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¿Qué es un cristiano de la Iglesia Española Reformada Episcopal[1]?




Es simplemente un cristiano, que se integra en una iglesia apostólica, presidida por un Obispo español, (episcopal) y establecida en España en la segunda mitad del siglo XIX. En 1868 con la denominada Revolución Gloriosa y exilio de Isabel II se instaura un régimen de libertades que permite regresar a España a una serie de parroquias católico-romanas disidentes refugiadas en Gibraltar y a ir estableciéndose en otros lugares. En 1880 se consagra al primer obispo, Juan Bautista Cabrera y se crea así una confesión nacional siguiendo el modelo del anglicanismo.[2]​ Que en la actualidad pertenece a una comunidad mundial de cristianos llamada Comunión Anglicana, que se hace parte de la Iglesia Universal. [Catedral del Rendentor en Madrid]




[ Obispo Juan Bautista Cabrera]

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Esta Comunión Anglicana está presente en 165 países diferentes e incluye más de 70 millones de miembros individuales. Por lo tanto, ser anglicano significa mucho más que pertenecer a una parroquia local: significa unirse a una vasta compañía de cristianos y cristianas en todo el mundo.


Los anglicanos somos parte de la larga historia de la Iglesia Universal. La Iglesia Española Reformada Episcopal tiene también un mártir: el Reverendo Atilano Coco, que fue asesinado en los primeros días de la Guerra Civil víctima del fanatismo político.


Los anglicanos remontan su historia a la Iglesia primitiva y a la Biblia misma. Sin embargo, la forma moderna del cristianismo anglicano surgió por primera vez durante las reformas religiosas del siglo XVI, cuando el Arzobispo de Canterbury —símbolo de

unidad de la Comunión Anglicana— rompió sus vínculos con el Papa y la Iglesia de Roma. Esto llevó a ciertos cambios en el culto y la práctica de los cristianos en Inglaterra; pero muchas cosas también permanecieron igual. [Reverendo Atilano Coco]



La Reforma se inicia por Lutero en 1517 con motivo de la disputa sobre la venta de las indulgencias pero expresa un malestar profundo sobre la deriva de la Iglesia de Roma y suscita la necesidad de un retorno a los orígenes; inicialmente la Iglesia de Inglaterra arraigada en su estructura apostólica y episcopal y en el liderazgo del Arzobispo de Canterbury se opone a la radicalidad de la reforma luterana pero en 1534 con motivo de la disputa sobre si el Obispo de Roma, o sea el Papa, podía tener jurisdicción universal, por encima de los Tribunales eclesiásticos de Inglaterra, para resolver el juicio canónico de nulidad del matrimonio del Rey Enrique VIII, se separa de Roma y se acerca teológica y políticamente a las iglesias luteranas y reformadas de Europa.










Sin embargo la Reforma Inglesa no se puede entender sin tener en cuenta el influjo de algunos pensadores y reformadores espirituales ingleses que fueron marcando el estilo del cristianismo anglicano; casi un siglo antes de Lutero y Calvino, vivió y predicó en Inglaterra un personaje llamado John Wycliffe, religioso y profesor vinculado a la Universidad de Oxford.



Wycliffe no se limitó a criticar la corrupción de la Iglesia de Roma, dirigido por un Papa Rey, a la que criticaba por sus riquezas y la corrupción moral y sexual del clero, sino que arguyó contra la idea mismo de una jurisdicción canónica universal representada por el papado; Wycliffe entendía que la Biblia no debía ser ocultada al pueblo con el argumento de que únicamente los miembros del clero tenían la necesaria preparación para interpretarla.


Wycliffe predicaba que todo cristiano debería tener ocasión de conocer y dar su propia interpretación a la palabra de Dios sin necesidad de intermediarios. En 1381 se publicó una traducción de la Biblia al inglés elaborada por el propio John Wycliffe o sus discípulos.


Las enseñanzas de Wycliffe calaron en el pueblo inglés y dieron origen a un movimiento conocido como los lolardos,que sostenían, entre otras creencias, algunas que serían adoptadas posteriormente por la Iglesia anglicana[3]. Sus miembros fueron inicialmente perseguidos por el rey de Inglaterra y la doctrina fue declarada como herejía por la Iglesia de Roma en el concilio de Constanza de 1415.


Otro reformador espiritual decisivo en el desarrollo y consolidación del anglicanismo fue William Tyndale; contemporáneo de Lutero era también partidario de traducir la Biblia al inglés, lo que terminaría llevándole al exilio en Hamburgo en 1525.


Los reformadores enfatizaron que las creencias fundamentales de la Iglesia de Inglaterra eran las originarias de los Credos Conciliares y la Tradición fundacional de los primeros siglos del cristianismo. Esto significa que los anglicanos no solo se sienten conectados entre sí en el presente, sino que se sienten también vinculados con una larga cadena de creyentes cristianos, que, a través de la transmisión apostólica y el Arzobispado de Canterbury, se remonta en la historia incluso hasta los primeros discípulos de Jesús.





La vida anglicana se basa en el Bautismo, la devoción privada vinculada a la lectura y meditación de la Biblia, la comunidad parroquial y la Eucaristía (también conocida como la Sagrada Comunión, la Cena del Señor o la Misa).


Al leer, estudiar y orar con la Biblia, la tradición cristiana anglicana participa en la historia de la relación de Dios con el mundo. En particular, a través de la vida de Cristo y el Nuevo Testamento, descubrimos la universalidad del Logos divino que trasciende los límites nacionales de la dinastía Davídica y del Reino de Israel y se dirige universalmente (católicamente) a toda la Humanidad con el mensaje del amor y el perdón generosos de Dios, a través de la Buena Nueva de Jesús, como Palabra de Dios Encarnada.


Los anglicanos disfrutan de una variedad de expresiones espirituales. Quizás la mayor característica de la Comunión Anglicana es la riqueza y variedad de su vida. Por supuesto, esto puede generar tensiones y desacuerdos; pero en su mayor parte permite a los anglicanos individuales ya las iglesias locales y nacionales celebrar su fe cristiana de la manera más apropiada para cada uno de ellos.