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David: un personaje poliédrico, por Miquel – Àngel Tarín i Arisó

  • 21 abr
  • 19 Min. de lectura

 

 

Only a boy named David, only a little sling, (Solo un niño llamado David, solo una pequeña honda) Only a boy named David, but he could pray and sing. (Solo un niño llamado David, pero podía orar y cantar)

Only a boy named David, only a rippling brook, (Solo un niño llamado David, solo un arroyo que corría)

Only a boy named David, but five little stones he took. (Solo un niño llamado David, cinco pequeñas piedras tomó)

And one little stone went in the sling, (Y una pequeña piedra entró en la honda)

And the sling went round and round. (Y la honda giró y giró.)

And one little stone went in the sling, (Y una pequeña piedra entró en la honda)And the sling went round and round, (Y la honda giró y giró)

And round and round and round and round, (Y giró y giró y giró y giró)

And round and round and round. (Y giró y giró y giró)

And one little stone went up in the air, (Y una pequeña piedra subió por el aire)

And the giant came tumbling down. (Y el gigante cayó derrotado)

Famosa canción – himno titulada “Only boy named DavidMúsica y letra del escocés Arthur Samuel Arnott (Plymouth Brethren), 1931.

Basada en el episodio de David y Goliat (1 Samuel 17) Traducido por Miquel – Àngel Tarín i Arisó

 

 

1. INTRODUCCIÓN ... A MANERA DE CUENTO PERIFRÁSTICO


Imaginemos la siguiente escena. Nos hallamos en una aldea pastoril de la antigüedad israelítica, siglo X a.C. Aparece un hombre rico, casado y cuyo bienestar material dependía de sus numerosos rebaños de ovejas y de cabras, tenía cuatro mil reses, un cantidad inmensa para la época. De repente contempla como se aproxima un grupo de diez personas pertenecientes a una banda armada itinerante exigiéndole una compensación económica y alimentaria alegando haber prestado un supuesto servicio de protección y cuidado sobre sus bienes. Sin embargo, no existe indicio alguno de que dicha protección haya sido solicitada, pactada o remunerada previamente. La demanda, por tanto, carece tanto de fundamento contractual como moral configurándose, en términos prácticos, como una imposición unilateral y violenta. Ante esta situación, enfadado, rechaza de plano la petición y expulsa a los emisarios, lo que desencadena una escalada de violencia inmediata.

Al día siguiente el líder del grupo reaparece acompañado de un importante contingente: 400 hombres armados. Ha dejado a otros 200 hombres en la retaguardia. Se trata de una demostración de fuerza exagerada, brutal y fuera de lugar pues el contexto no remite a la posibilidad de enfrentamientos militares, ni guerras ni ejércitos. Se trata solamente de un solo hombre que ha expulsado de sus propiedades a diez bandoleros pertrechados. Esta demostración de fuerza no puede interpretarse como un hecho aislado, sino como una respuesta deliberadamente intimidatoria que refuerza el carácter coercitivo de la demanda inicial. Poco después, el propietario aparece muerto, en circunstancias que, dentro de la secuencia, resultan difícilmente separables del contexto de violencia ejercido.

Posteriormente, el líder del grupo armado procede a casarse con la mujer y ahora viuda del propietario, la cual, sin duda, no podía estar muy contenta de contraer nuevas nupcias habiendo enviudado solamente diez días antes. Y todavía menos mediando semejantes circunstancias. De este modo, el líder de la banda armada se apropia de todos los bienes del difunto. Según costumbres epocales, el acto matrimonial, lejos de poder entenderse como una mera decisión personal, se articula como un mecanismo de legitimación social y jurídica que encubre la apropiación previa.

Con una paráfrasis semejante a la nuestra, aunque no idéntica, empieza sus reflexiones acerca de David Joel Samuel Baden, The Historical David. The Real Life of an Invented Hero, New York: Harper One, 2012. Baruch Halpern, David’s Secret Demons: Messiah, Murderer, Traitor, King, Grand Rapids, Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 2001, pp. 21-22. Explica bien la situación en su visión acerca de 1 Samuel 25: “David is working a protection racket.” Y también: “David plies the ‘protection’ racket and demands premiums from Nabal” Lo que podría traducirse por: “David está operando un sistema de extorsión (‘protección’).” Y: “David ejerce un ‘negocio de protección’ y exige pagos a Nabal” De manera que en realidad David no estaría cuidando los intereses de Nabal, sino que más bien se abstendría de no agredirlo a cambio de la aceptación de un sistema de cobro coercitivo, es decir de tipo extorsionador. En otras palabras dicho, lo que el texto sugiere es más una dinámica de coerción que de cuidado de las propiedades de Nabal. Esta circunstancia, y no el rechazo del pago de un sistema de protección convencional, es la única que puede justificar de manera razonable la posterior reacción furibunda de Nabal ante la exigencia de los bandoleros de David. Una reacción que sería por otra parte absurda de estar la protección convenida a cambio de un precio pactado como era costumbre en la época. En este mismo sentido se pronuncian Joel Steven Baden, The Historical David: The Real Life or an Invented Hero? New York: HarperOne, 2013 pp. 33-39 aludiendo al hecho de que David lideraba una banda armada peligrosa e itinerante ubicada al margen del sistema social establecido y que vivía de prácticas coercitivas ejercidas contra la población local: “David is best understood as the leader of a band of outlaws () living outside the established political system”, p. 34. (“David se comprende mejor como líder de una banda de forajidos viviendo al margen del sistema político establecido”). En un sentido parecido Robert Alter, The David Story: A Translation with Commentary of 1 and 2 Samuel (1999) donde acude al concepto de un sociedad de señores de la guerra (“Worlord society”) como David; David M. Gunn, The Story of King David: Genre and Interpretation (1978) calificando el episodio de amoral y ligado a la fuerza armada; J. P. Fokkelman, Narrative Art and Poetry in the Books of Samuel (varios volúmenes) destacando la dinámica de desigualdad subyacente al conflicto; P. Kyle McCarter Jr., 1 Samuel: A New Translation with Introduction, Notes and Commentary (Anchor Yale Bible, 1980) señalando una relación no neutral entre ambos de naturaleza extractiva; Walter Brueggemann, First and Second Samuel (Interpretation Commentary, 1990) donde describe muy sagazmente el episodio como un choque entre un poder emergente representado por David y una economía independiente pero expuesta representada por Nabal. En definitiva, lo que David estaría exigiendo mediante sus emisarios no es un pago a cambio de defensa, sino un tributo - ¿quizás desmesurado? - de carácter coercitivo].

En conjunto, la secuencia de acontecimientos no sugiere un simple conflicto interpersonal, sino un patrón estructurado de conducta basado en la intimidación, la presión armada y la instrumentalización de normas sociales. La supuesta “protección” inicial opera como un pretexto retórico, mientras que la violencia y el matrimonio se articulan como herramientas complementarias para asegurar la transferencia de poder y propiedad. En base a una lectura penal contemporánea, el caso se aproxima claramente a un delito de extorsión organizada con resultados letales. Todo ello sin pormenorizar en la beneficiosa y sorprendentemente repentina muerte del propietario. Sin embargo la legalidad aparente no logra ocultar la naturaleza profundamente coercitiva y violenta de las acciones sucedidas.

 

 


2. ¿De quién estamos hablando?

 

Efectivamente, como el avezado lector habrá deducido, nos estamos refiriendo a David. Y el episodio parafraseado aparece inserto en el libro 1 de Samuel capítulo 25.

 

Que David y sus secuaces venían a tomar venganza del propietario para matarlo, tanto a él como a su familiares, es innegable, como se deduce de la literalidad del v. 13, donde David, tras armarse, manda a sus hombres: “Cíñase cada uno su espada. Y se ciñó cada uno su espada”; 32, 33-34: Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un varón.

 

Actualmente forma consenso mayoritario entre los especialistas que el episodio de la intercesión de Abigail ante David se considera un añadido “soft” y acolchado (si se nos permite la expresión) con finalidades apologéticas. No es por casualidad que su marido se llame Nabal, que significa necio o insensato, así como que Abigail nunca jamás aparezca de nuevo ni directa ni indirectamente en la narrativa de Samuel ni de los Reyes ni de las Crónicas, ni siquiera en cualquiera otra parte del Antiguo Testamento, excepto en 2 Samuel 3,3 donde se la menciona de pasada señalando que tuvo un hijo de David llamado Quileab quien, en 1 Crónicas 3,1 aparece sin embargo con el nombre de Daniel. Este proceder apologético tiene en realidad funestas consecuencias ya que, en vez de la comprensión sencilla y evidente del texto, uno de los redactores del mismo termina responsabilizando sin pudor de la muerte de Nabal al mismo Dios: 1 Samuel 25, 38:  Y diez días después, Jehová hirió a Nabal, y murió.

 

 

3. ¿Cómo trataremos a nuestro personaje?

 

David es un personaje “poliédrico”. Recodemos que así hemos titulado este artículo. Su figura está lejos de ser plana y simple siendo más bien sinuosa y compleja. Presenta muchas caras o facetas, en muchas ocasiones tan tensionadas como contradictorias cuando no absolutamente irreconciliables, plenas de irregularidades y de aristas, de elementos literarios escarpados y complejos de escalar y, por ende, comprender. David hace aparición en la Biblia en 1 Samuel 16 siendo un intrascendente pastor de ovejas, el hijo menor de la familia de Isaí o Jesé, su padre. [El diferente nombre de su padre no obedece a ninguna razón teológica o de superposición de fuentes independientes. En hebreo: Yishai. En el griego de la Septuaginta: Iessai. En el latín de la Vulgata: Iesse. En realidad Isaí es una dicción más próxima al hebreo y Jesé al latín. Es curioso que, de entre todas las confesiones cristianas, solamente las versiones bíblicas ortodoxas hayan optado por la dicción pura del nombre hebreo].

 

Samuel el antiguo Juez y gran profeta, adviene a él en secreto, por temor a la reacción de Saúl el benjaminita, para ungirlo de entre todos sus hermanos como nuevo rey. Ante la sorpresa familiar David es, pues, ungido como futuro rey y Mesías de Israel.


 

Su protagonista singladura unida a su reinado sobre Judá y posteriormente sobre todo Israel transcurrirán a partir del capítulo 16 de 1 Samuel, pasando a través de todo el segundo libro de Samuel y terminando en 1 Reyes 2, cuando se produce su muerte, sucediendo su legado dinástico a su más querido hijo, Salomón. De manera que todo el relato se inserta en la denominada historia o documento deuteronomista, en el que posteriormente deberemos detenernos, pero que ahora solamente adelantaremos comprende desde el libro de Josué hasta el libro 2 de Reyes. Nuestro protagonista reaparece también en 1 y 2 de Crónicas, donde su figura ya “lavada y centrifugada” se nos muestra ahora absolutamente purificada y engrandecida. Valga el ejemplo: el episodio de Nabal en Maón de Carmelo ni siquiera es mencionado.

 

Siendo como es que el “Escritorio Anglicano” no se identifica necesariamente con ninguna opinión vertida por los autores que en su seno participan, este autor que ahora escribe se identifica normalmente con la denominada “escuela” o “tradición” de interpretación minimalista en su vertiente matizada. Es decir, admitiendo no obstante muchas correcciones no maximalistas puras, aunque sí conservadoras. De estas escuelas también tendremos ocasión de hablar ulteriormente. Ya desde ahora mismo exoneramos a la revista digital anglicana de comulgar o no con cualquier opinión que adoptemos, especialmente cuando señalamos que, a nuestro humilde juicio, la de David es una historia narratificada. Dicho de otro modo: se trata de historia religiosa o teológica, la cual no se ubica necesariamente dentro de los parámetros arquetípicos que caracterizan a la historia científica moderna. Ello no obsta a que dentro de los libros de Samuel existan ciertamente núcleos históricos y recuerdos antiguos a partir de los cuales se haya narratificado * la historia misma. Nosotros consideramos que nos hallamos ante un texto fundamentalmente apologético, una construcción literaria que posee un evidente sesgo a favor de David, compuesta por numerosas capas y fuentes literarias redaccionales independientes que pretenden mayoritariamente exonerar su persona rescatándolo de sus sombras y escándalos, sean individuales o colectivos. Este es precisamente el objetivo fundamental de los libros de Samuel, no digamos ya en los libros de las Crónicas, los cuales componen su narrativa con antedicha finalidad prescindiendo o modificando la historia sin rubor alguno a conveniencia apologética, literaria, política y teológica.

 

Ahora bien – y esto es de singular importancia – aunque cierta y mayoritariamente apología, no dejan de evidenciarse en los textos samuelitas la presencia de cálamos contrarios a David, o quizás la de autores más historizantes, que demuestran innegablemente una evidente actitud crítica hacia el mismo, como demuestra, por ejemplo y sin lugar a duda, el episodio de Urías hitita y la actitud punitiva posterior ejercida por parte del profeta Natán hacia el rey (Samuel 12, 7-14). Por ello, se trata de un texto apologético de la persona y del establecimiento del reinado prototípico de David en Judá y de su descendencia en Israel, sí, esto es muy cierto, pero tampoco se trata de un texto carente de crítica y de numerosas capas redaccionales que no siempre se muestran favorables a nuestro protagonista y que no asimilan su texto a otras apologías más radicales o puras, como por ejemplo son la Estela de Kamose (siglo XVI a.C.), el relato de la batalla de Kadesh (siglo XIII  a.C.), las Estelas y Decretos de Hatshepsut (siglo XV a.C.), el Código de Hammurabi, nos referimos aquí especialmente a su introducción (siglo XVIII a.C.), los Anales de los reyes asirios tales como Asurbanipal II (siglo IX a.C.), los anales de Sargón II (siglo VIII a.C.) o la celebérrima Apología que Platón realizara de su maestro Sócrates, en Atenas. Mientras todos estos anteriores textos, en cualesquiera sean sus formatos, pertenecen claramente al género literario de la Apología, ya que su finalidad exclusiva es tratar de legitimar a una persona en base a su saber o a su voluntad de establecer su poder sin que exista hacia los protagonistas crítica alguna, en el caso de los libros de Samuel el carácter apologético es evidente y mayoritario como dijimos, aunque ciertamente más matizado por mor de las antecitadas capas redaccionales desfavorables que adhiriéndose al texto cumplen una innegable función de crítica interna, lo que no obsta a la existencia de una creciente idealización de la figura de David en el deuteronomista que terminará en su grado de máxima absolutización ya en el texto del cronista.


 

4. Un personaje contraintuitivo

 

Hablar, escribir, de David no es tarea fácil. Cualquier defecto, mancha, actitud negativa, no digamos ya perniciosa o criminal, que detectemos en su contra choca directamente con el discurso milenario de su ensalzamiento. David es para judíos y cristianos, para la cultura occidental en definitiva, un personaje trascendental y único de singular importancia. Su linaje entronca con el del Mesías, para los cristianos ya venido, para los judíos por venir. Tradicionalmente ha sido considerado el padre de los más bellos textos bíblicos musicados, el Salterio, todavía hoy en mucho base de las liturgias judías y cristianas. Textos de una belleza en ocasiones sublime, siempre sorprendente y extraordinaria, donde el alma abreva para nutrirse de lo sagrado y el espíritu sobrevuela lo terrenal para fusionarse a lo divino.

 

Tocando un poco más con los pies en el suelo, David nos aporta elementos psicologistas y de determinación que nos ayudan a sobrellevar problemas gigantescos con los que pueda sorprendernos la vida. Ante ellos recordamos el valor que David manifestó enfrentándose con Goliat, cuya envergadura y poder hizo temblar a los israelitas todos así como haría temblar también hoy a cualquiera.

 

No podemos olvidar tampoco la profunda inspiración que su persona ha provocado en las bellas artes, destacando la escultura que de David realizara el capresino Miguel Ángel y que representa ya no tan solo la perfección de formas sino la viva imagen del poder y de la determinación: cual Goliat, David su verdugo es redivivo en un verdadero coloso de 5,17 metros y más de 5 toneladas de peso de puro mármol blanco de Carrara que, fijando con su mirada al gigante filisteo antes de su enfrentamiento, reivindica intemporalmente la salvaguarda del honor de Dios.

 

David se ubica en la base de la historia occidental europea a través de su papel como rey y en la concepción de la forma de la institución de la monarquía misma. Todos los reyes europeos eran – y son – supuestamente reyes por la Gracia de Dios, como David lo fue y cuyo reinado se ubica como ejemplo y paradigma no tan solo de todos los antiguos reyes de Israel, sino también de todas las monarquías europeas, desde Constantino el Grande, emperador. Se trata de una historia casi bimilenaria que marca, con su impronta, enormemente toda una cultura. De manera que “mancillar” a David, criticarlo, simplemente dudar de la historicidad de sus haceres es algo así como provocar una afrenta, un insulto a nuestra propia historia, una amenaza a nuestra estabilidad societaria, una acción en definitiva contraintuitiva.

 

Sin embargo, hay que tener muy presente que nunca es la verdad la que teme, sino quienes la pretenden detentar en exclusiva rechazando ser interpelados. Detrás de la figura arquetípica, paradigmática, prácticamente sacrosanta e inmaculada de David se esconde sin embargo una persona de carne y hueso con sus grandezas y sus miserias, con su humanidad y su historia. En ocasiones una historia de crímenes, de muerte y de sangres. A la búsqueda del personaje histórico de David apelaremos con la finalidad de intentar desentrañar de entre toda esta complicada madeja que configura su persona los elementos históricos y por ende humanos que nos parezcan más significativos.        

 

 

 

 

5. ¿Existió David?

 

La pregunta que formulamos es pertinente no solamente porque ha hecho correr ríos de tinta en los ambientes eruditos, sino porque actualmente podemos responderla con cierta seguridad histórica. Como lo prometido es deuda, ahora tocará hablar de escuelas de interpretación ...

 

A partir de la primera década de los años ochenta del siglo pasado se desarrolló con vigor una escuela interpretativa bíblica denominada “minimalista”. Surgió como reacción a otra escuela, la “maximalista” cuyos teólogos y eruditos consideraban los relatos bíblicos poseyendo un carácter no tan solo divino, sino fundamentalmente histórico. Episodios como la caída de los muros de Jericó, el Éxodo del pueblo hebreo o las gestas de David, por poner simplemente unos ejemplos destacados, habrían sucedido tal cual, al pie de la letra según los encontramos narrados en las diferentes perícopas bíblicas. Los arqueólogos maximalistas emprendían sus excavaciones – valga la expresión que más de una vez ha sido utilizada en el campo apologético a veces son sorna pero otras con exactitud - con una biblia en una mano y con un pico en la otra. Esto es así porque pretendían encontrar uno por uno los vestigios señalados por la Biblia de manera inerrante, obedeciendo a la geografía que esta parecía proporcionar, aunque en muchas ocasiones descontextualizándola o bien simplemente adecuando sus conclusiones al documento bíblico de manera acrítica.

 

La escuela minimalista reaccionó ante este estado de cosas por medio de importantes autores tales como Thomas L. Thompson, Philip R. Davies y Niels Peter Lemche, todos ellos sosteniendo que los relatos y epopeyas que consigna el Antiguo Testamento son, como poco, dudosos y que, en consecuencia, no podían ser considerados como fuentes históricas fiables.

Como es obvio, este debate afecta directamente al problema que nos ocupa: el rey David. De manera que tanto su existencia histórica como su carácter de rey ejerciendo su realeza en un determinado contexto histórico han sido y son todavía hoy cuestionados.

Veamos solamente algunos ejemplos ilustrativos. Thomas L. Thompson en su libro The Bible in History: How Writers Create a Past (Pimlico, 1999) insiste en el hecho de que los textos bíblicos no pueden ser leídos como historia: “The Bible’s language is not an historical language” (p. xiii). En lo que a nosotros toca, los relatos acerca de David no serían crónicas contemporáneas de su época, sino más bien composiciones literarias posteriores que obedecen a una determinada finalidad teológica. Philip R. Davies señala que la monarquía unida, es decir la fusión de las doce tribus en un solo Reino pergeñada por David, es en gran medida una construcción literaria. Considerando que David ocupa el lugar central en ella, su figura quedaría especialmente puesta en duda desde un punto de vista histórico (In Search of ‘Ancient Israel’, Sheffield Academic Press, 1992, p. 67: “The ‘united monarchy’ is largely a literary construct”) Es importante destacar que el tema de la monarquía unida es una de las cuestiones más debatidas todavía hoy entre los especialistas. El mismo autor llega a señalar que la figura de David posee más bien trazos de carácter mítico dentro de una determinada tradición literaria ( The Messiah Myth: The Near Eastern Roots of Jesus and David (Basic Books, 2005), pp, 4-6: “The biblical accounts of both King David and Jesus are mythical in nature” Para terminar, un tercer ejemplo nos lo proporciona el erudito Niels Peter Lemche, señalando no tan solo que la monarquía unida obedece a esquemas literarios predeterminados sin respuesta arqueológica, sino que la pretendida monarquía de David no existió jamás (The Israelites in History and Tradition, Westminster John Knox Press, 1998, pp. 85–90).

Todos estos autores coinciden en el hecho de que los relatos acerca de David reflejan elaboraciones ideológicas (posteriores o no a su época) más que hechos históricos verificables. En consecuencia, el rey David aparecería en los libros que lo contemplan fundamentalmente como un constructo literario. A decir verdad y para ser más exactos, muchos autores que se auto consideran minimalistas no niegan la existencia histórica de David, sino el hecho de que no existan pruebas suficientes para aceptar el relato bíblico tradicional en su totalidad.


 

5. 1 La Estela de Tel Dan

 

En el contexto de esta discusión que como se dijo anteriormente hizo brotar ríos de tinta – y de incomprensible mala baba por parte de unos y de otros si se nos permite la vulgaridad – un descubrimiento importante iba a producirse. Recordemos que hasta la fecha ningún documento extrabíblico mencionaba la existencia de David.

 

Vamos a caminar aquí de la mano de Avraham Biran y de Joseph Naveh, sus descubridores y los primeros en publicar su existencia y sus características en: “An Aramaic Stele Fragment from Tel Dan” en: Israel Exploration Journal, vol. 43, no. 2/3 (1993), pp. 81-98. Siendo más precisos, la descubridora de la primera pieza de la estela denominada de Tel Dan fue Gila Cook, topógrafa de la expedición, en el año 1993. La expedición estaba dirigida a la sazón por el gran arqueólogo israelita Avraham Biran. Cook descubrió la pieza mientras se realizaban labores de desmontaje de un muro antiguo en el que se sospechaba que, como era práctica habitual en la antigüedad, piedras de estructuras anteriores se hubieran reutilizado como piezas constructivas posteriores.

En la zona Norte de Israel, al pie del monte Hermón, en Galilea, se encontraba el Tell [También puede escribirse Tel, siendo un montículo artificial formado por la acumulación de diferentes estratos producidos por restos de asentamientos humanos generalmente de una gran antigüedad e importancia por la que ser estudiados] de El-Qadi, ahora denominado Tel Dan por haberse identificado con el Dan bíblico mencionado en Jueces 18,29 y en la expresión “de Dan a Beerseba” (Jueces 20,1 entre otros).

El Tell en cuestión comenzó en realidad a excavarse en el año 1966 patrocinado por el Departamento de Antigüedades de Israel (a partir de año 1990 amplió sus funciones pasando a denominarse Autoridad de Antigüedades de Israel o IAA). Las excavaciones arqueológicas habían mostrado mucha información sobre el Dan antiguo y sobre el asentamiento anterior (Laish) pero habían sido parcas en la obtención de materiales escritos, hasta que el 21 de julio de 1993 se descubrió una estela de basalto puro, por lo tanto negroide, en realidad un fragmento de una estela de proporciones monumentales, reutilizada como dijimos entre los restos que construían un muro en la sección oriental de una gran plaza de unos 400 metros, prácticamente cuadrada, ubicada frente  la puerta exterior de la ciudad. El fragmento hallado medía 32 cm de alto por 22 cm de ancho. Como estaba fracturado, los arqueólogos concluyeron que el bloque original de basalto era de extracción local y que había sido destruido antiguamente, midiendo aproximadamente 1 metro de alto por 50 cm de ancho en origen. Una de sus caras había sido voluntariamente alisada para poder ser cincelada con escritura, como era costumbre en los documentos en soporte piedra que se destinaban a ser escritos. Desgraciadamente la piedra no pudo ser datada mediante radiocarbono o método del Carbono – 14, puesto que se trata de un isótopo que solamente puede encontrarse en los seres vivos, ya que estos lo absorben durante toda su vida, siendo no apto para los materiales no orgánicos como es el caso de la estela hallada.



La datación se realizó mediante diferentes criterios. El complejo de puertas encontrado (puerta exterior, puerta principal, puerta superior, cámaras y pavimento) fueron destruidas durante el tercer cuarto del siglo VIII a.C.  En consecuencia, el fragmento basáltico de la estela debía ser necesariamente anterior al muro en el que se ubicó y reutilizó para formar parte de su construcción. Estas conclusiones proporcionaron lo que se denomina el “terminus ante quem” en latín la fecha “antes de”, puesto que el fragmento es evidentemente anterior al muro donde se halló. Se trata en consecuencia de una conclusión de tipo estratigráfico. Sin embargo, no sería la estratigrafía la que proporcionaría la fecha definitiva, aunque sí es cierto que proporcionó un límite a la misma. El factor fundamental fue de carácter paleográfico: gracias a las conclusiones del erudito Joseph Naveh, experto en literatura aramea, concluyó que la sintaxis, la gramática, el tipo y forma de la escritura y sus modos expresivos comparados con otros textos de la época encajaban en el marco cronológico del siglo IX a.C. El siguiente paso era comprobar si existía apoyo histórico para el contenido de la estela ... Y efectivamente existía: las guerras de Aram (Damasco), Israel y Judá fidedigna e indudablemente en conflicto en el orden histórico en el contexto de las campañas del rey Hazael contra Israel.

En las excavaciones del año siguiente, 1994, durante el desmontaje de ciertas estructuras de un muro posterior, cerca de donde se descubrió el primer fragmento de la estela, el equipo de Avraham Biran descubrió otros dos fragmentos de la misma que se conocen hoy como B1 y B2. El primer fragmento descubierto por Cook es el más largo y se convino en llamar A. Estos fragmentos recientemente descubiertos tampoco eran completos, pero al igual que el primer fragmento eran de basalto, estaban escritos en arameo coincidiendo además tanto en tamaño como en forma y encajando sus líneas entre sí. Los nuevos hallazgos completaban partes de ocho de las trece líneas del primer hallazgo.

A continuación vamos a consignar A, B1 y B2 para percatarnos bien donde radica la verdadera importancia de la estela de Tel Dan. Su elemento principal lo destacaremos en letras mayúsculas, en negrita y la subrayaremos. Atención: nosotros haremos esto anterior, pero en el texto real obviamente este carácter resaltado no existe. Si lo hacemos es únicamente con la finalidad de destacar la parte del texto que nos interesa.

 El texto lo tomamos de la traducción prínceps realizada por Joseph Naveh, experto como señalamos anteriormente en literatura aramea - que operaba por aquel entonces como lengua franca - y encargado final de la traducción del texto al hebreo y al inglés.  Las partes entre corchetes son reconstruidas, es decir, no figuran realmente en la inscripción:

 

1. [ ... ...] y cortó [...]

2. [...] mi padre se levantó [contra él cuando] luchó en [...]

3. Y mi padre se recostó, se fue con sus [ancestros] (v.gr., enfermó y murió). Y el rey de I[s-]

4. rael entró anteriormente en la tierra de mi padre. [Y] Hadad me hizo rey.

5. Y Hadad se puso delante de mí, [y] yo partí de [los] siete [...-]

6. s de mi reino, y maté [sete]nta re[yes], que enjaezaban mi[les de ca-]

7. rros y miles de caballeros (o: caballos). [Maté a Jo]rán hijo de [Ajab]

8. rey de Israel, y maté a [Oco]zías hijo de [Jorán re-]

9. y de la CASA DE DAVID. Y convertí [sus ciudades en ruinas y convertí]

10. sus tierras en [desolación ...]

11. otros [...                   y Jehú go-]

12. bernó sobre Is[rael] ...        puso]

13. sitio a [...                          ] 

 

Ya no queremos fatigar más al amable lector. De manera que dejaremos para otro día el análisis del texto así como las repercusiones ulteriores del mismo. Muchas cosas más nos quedan por decir acerca de David, un océano en el que conviene nadar cuando conviene, pero siempre con precaución y sin ahogarse en el intento.

 

+ Per semper vivit in Christo Iesu


*La narratificación es el proceso de incorporar elementos narrativos, estructura o técnicas de narración en algo que inherentemente no puede ser una historia.


 
 
 

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