La globalización de la indiferencia



Le habrá sido difícil perderse la Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth, tan edulcoradamente conocida como CHOGM, si vive cerca de Londre. Es fácil ser escéptico sobre su propósito o utilidad, pero después de haber tenido el honor de moderar una sesión marginal titulada Better Business for a Better World, dos cosas me impresionaron. Primero, cuando las personas comparten ideas como iguales, sin importar sus diferencias de origen, fe o educación, son más poderosas juntas que cualquiera de ellas por separado. Segundo, no importa qué diferentes sean estas personas, siempre encuentran que lo que los une es más importante que lo que los divide. Esto contrasta agudamente con lo que vemos hoy en día en la política nacional e internacional, donde los líderes juegan con la política de la división y la desconfianza. Cualquier información que no les convenga, etiquetan una 'pseudo verdad'. Los que miran y escuchan no saben en quién creer ni en quién confiar, ni siquiera aquellos que intentan con todas sus fuerzas ser usuarios informados de los medios. Esta confusión lleva a un fenómeno verdaderamente horrible, etiquetado por el Papa Francisco, según uno de los oradores de la conferencia, como la "globalización de la indiferencia". Frente a un suministro interminable de noticias inquietantes sobre la inminente aniquilación nuclear, zonas de conflicto aparentemente insolubles, personas desplazadas y la esclavitud moderna, por nombrar solo algunas, muchas personas cierran sus puertas, apagan su capacidad de prestar atención. Cuando muchos de estos problemas son contrarrestados por un suministro casi igualmente interminable de personas que denuncian la cobertura con la que no están de acuerdo como 'noticias falsas', no podemos sorprendernos por nuestra indignación e incredulidad convirtiéndose primero en confusión y finalmente en indiferencia. ¿Cuál es el antídoto contra esta globalización de la indiferencia? Tres ideas me vienen a la mente.


En primer lugar, como parte del trabajo del Saint's Paul Institute sobre la democracia y el bien común, estamos estudiando cómo las instituciones intermedias pueden ayudar a alentar las acciones locales y comunitarias que utilizan a la población local para resolver problemas de la comunidad. Al unir a las personas, el bien del individuo puede proporcionar un antídoto contra la indiferencia social al ayudar a restaurar la fe en el prójimo.

En segundo lugar, podemos utilizar tantas ocasiones como sea posible para encontrar puntos de comunión con aquellos que percibimos como diferentes de nosotros mismos. El Commonwealth Business Forum es solo un ejemplo. Las diferencias en nacionalidad, o fe, y las etapas de desarrollo económico eran triviales en comparación con los intereses comunes que estas personas tenían al querer dirigir negocios que prosperaron a largo plazo mientras nutrían a las personas que trabajaban para ellos y contribuían a las comunidades en las que lo hicieron negocio.


Tercero, las comunidades de fe tienen un papel vital que jugar. Enfrentados con la secularización de la sociedad occidental y, a veces, lidiando con sus dificultades internas, las comunidades de fe han evitado un papel que nadie puede desempeñar mejor que ellos. Necesitan unir continuamente a las personas en un propósito común, continuar trabajando por el bien común y continuar gritando sobre la injusticia. Sobre todo, necesitan recordarnos siempre nuestros vínculos comunes y el hilo común que predomina en casi todas las creencias, que es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.


Traducido benévolamente. Publicación sin valor comercial. Barbara Ridpath es la directora del St Paul's Institute.

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