top of page

Entrevista a José Ramón Orcasitas

Nacióen Bilbao, se licenció y doctoró en Pedagogía (UD), siendo Diplomado en Psiquiatría de la Comunidad y Social (UPV/EHU). Se inició como voluntario y profesionalmente en la AVPS (actual GORABIDE), pasó a ser profesor de la UPV/EHU (1982-2016) hasta su reciente jubilación.


Suele ir donde le llaman, antes como profesional, ahora, generalmente como voluntario (AISI-HEZI, HAR-EMAN, KAEB-NAI, ZERBIKAS y en algunos otros grupos).








1.- Un viejo adagio gremial dice que “lo que hacemos nos hace” ¿qué cosas has hecho y has deshecho a lo largo de tu vida que han terminado perfilando lo que eres? ¿En qué medida te ha hecho como eres tu condición de pedagogo? ¿O más bien ha sido tu ser previo el que te ha llevado a escoger y a escogerte como pedagogo?


Pienso que es verdad que lo que hacemos nos hace facilitando que lleguemos a ser aquello que queremos-podemos-sabemos hacer. Aquello que hacemos en un contexto social que lo verifique devuelve imagen (testifica) lo que somos, nos da volumen histórico, llevando a cambiar aquello que pensamos o la imagen personal que teníamos previamente si esta era diferente, en psicología se ha llamado a este mecanismo disonancia cognitiva (Festinger) y ha sido utilizado muy frecuentemente en educación.


Pienso que en el colegio pase de ser una niño-trasto-gracioso a hacerme adolescente-serio-responsable-bibliotecario-sacristán (con rol social).


Comencé a hacer voluntariado en la profesional de Otxarkoaga (llevaba pantalones cortos) y en el Servicio de Tiempo Libre de la AVPS… lo que me permitió un nuevo rol social (pasar de recibir como alumno a dar como profesor)… en este último voluntariado estuve 12 años realizando distintas funciones y teniendo la oportunidad de hacer acciones formativas y organizar un servicio voluntario para un gran número de personas (500 anuales) de Bizkaia. Allí comencé a ordenar grupos humanos y a aprender de ellos, en diálogo democrático, a gestionar nuestros Proyectos colectivos.


En ese contexto trabajábamos relacionalmente con Proyectos Educativos Grupales y me sorprendí trabando gran amistad con personas que tenían limitaciones de comprensión, sin acceso a contextos sociales habituales. Muchas de las personas de aquel contexto seguimos manteniendo amistades muy cordiales. Aprendí que lo relacional (individual y grupal) está a la base de lo educativo.


Comencé Exactas (deseaba ser profesor y me gustaban, se me daban bien, las matemáticas), 9 meses en el noviciado jesuítico (me sentía elegido-curado por Jesús, así que deseaba ser cura… ser cuidadano) y luego Pedagogía en UD (en mi familia muchos, en 4 generaciones, hemos sido educadores). En todo este periodo seguí siendo responsable del Servicio del que he hablado y leí mucho de manera no sistemática facilitando relaciones forzadas entre ideas distantes y cuyas relaciones no resultan a primera vista evidentes. Un tipo de pensamiento sistémico que hasta hoy he practicado y conservo: en mi tesis, en mis aperturas comprensivas… en clases, en cursos (en diálogo desde la lógica argumental-comprensiva del alumno-interlocutor).


Ya en la UPV/EHU he tenido la suerte llegar a dar clase a la primera promoción de la carrera y de hacerlo añadiendo desde el principio, en el Programa, junto con las clases teóricas (lo único que formaba parte del plan de estudios) horas prácticas y su análisis. Desde el 2º año muchos antiguos alumnos me ayudaron en los seminarios con los nuevos alumnos; durante estos 34 años de trabajo fuimos organizando, también en equipos humanos, grupos que analizaban su práctica (aquello que hacemos/podemos hacer) y estructurando algunas claves para facilitar su análisis y el cambio en su práctica (lo que podremos ser, porque estábamos aprendiendo). Lo que hacemos, mejorado, nos ayuda a ser mejor profesional. Esa mejora de la práctica no es una opinión de los educadores sino que responde a cambios reales en las acciones (mejora) de las personas con las que trabajábamos ¡Y teníamos éxito!... en los últimos 18 años hemos mantenido 2 Convenios con instituciones públicas para hacer este trabajo de mejora con las personas a las que las instituciones daban servicio. Nuestros alumnos en formación durante dos años (tras los cuales muchos salían con trabajo) pensaban que sus aprendizajes (prácticos profesionales y personales) eran como un master pagado. En este sentido he pensado que el trabajo profesional del pedagogo podría sintetizarse en acompañar la vida, en grupos humanos saturados de interés comunicativo, con hechos y palabras coherentes.


Por ser contratado pronto, y tras 10 años largos para hacer mi tesis, comencé a dirigir tesis de algunos alumnos-compañeros… amigos,… cada uno con su tema y, dialogando y pensando desde donde ellos pensaban, acompañándoles a realizar un trabajo serio en el que se reconocieran… porque era suyo. Clases, seminarios, tesis, doctorados, cursos en redes del Sistema educativo… todo lo hacíamos en Equipo… muchos años aprendiendo con muchos: he aprendido a formar parte de un pueblo y he aprendido a hacer con diversas responsabilidades. Las clases también. Desde el año 1984 me han acompañado en las asignaturas personas con discapacidad, clases que dábamos en diálogo (se trata de crear un grupo social en el que la palabra pueda articularse en el discurso compartido, que así hará significativo el aprendizaje y, a la vez, aprendían en vena que toda palabra era respetable -si se argumentaba documentadamente- Esto era disonante con su supuesto-prejuicio y, mantenido un curso, lo modificaba: situando a la persona con discapacidad como otro humano. En fin, laboralmente lo he intentado y he podido acompañar a construir Equipos humanos con Proyectos utópicos excéntricos (que depasaban su interés personal) y cambiaban la historia de sus instituciones. También he tenido mucha suerte con los viajes a mi lugar de trabajo (más de 2.000.00 km)… y ¡sigo vivo!


Suerte, también, en mi vida personal. Felizmente construida de la mano de Begoña, con 3 hijas que esperábamos (y Begoña cuidaba con desvelo), en un contexto en el que el hablar era para que pudieran entender nuestra posición (no para que tuvieran que seguirla siempre)… hemos mantenido nuestra vida en común hasta hoy, 47 años después de conocernos… Seguramente deberíamos haber intentado ser más felices, ahora, casi jubilados, lo intentaremos con más ganas.


Estos espacios sociales en los que me he desarrollado como persona, también claro en los grupos de amigos (cenas, parroquias, voluntariados, …), me han dado diversas posibilidades de acción –en algunas de las cuales he florecido-: Clases, Seminarios, Congresos, Investigaciones, Artículos, Coordinaciones de grupos profesionales por más de 30 años, Amistades continuadas… Gracias a la Vida que me ha dado tanto… soy así.




2.- Fernando Savater, en su precioso libro El valor de educar viene a decir que el valor de la educación consiste en permitir que el individuo llegue a ser plenamente humano mediante la aceptación libre de los valores que reconoce la sociedad como los mejores, pero no definitivos ni acabados. ¿Qué significa hoy y qué dificultades implica EDUCAR en nuestra sociedad post-moderna, pluralista, fragmentaria, secularizada, post-pandémica?



Pienso que hoy la educación exige una respuesta libre por parte de la persona que se educa en contextos culturales –que son un modo de vivir asociados donde se comparte la experiencia conjunta (Dewey)- para poder leer y transformar el mundo (Freire). Algunas veces he dicho que se trata de construir espacios sociales de pertenencia saturados de interés comunicativo (Habermas). Esto hoy, en Occidente, no parece resultar fácil tanto porque los espacios de socialización –en los que vivimos-pueden pertenecer a comunidades enfrentadas, como porque no existe un espacio público de dialogo y ciudadanía (Bauman).

Además, esa creación personal que se espera, desea e impulsa en cada persona, tiene hoy más posibilidad de ser absoluta (sin entrar en diálogo con otros y/o con la realidad) y así quedar aislada. Sin grupo social de pertenencia por el que vamos pasando los humanos, instalados muchas veces en varios (Erickson), no hay aprendizaje de roles y por lo tanto dificultad de para hablar significativamente.



La UNESCO (Delors) propuso cuatro pilares para la educación del siglo XXI facilitando la emergencia de competencias personales (no contenidos de aprendizaje)… para conocer, para hacer, para vivir juntos y con los demás y para ser. Estas competencias personales serán como la finalidad de la educación hoy, de igual modo como tarea social se trata de responder a las necesidades básicas de aprendizaje (Jomtien, 1990) de todos los ciudadanos durante toda la vida.


La educación pues no es solo relación interpersonal (en lo que se funda), ni tampoco son solamente los grupos de pertenencia (en los que se articula), ni siquiera son las instituciones educativas (contextos de las ofertas de lo deseable realmente verificado), sino que incumbe a toda la tribu a los contextos socioculturales en los que se nos espera y es posible decir nuestra palabra (y estos contextos hoy son todavía ampliados a través de nuevas maneras de sociabilidad y cultura en las redes sociales).


Así la educación será ese tesoro que nos permitirá vivir como humanos, en un único mundo, soñando y trabajando en la construcción de un mundo más justo, equitativo, mejor.


La postpandemia nos plantea el dilema de la construcción del futuro, dilema que deberemos resolver los grupos humanos, que somos los que podemos hacer la historia, en la dirección de asegurar los servicios básicos priorizando lo útil a todos e imprescindible para algunos, si queremos seguir siendo democráticos. Dilema que hoy se abre bien facilitando creación y/o la consolidación y ampliación de la red de apoyo a la vida (cuidadanía) con los servicios sociales, educativos y sanitarios reforzados (lo que facilitará el acceso al empleo y renta básica de muchos). Bien invirtiendo en tecnología, IA, teletrabajo y distanciamiento social (“los humanos son biopeligrosos, las máquinas no”, tecnología para evitar el contacto humano), controlado por multinacionales (con más incidencia que los propios Estados con los que nos vinculamos como ciudadanos).


3.- Tú y yo compartimos nuestros estudios de Bachillerato en un colegio religioso, masculino, tradicional, en Bilbao, dirigido por los Jesuitas, allá por los años 60 del siglo pasado; como pedagogo ¿qué crees que aportó esa enseñanza a nuestro talento para vivir la vida?


Pienso que nosotros vivíamos de manera congruente lo que nos enseñaban en el colegio. Aparentemente eran materias de enseñanza pero cotidianamente nos socializábamos en contextos de gran libertad (nos parecía) pero con gran control, que nos fueron formando nuestros hábitos hasta hacerse habitud (Zubiri). Quizás estas formalidades del acto humano nos sean comunes… la atracción de cada uno al grupo, a la reciprocidad, a tratar con respeto, la proyección de expectativas e ideales deseables que orientan la vida, la pertenencia a diversos grupos dentro del mismo espacio social, la expectativa de una vida mejor… y el acierto en articular lo dicho y hecho de manera que, compartido o no por nosotros, entendiéramos sus motivos (en alguna cena con ‘antiguos alumnos’ así lo hemos afirmado).



4.- A José Antonio Marina que ha reflexionado filosóficamente sobre la educación le gusta citar un proverbio africano que dice: Para educar a un niño hace falta toda la tribu. Eso puede ser fácil de llevar a término en un mundo “tribal”, es decir: cerrado, homogéneo, compacto, cohesionado por fuertes vínculos familiares y de clan. Nuestra circunstancia social es muy otra: somos una sociedad abierta, heterogénea, líquida, contradictoria, con vínculos familiares limitados, centrada en el in