Desenredar el cristianismo y el patriarcado


¿Es el cristianismo inseparable del patriarcado, o podemos de alguna manera desenredar los hilos?

Estoy comenzando a sospechar que la tarea de liberar nuestro imaginario colectivo de sus presupuestos patriarcales es una tarea urgente de la Iglesia de hoy. No es ningún secreto que el número de feligreses está disminuyendo, y sospecho que esto se debe a que la narrativa dominante y la metáfora del cristianismo tradicional —el patriarcado— que solía ser la narrativa dominante de la sociedad tradicional, está comenzando a cambiar. ¡Aleluya por eso!

Es emocionante ser parte de una nueva generación de académicos y fieles que están enfocando su fe, nuevamente, en la crucifixión y la resurrección de Jesús.

Jesús se negó a poner en práctica las expectativas culturales de la masculinidad y el poder de su época, y en su lugar se atrevió, literalmente, a romper la tumba en la que quiso ser sepultado para siempre por hombres poderosos.

Me asaltó una pregunta, mientras estaba sentada, pronunciando la oración matutina de la Iglesia de Inglaterra en una cafetería de mi parroquia, con una joven feligresa. Era la fiesta de Santa Brígida, la santa patrona de una de mis iglesias parroquiales, y nos llamó la atención el contraste entre su historia, como abadesa de un monasterio mixto, y las estructuras patriarcales que inundaban las lecturas diarias.

¿Cómo separamos las estructuras mentales de la época en las que los textos bíblicos fueron escritos, que muchas veces reflejan y dan por sentado el pensamiento patriarcal — aunque algunas veces lo desafíen y / o subviertan—, del 'núcleo' liberador o 'esencia' de las Escrituras, de las buenas noticias que nos traen. ¿Es posible hacerlo? Para mí, al menos, parece obvio que es deseable hacerlo, pero soy plenamente consciente de que en sí mismo es algo controvertible; como historiadora y teóloga, me pregunto hasta qué punto es posible separar el contexto social de las Escrituras de su contenido espiritual. ¿Cuanto nos es revelado a través de la historia, narrativa, poesía que hay en las Escrituras? ¿Es posible decir que hay una "verdad" que se puede encontrar dentro o más allá del contexto?

Hablé en una conferencia para mujeres predicadoras en el otoño pasado, donde traté de dar algunas estrategias para predicar algunos textos sin ahogarme en el Patriarcado. Se me ocurren las siguientes líneas.

—Hay que buscar a las pocas mujeres que se mencionan en esos textos. Tienden a estar allí, por una razón significativa, no accidentalmente; hay que observar lo que hacen esas mujeres, sus historias, en el contexto de la narrativa principal "masculina": a menudo reflejan, o le dan un contrapunto, a los otros personajes o emociones que se describen en los mismos pasajes o contiguos, y muchas veces de maneras realmente fascinantes.

—En particular, observa y toma en serio las pocas palabras que pronuncian las mujeres; dado que la naturaleza de las narraciones tiende a silenciar a las mujeres —al privilegiar la experiencia masculina— cuando las mujeres realmente hablan, sus palabras difícilmente son irrelevantes.

—Estudia las lenguas originales de los textos, cuando te sea posible; a veces, nuestras traducciones interpretan pasajes o interpretaciones erróneas, por ejemplo, utilizando pronombres masculinos porque los usa convencionalmente un idioma para un grupo mixto de hombres y mujeres.

Hay cosas que podemos hacer, como lectores feministas de las Escrituras, hagámoslo. Pero lo fundamental es que reconozcamos que tenemos un problema con toda la estructura patriarcal de la sociedad que es el contexto en el que se escribieron las Escrituras, contexto que proporciona sus metáforas y analogías dominantes, y que luego ha sido utilizado por el Patriarcado para justificarse. Lo expresó muy bien Mary Daly, "cuando Dios es varón, entonces el varón es Dios". O en un contexto diferente, se dice que Jacobo I declaró, "no hay obispo, no hay rey", reconociendo que la iglesia y las jerarquías sociales estaban íntimamente unidas como parte del mismo marco interpretativo y cosmovisión.

Esta es una cuestión mucho más profunda que simplemente buscar a las mujeres en los pasajes de la Biblia, o señalar que las escrituras a menudo contienen un trasfondo subversivo que habla de liberación y critica las estructuras de poder que refleja y se usa para reforzar. No se trata solo de masculinidad o feminidad, aunque, por supuesto, estas son metáforas y componentes clave dentro del patriarcado como sistema de poder. Se trata de todo el sistema del patriarcado, con todas sus ramificaciones en relación con la monarquía, el señorío, la herencia, la fuerza, el poder, la batalla, el éxito, así como cuestiones de género, masculinidades y feminidades. El patriarcado está implicado en luchas de clase y raza, así como en luchas de género; es un sistema completo de valores jerárquicos, donde aquellos que mejor se ajustan a la visión reinante de la masculinidad (quienes sí, podrían, en raras ocasiones, ser mujeres o homosexuales, pero que generalmente no lo serán) se supone que no solo tienen poder de facto, sino que se les otorga además la legitimidad para estar a cargo de ese poder.

'Si elimináramos todas las referencias a Dios como rey o señor, que son, por supuesto, metáforas humanas, de la Biblia, o de nuestros libros de oraciones contemporáneos o de los cancioneros, las páginas se derrumbarían como confeti'

En la oración de la mañana leemos el salmo 99, que se refiere repetidamente a Dios usando la metáfora y los tropos dramáticos de la realeza y el poder. Comienza:

'El Señor es rey; deja que los pueblos tiemblen; está entronizado sobre los querubines: deja que la tierra tiemble”.

Si elimináramos todas las referencias a Dios como rey o señor, que son, por supuesto, metáforas humanas, de la Biblia, o de nuestros libros de oraciones contemporáneos o de los cancioneros, las páginas se derrumbarían como confeti. Tratar de elegir himnos para un servicio que no refuerce el patriarcado es posible, pero requiere un trabajo duro de selección. Tratar de descubrir los hilos patriarcales en las lecturas bíblicas puede parecer algo exagerado: no quiero perder de vista todo lo valioso que se manifiesta en esas páginas, ni predicar de una manera desequilibrada, pero tampoco quiero dejar que los presupuestos patriarcales permanezcan intactos y no se cuestionen. ¿Esto significa que no podemos rescatar al cristianismo del patriarcado? ¿O por el contrario es posible soñar con un futuro donde el patriarcado haya sido reemplazado por el igualitarismo, y el cristianismo siga siendo verdadero y digno de amor? Estoy convencida de que esto último es deseable y me parece que es posible, ya que para mí y para tantos teólogos feministas y liberacionistas, la motivación y la razón de ser para superar el patriarcado es —precisamente— nuestra fe cristiana y la llamada a seguir el ejemplo de Jesucristo. Desenredar estos hilos, que parecen vincular el cristianismo y el patriarcado, no será una tarea fácil pero es algo que debemos enfrentar, con valor y sentido del humor. Lo definitivo en última instancia, es que simplemente no puedo dar por buenos los argumentos que aseguran que la Biblia dice que Dios es varón y por lo tanto los varones son más parecidos a Dios que las mujeres, o que Dios es como un rey, y así las monarquías y jerarquías son más semejantes a Dios que las sociedades igualitarias. La Biblia fue escrita por personas que intentaban dar sentido a cómo se habían encontrado con Dios, o habían escuchado a Dios hablar, en sus propios contextos y culturas, tal como inevitablemente hacemos todos. Inevitablemente, al igual que nosotros, buscaban sus propias metáforas. Petrificar esas metáforas simplemente porque están en la Biblia es, me temo, entrar en un argumento circular e improductivo. Jesús, no las Escrituras, es la Palabra definitiva de Dios. Estar en relación con una persona es un proceso bidireccional, por lo que cambia según cambian las persona y debe cambiar constantemente; Dios nos cambia, a pesar de que nosotros nos resistimos al cambio.

¿Puede el cristianismo desenredarse del patriarcado? Estoy confiada en que sí.

Miranda Threlfall-Holmes

Cristianismo, historia, feminismo

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