personas ahorrar más de diez libras al mes, si tienen suerte, y poner fin a los días en que reemplazar una nevera o una llanta de automóvil es una crisis doméstica. Los sindicatos son cruciales para lograr salarios dignos reales. Hace cinco años, le dije al director ejecutivo de Wonga (una empresa de préstamos muy criticada por sus elevados intereses) que quería que las cooperativas de crédito lo expulsaran del negocio. ¡Bueno, pues esa empresa ya no existe! Hoy sueño con que los gobiernos, ahora y en el futuro, cierren a los bancos de alimentos administrados por la iglesia. Sueño con refugios nocturnos vacíos. Sueño con organizaciones de caridad sin clientes. Cuando la justicia fluye como el agua de un rio, los bancos de alimentos se cierran, los refugios nocturnos están vacíos, las familias y los hogares saben que hay una vida mejor para ellos y sus hijos, el dinero deja de ser un tirano y la justicia se convierte en realidad . Pero esta no es una visión solo para el gobierno. Los gobiernos de cualquier partido fracasarán, actuarán tontamente, estarán lejos de hacer lo que es necesario. Solo la asociación entre los gobiernos, la sociedad civil, incluidos los sindicatos y las iglesias, las empresas y la comunidad, puede sanar las enfermedades de la sociedad ahora y en el futuro. Pero si nos enfocamos en nuestros objetivos, también debe haber flexibilidad. Su propio documento sobre el futuro del trabajo habla de los cambios monumentales que tenemos ante nosotros. Una vez más, no soy yo quien para dar una lección. La flexibilidad se trata de adaptarse a un mundo en el que a través de las redes sociales y de comunicación podemos tener información pero no afecto; nos arriesgamos a reconocer problemas, pero no a relacionarnos con las personas. Amplificamos la comunicación pero no la conversación. Abrazamos la automatización y arriesgamos perder en el proceso la dignidad humana.

Los sindicatos unirán a las personas, negociarán a través del cambio, mantendrán su enfoque sobre todo en la dignidad de la persona humana. Para hacer eso, deben estar presentes, tener miembros en las partes afectadas de nuestra economía, que serán casi todos. Para ganar mas miembros necesita imaginación, flexibilidad y buscar el bien del trabajador, no solo el poder de una unión. La Iglesia cayó en la trampa de buscar su propio poder durante muchos siglos.

Independientemente de Brexit, una necesidad principal de los próximos años es la consistencia y la capacidad de adaptación en nuestra sociedad. Resistencia frente al cambio, en un mundo donde el orden basado en reglas al que nos hemos acostumbrado y que nos brinda seguridad es cada vez más frágil. Las sociedades con esta capacidad de adaptación necesitan instituciones que posean los mismos atributos, y la misma regla debe aplicarse a los sindicatos. Esta virtud debe venir acompañada de la solidaridad, del bien común y el uso correcto del poder, incluidos todos aquí. Al hablar de poder y responsabilidad, la iglesia debe regresar a la enseñanza de Jesús, y dejar a un lado las excusas y pretextos. Desde el principio hasta el final de la Biblia, con los profetas, con Lucas que relata la canción de María en el Nuevo Testamento, sobre todo con el mismo Jesús está el llamado a la justicia, y justicia significa el manejo correcto del poder y la disposición a servir el bien comun. En la última noche de su vida, se arrodilló y lavó los pies de sus discípulos. El abuso de poder, ya sea del gobierno, el empresario, la iglesia o los sindicatos crea un status quo en el que solo los poderosos sobreviven, mientras que los vulnerables se destruyen y se pierde todo el valor humano. Es la cuna del caos, y de allí surge el desorden mas absoluto y la destrucción. Durante 150 años, el TUC ha servido de modelo para otros sindicatos de todo el mundo en su lucha por los derechos de los trabajadores y la defensa de su dignidad. En 150 años a partir de ahora, el mundo seguramente se verá completamente diferente. Pero si nos adaptamos -si todos nos adaptamos- si vosotros lo haceis y también lo hace la Iglesia, sirviendo al bien común, ayudando a establecer la justicia, actuando con rectitud, sin temor ni ansias de autoprotección y búsqueda de poder, pero valiente y generosa, entonces podemos esperar con alegría que en esta tierra fluya la justicia como las aguas de un rio.

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FUENTE: https://www.archbishopofcanterbury.org/speaking-and-writing/speeches/archbishop-canterburys-speech-tuc

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