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El Cristianismo ante otras ofertas de Salvación (II), por Miquel – Àngel Tarín i Arisó











“Extra Ecclesiam nulla sallus. [Fuera de la Iglesia no puede haber salvación] Este axioma falsamente claro.”


Yves Marie – Joseph Congar




Concibiéndose ella misma como una religión decididamente soteriológica, el cristianismo está llamado permanentemente hacia la inteligencia de un discernimiento holístico, dialogal y honesto del resto de religiones que, como ella, prometen de uno u otro modo sendas ofertas de salvación.


Empero, a diferencia del resto de religiones planetarias, la entraña profunda de la religión cristiana no está constituida por una doctrina ni una dogmática reveladas o deducidas mediante el ejercicio teológico académico, ni tampoco se agota a través de la práctica de la piedad, de la filantropía o del altruismo.

Menos todavía halla su fundamento en la búsqueda espiritual de la trascendencia metafísica de la personalidad humana adjuntándose, a través de determinadas prácticas ascéticas o de meditación trascendental, al universo cósmico que considere a éste y al ser humano bajo el principio de la no dualidad o diferenciación esencial óntica y/o de sentido, sino que en su epicentro se ubica simple y llanamente una persona: Jesús, el ungido Mesías de Dios, a través del cual Dios mismo produce el extraordinario milagro de su humanización, convirtiéndose así Jesús Mesías en verdadera carne (“sarx”, “soma”), verdadera alma (“psyché”) y verdadero espíritu (“pneuma”) humanos[1], de manera que hombre y Dios coinciden de forma tanto histórica como irrepetible.


Es así como el Cristo Jesús se convierte, para la teología cristiana, en Dios “in persona”, fundamentando en consecuencia su seguimiento el único camino de acceso al Padre (Jn 14, 6), el factor conectivo exclusivo hacia Dios, origen fontal de la salvación de la humanidad toda.



El esquema teológico anteriormente expuesto posee – para lo que a nosotros ahora habrá de interesarnos – dos corolarios fundamentales. El primero de ellos implica la consideración del cristianismo como la única religión que la humanidad conoce en la cual Dios mismo, de manera única y personal, está tan implicado como inseparablemente unido en su ser con la humanidad misma.


El segundo corolario subsigue y se fundamenta en el primero. En efecto, pues de ser ello así, no puede de ninguna manera existir, ni que por asomo fuera, una religión de similares características, viéndonos entonces y en consecuencia obligados a afirmar, previamente a cualquier otra consideración y sin subterfugios, la existencia de un trascendental y definitivo “plus” soteriológico residente única y exclusivamente en la religión cristiana frente (léase más bien en contra) del resto de las religiones mayoritarias o minoritarias que transitan habitualmente nuestra humanidad. La superioridad de la religión cristiana se fundamentaría de este modo y muy especialmente en la encarnación, pues sin ella incluso la resurrección misma no se habría podido producir.


Decíamos también - en orden a nuestras consideraciones metodológicas - en la primera parte de nuestro texto (“Escritorio Anglicano”, agosto de 2022), que el abordaje del tema que nos ocupa, recordemos el cristianismo ante otras ofertas de salvación, podría plantearse fundamentalmente bajo dos prismas epistemológicos diferentes, aunque no por ello absolutamente excluyentes. Renunciábamos al primero de ellos por poseer un elevado carácter valorativo que bien pudiera contaminar nuestro estudio.


El segundo prisma cognoscitivo, sin embargo, por el hecho de poseer una naturaleza descriptiva – expositiva, no teniendo en consecuencia como punto de partida las antecitadas afirmaciones soteriológicas expuestas, sino más bien el hecho de describir y de exponer las diferentes teologías que o bien llegan a anteriores conclusiones, o bien las niegan, o bien adoptan diferentes posiciones que bien podríamos calificar de intermedias, sin por ello dejar no obstante de ser cristianas, constituía nuestra opción epistémica metodológica.


Evidentemente, el resultado de nuestro posicionamiento no elimina ni por asomo todo elemento subjetivo y hasta espurio en nuestra reflexión – de ello somos plenamente conscientes – pero sí que nos permite ubicarnos dentro de un paradigma teológico cristiano de las religiones abierto, y, si se nos permite, desacomplejado y valiente, harto osado quizás, decíamos.


Pretendemos con ello significar que abrazaremos sin temor el tenor aperturista de una fenomenología religiosa que, siendo declaradamente cristiana, como inicialmente confesábamos, pretende no obstante comprender la realidad del pluralismo religioso como un evento no necesariamente pernicioso, en el que las religiones coexisten junto al cristianismo como una realidad vívida y fructífera que se desarrolla actualmente por doquier en el seno de nuestras sociedades postmodernas.


Esta concepción nos permite enfocar hacia una perspectiva universalista del hecho religioso y nos posiciona hacia la percepción del mismo como un elemento enriquecedor y dinámico operante en antedichas sociedades a la hora de responder a la pregunta fundamental que interpela y fundamenta nuestra reflexión, a saber: ¿Cómo contempla el cristianismo al resto de las religiones planetarias? describiendo cuál sea en consecuencia la visión profunda que el cristianismo como religión lanza sobre el resto de religiones existentes las cuales, al igual que el cristianismo mismo, proponen a sus seguidores sendas ofertas de salvación.


Sentados metodología y objetivos, terminábamos nuestra primera parte interrogándonos acerca de las diferentes interpretaciones que el cristianismo histórico ha tenido acerca de sí mismo en su relación con el resto de las religiones salutarias.


La respuesta a esta pregunta confesábamos que no era en absoluto sencilla, ni mucho menos pacífica. No lo es porque el cristianismo histórico posee un carácter que bien podríamos definir como desbordante, escapando en consecuencia a cualquier tipo de categorización. En efecto, el cristianismo, como religión que se encarna plenamente en la historia humana, no existe como realidad única y exclusiva de manera desencarnada o ahistórica, adoptando diferentes posicionamientos por mor de los mismos movimientos que la historia experimenta. Esto es especialmente cierto en todo lo relacionado con sus vertientes de diálogo interreligioso. Además, siendo como es actualmente el cristianismo una realidad ecuménica multi interconfesional, ello provoca necesariamente la aparición de diferentes perspectivas conceptuales, todas ellas decididamente cristianas en origen, que no se agotan las unas a las otras, importando poco que incluso se contradigan.


Por todas estas razones anteriormente señaladas, reconocíamos las deficiencias inherentes a nuestro esfuerzo de sistematización definitivo. Todas estas limitaciones no justifican sin embargo la necesidad de eliminar de nuestra metodología cualquier intento de categorización, siendo muy conscientes como decíamos de las limitaciones que su resultado final implica.


Teniendo muy presente anteriores consideraciones partiremos de tres posicionamientos teológicos conceptuales que históricamente han ido jalonando cualquier reflexión sobre el particular.


Se trata en consecuencia de tres perspectivas teológicas diferentes, no existiendo definitividad, sino más bien una determinada graduación entre las mismas y también una graduación no menor entre los que las comparten, circunstancia que implica y destaca ciertos importantes elementos de conexión, así como también otros de desconexión, entre las mismas que pueden implicar tanto la complementariedad como la contradicción entre aquellos que las defienden o que las estudian.


Nos referimos concretamente a las posiciones teológicas:


1. Exclusivista

2. Inclusivista

3. Pluralista


Procedamos ahora a su análisis.