Entrevista a Vicente Luis García Corres









Vicente Luis García Corres, 58 años, nacido en Bilbao el 1 de febrero. Padre de cuatro hijos, divorciado y con la nulidad matrimonial en curso. Desde hace 25 vinculado laboralmente a la Facultad de Medicina de la UPV/EHU en su Unidad Docente de Vitoria-Gasteiz. Pertenezco a la 1ª Promoción de Comunicadores Cristianos de la UPSA. Mi vocación es la comunicación y desde hace años tengo el convencimiento de que Dios siempre me ha querido dentro de la Iglesia pero fuera de las instituciones eclesiásticas, para darme una gran libertad para pensar y expresarme.



[1] Supongo que tu formación religiosa y tu fe cristiana surgió en el seno de tu familia y en la Escuela ¿Fue así? ¿Cómo era la religiosidad de tus padres y familiares?¿Qué recuerdos tienes de tu religiosidad infantil y juvenil? ¿Y la Escuela?


Ciertamente mis primeras referencias religiosas están en la familia. Mis padres eran fervientes creyentes. Mi padre Pedro había sido novicio en los Jesuitas de Loyola. Y mi madre Casilda vinculada de joven a la Acción Católica. A ambos los recuerdo también con una especial devoción mariana, con tres advocaciones muy presentes, Lourdes, La Milagrosa y la Virgen Blanca de Vitoria. En casa se rezaba el Rosario como práctica hogareña ancestral.



Mi vida religiosa da un salto importante entre los nueve y los doce años. A los nueve muere mi padre, que dos días antes de morir se despide con una conversación de la que recuerdo particularmente su petición de “aunque falte tu padre, nunca dejes de poner el belén en casa”. Era un 18 de diciembre. Y los doce años es la edad en la que ingreso en el Seminario Diocesano de Vitoria llevado por una incipiente vocación misionera, quizá marcada porque partir a las misiones fue un proyecto de mis padres que nunca realizaron. Mi adolescencia la viví en el Seminario Diocesano y, al comienzo de mi juventud, con 21 años, un día en la capilla del Seminario me pregunté: ¿estoy aquí por vocación o por inercia? Así entré en un proceso de discernimiento serio que me llevó a dejar el Seminario, a poner distancia para ver con claridad. Mi salida del Seminario no supuso para nada desligarme de la Iglesia, al contrario, vinculado a la Adoración Nocturna pasé a formar parte del grupo de jóvenes que en España puso en marcha la sección juvenil de la Adoración Nocturna. Durante 8 años formé parte del Consejo Nacional en la vocalía de comunicación. Por lo demás puedo decir que hasta los 54 años he sido un creyente con voluntad de creer.


Desde los 54 puedo decir que soy un creyente con experiencia de Dios. Mi evolución ha discurrido en una separación racional de mi relación con Dios y mi relación con la Iglesia, con las Iglesias y con las religiones del mundo.


[2] El filósofo italiano Gianni Vattimo llega a decir: "Nuestra cultura no tendría sentido sin el cristianismo", al mismo tiempo que anuncia que vivimos un tiempo post-cristiano, no en el sentido de que el cristianismo haya desaparecido pero si en el sentido de que ha perdido la posición axial que tenía en favor de la Ciencia y la Filosofía ¿Hasta qué punto ese enorme valor cultural del Cristianismo facilita o dificulta la vivencia del cristianismo como confesión de fe personal?


En el plano personal considero que participo de ese cristianismo cultural que impregna a las sociedades occidentales, y que si en una etapa de mi vida fue el arropo social lo que facilitó, no solo la práctica religiosa sino también la creación de una conciencia crítica para con todo lo religioso; Desde hace cuatro años mi fe se sustenta más en la experiencia del Amor de Dios que en la doctrina católica, sin desdeñar esta porque forma parte de mi identidad religiosa también.


Y en un análisis más social, general, la fuerte presencia del cristianismo ha jugado tanto a favor como en contra, dependiendo de las personas, de su formación en materia religiosa y de las influencias que en cada una de ellas hayan tenido otras corrientes del pensamiento y, sobre todo la ola de secularismo y anticlericalismo.



[3] Cómo periodista religioso y en función de tu experiencia en diferentes medios Vida Nueva, Religión Digital …. ¿Cómo ves el hecho religioso en nuestra sociedad pluralista, laica y fuertemente secularizada? ¿Cuál es, a día de hoy, el contenido esencial del mensaje cristiano y cuáles serían los aspectos más discrecionales?



Por respeto a los compañeros que tienen la licenciatura en periodismo, y por ser fiel a la verdad déjame que matice, no soy periodista, sino especialista en comunicación cristiana por la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA). La dimensión religiosa es, a mi modo de ver, consustancial a la naturaleza humana. Por ello el hecho religioso es un aspecto a considerar en el análisis social. Bien sea desde la creencia o desde la increencia, o incluso desde la indiferencia, que a mi modo de ver es la característica que identifica a las nuevas generaciones.


Respecto del contenido esencial del mensaje cristiano a día de hoy, creo que tiene su base donde siempre ha estado en la Palabra de Dios, y en los evangelios en particular. El mensaje cristiano se sustenta en la figura de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, cuyo legado espiritual lo encontramos en los relatos evangélicos. La figura del Papa Francisco quizá está focalizando más hoy el mensaje cristiano desde el catolicismo hacia lo social, lo medioambiental, y el testimonio, más que lo puramente doctrinal y normativo.



Y en todo caso creo que el futuro del cristianismo tiene que apuntar por un mensaje que incida en el encuentro personal con Cristo y el testimonio como la mejor herramienta de comunicación.


[4] ¿Qué papel le corresponde —a tu juicio— a la mujer en la Iglesia? ¿No es paradójico que en seno del catolicismo-romano y en la ortodoxia, Iglesias que reconocen a María —mujer y madre— una posición singular en la Redención, por su proximidad a Cristo, sin embargo, ¿no se permita a las mujeres apenas acercarse al Altar?


En mi evolución racional este es uno de los temas que he ido teniendo más claro cada día. Las justificaciones históricas ya no me valen para sostener que hombres y mujeres no seamos iguales para hacer presente a Dios en el mundo, en todos los ámbitos, incluido por supuesto el de la sacramentalidad. No solo paradójico, sino hasta incoherente podríamos de calificar que una religión que reconoce que Dios tuvo que pedir permiso a una mujer para hacerse hombre, que fue la primera en hacer presente a Dios entre los hombres, no acepte que la mujer participe de pleno derecho como ministro de la Eucaristía o de la Misericordia.




[5] El Papa Francisco ha planteado la cuestión de la Sinodalidad de la Iglesia en unos términos muy interesantes : Sínodo, es el modo de ser de la Iglesia. Escuchar al Espíritu y a los hermanos. ¿Qué impulso de renovación o qué temores de confrontación puede suscitar la cuestión de la Sinodalidad en las diferentes sensibilidades eclesiásticas? ¿Cómo crees que se ha recibido en la práctica diocesana y en los círculos teológicos esta propuesta del Papa? ¿La Sinodalidad no matiza en cierta manera la idea del Papado definida por el Dogma proclamado por el Papa Pio IX en 1870 ?


Vamos por partes: La propuesta sinodal del Papa Francisco puede ser una de las grandes oportunidades de la Iglesia, aunque los verdaderos efectos y consecuencias, para mi, van a depender de las voces reales que participen en esta primera fase y del valor, que sobre todo, se den a las voces que lleguen de “fuera” de la Iglesia. Es muy probable que la brecha entre los sectores más conservadores de la Iglesia y los más progresistas se haga más profunda si cabe, pero es crucial que la Iglesia vuelva a ser tenida en cuenta socialmente, a recuperar el diálogo con la sociedad, a ser posible desde la confianza mutua de coincidir en una búsqueda sincera del bien común. Claro que la sociedad no tiene que regirse por las normas de la Iglesia, pero tampoco puede avanzar si la excluye. No en vano es la que gestiona y encauza la dimensión espiritual de una gran mayoría de sus miembros.

Respecto de la segunda pregunta me remito a lo que me decía el Vicario general de la Diócesis de Vitoria en una entrevista sobre el Sínodo que le hice recientemente: “el Sínodo nos va conquistando poco a poco”.


Sinceramente creo que son planos diferentes. El Sínodo que nos ocupa está planteado desde la vocación de caminar en comunidad y hacerlo desde las claves del año 2022. Por lo tanto podemos entender y esperar que los pronunciamientos que el papa haga ex cátedra y vinculados al Sínodo responderán sin problema a esa infalibilidad promulgada en 1870 que reafirma el valor de las palabras del Papa en materia exclusivamente de fe, por un lado, y como expresión concreta de decisiones previamente colegiadas. La infalibilidad no parece ser que sea extensible a las opiniones personales de los pontífices. Lo que aportaría este Sínodo frente a cuestiones pasadas sería que en esas decisiones colegiadas han estado presentes las aportaciones de voces que no habían intervenido hasta ahora, además de ser voces del siglo XXI.


[6] ¿El crecimiento enorme de la expectativa de vida, la difusión de métodos anticonceptivos cada vez más asequibles y seguros sanitariamente, la simplificación jurídica de la separación y el divorcio, la denominada revolución sexual, el movimiento feminista, y los valores de autonomía y libertad personal, las reivindicaciones LGTB… no plantean nuevos desafíos e interrogantes frente a algunos cánones tradicionales del cristianismo en relación con las relaciones sexuales, el matrimonio y la familia?


El día que descubramos, no solo desde la Iglesia, sino desde la sociedad, la importancia y trascendencia de invertir en una correcta educación moral que se sustente en el principio básico de respeto absoluto al otro y a uno mismo, nos ahorraremos muchas normas y leyes que prohíben, penalizan y castigan interviniendo en aspectos que deberían quedar circunscritos al ámbito privado, personal e interpersonal. Nadie tendría que marcarme cuándo, con quién, por dónde y de qué manera puedo andar en bici, la prudencia y el respeto a los demás tendría que bastar para que cualquiera pudiese usar la bici como medio de transporte o de ocio sin causar el más mínimo problema. Y esto me vale tanto para muchos cánones de la Iglesia como para normas de los poderes públicos, que incapaces de educar gobiernan a golpe de decreto, ordeno y mando.





[7] Estamos en la semana de oración por la Unidad de los Cristianos ¿Qué hemos aprendido en el ya largo camino del Ecumenismo? ¿Cómo crees que debemos caminar hacia una Unidad cada vez más visible entre las diferentes realidades eclesiales de aquellos que nos denominamos cristianos? ¿A qué tipo de unidad podemos aspirar? ¿Qué podemos aprender unos de otros: los protestantes de los católicos, los católicos de los protestantes…, en definitiva de todos los que nos denominamos cristianos?


Respondo por orden:

- Que no estamos solos, ni somos únicos, ni tenemos la exclusiva ni de Dios ni de su Palabra.

- Desde las bases sin obsesionarnos en una unidad institucional que posiblemente no se dé hasta el Final de los Tiempos, cuando ya ninguna institución exista. Recemos juntos los que queramos hacerlo y punto.

- A la de rezar juntos de vez en cuando y a defender que el encuentro con Dios tiene infinitos caminos.

- Que nos hace mucho bien el diálogo ecuménico, pero mucho más la oración ecuménica. Que ninguna de las iglesias es perfecta y que nuestra fortaleza está en Dios, no en nuestras respectivas estructuras eclesiales.



[7] ¿Algunas palabras para los lectores del Escritorio Anglicano?


Amigos y hermanos, considero un privilegio haber podido compartir con vosotros un trocito de mi biografía y de mi pensamiento. Y como dice el Papa Francisco a todo el que se cruza con él, “rezad por mi”.


GRACIAS. Que Dios te bendiga.




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