El Diálogo Ecuménico en tres dimensiones, por Vicente García





El ecumenismo podríamos abordarlo desde tres aspectos o dimensiones, la institucional, la social y la espiritual.


Institucionalmente el ecumenismo ha de lidiar con una larga historia que ha ido construyendo el edificio institucional de cada Iglesia, y al que nadie quiere renunciar en favor de nadie, porque argumentos que justifiquen la existencia de todos sobran. Además de un patrimonio acumulado y miles de personas que han hecho su modo de vida en torno a las instituciones. Por lo tanto el ecumenismo en su diálogo institucional ha de equilibrar la permanencia de las instituciones de cada una de las partes.


Socialmente el ecumenismo es, cada día más, una necesidad apremiante en las sociedades construidas sobre la cultura griega, el derecho romano y la Biblia. La pervivencia de las sociedades creadas sobre los cimientos de un pasado judeo-cristiano pasa por el ecumenismo, donde la unión hace la fuerza, y garantiza la continuidad de la influencia de lo religioso en la vida social.


Y el ecumenismo en la dimensión espiritual parte de esa oración de Jesús previa a la Pasión que se recoge en el Evangelio de Juan “Padre que todos sean uno”. Es como si Cristo contase de antemano con la fragmentación de sus seguidores. Es la eterna demanda de Jesús que permanece como asignatura pendiente hasta el fin de los siglos. Pero que, por otro lado, se ha materializado en momentos puntuales, y con personas concretas. Entre los creyentes hay personas con mayor o menor sensibilidad ecuménica y en esa variedad se distribuyen los afectos por las celebraciones ecuménicas.


Sin restar valor a los encuentros ecuménicos “de alto nivel” institucional, creo que, espiritualmente, tienen un valor mayor todas las iniciativas particulares en las que se hace realidad la promesa de que “cuando dos o más se reúnen en Mi nombre, ahí estoy yo” Mt.18, 20


La sensibilidad institucional ecuménica ha ido creciendo, y la actitud de la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II ha sido determinante, a mi modo de ver. La Encíclica de Juan Pablo II “Ut Unum Sint” de 1995 es un texto clave en este proceso, y recientemente ha sido recordada y glosada en un documento del Papa Francisco dirigido a los obispos como el “Vademecum Ecuménico”. Este texto se ha hecho público en diciembre aunque Francisco lo firmó en junio de este año.


Son algunas referencias de ese camino de encuentro.


Respecto del diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica Romana y la Comunión Anglicana retomo el análisis desde las tres dimensiones.


Respecto del ecumenismo institucional, el reconocimiento de los sacramentos entre las dos Iglesias es un tema importante, especialmente para la acogida de consagrados. La mayoría de los casos, sacerdotes anglicanos que han solicitado su ingreso en la Iglesia católica.


Otro tema controvertido es el de la Eucaristía. Sobre este tema recomiendo la lectura de un libro “¿Símbolo o Sustancia?” editado por Homo Legens. El autor, Peter Kreeft recrea un supuesto diálogo sobre la eucaristía entre C.S. Lewis, Billy Graham y J.R.R. Tolkien.



Institucionalmente ambas Iglesias tienen sus razones históricas para subsistir, y aunque bajo el mismo Evangelio les separan aún cuestiones importantes como para que se produzca una unión en todo.


Socialmente podríamos hablar de un brexit pero con acuerdo. Ambas Iglesias se reconocen, institucional y socialmente, pero por separado y con sus diferencias.


Espiritualmente es posible que sea la dimensión donde la unión es más estrecha. Al final es la figura de Cristo y su Evangelio la que nos mueve a unos y a otros a vivir en relación con Dios y con el prójimo. No obstante esa unión en la espiritualidad está también condicionada por lo que antes he dicho de la sensibilidad individual de cada uno sobre el ecumenismo.


Y como capítulo aparte habría que tratar el papel de la mujer en ambas Iglesias. El acceso de la mujer a los ministerios ha dividido a la comunidad anglicana en su día y provocó una sangría inicial que luego se ha parado. Por otro lado, el acceso de la mujer al sacerdocio y al episcopado también ha generado un acercamiento de algunos católicos a la Comunión Anglicana. Esto indica que es un tema importante y que divide. En la Iglesia Católica somos conscientes de la deuda que tenemos con la mujer y su presencia en la Iglesia y en su organización como institución, pero los pasos son lentos. Y en el tema del acceso a las órdenes sagradas estoy convencido que mientras se siga planteando como una lucha de poder entre grupos con ideas dispares no se podrán dar pasos adelante.




Y para terminar, decir que el ecumenismo está en el ADN de las Iglesias, estamos “condenados” a dialogar y fomentar los encuentros de oración común. Terrenalmente es difícil que nadie renuncie a ser absorbido por “el otro”, pero ello no tiene que impedir que podamos dirigirnos a Dios con una misma voz.


Vicente García.

Periodista socio-religioso. (Colaborador Religión Digital)



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