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Algunos principios de lectura del Antiguo Testamento, por Miquel - Àngel Tarín i Arisó







Por: Miquel - Àngel Tarín i Arisó


INTRODUCCIÓN



El texto que vendrá a continuación, así como sus sucesivas entregas si las hubiere, no se quiere de ninguna manera intelectivamente nuestro. Aúna cinco principios o claves de lectura bíblicos, concretamente veterotestamentarios, propuestos por el muy eminente profesor belga Jean - Louis Ska, que nosotros parafraseamos, con algunas intuiciones que nos son propias.


Sus reflexiones pueden hallarse de manera expresa, aunque resumidas, en la separata del Scriptorium Victoriense 59 (2012) 29 - 44, así como también, mucho más detalladamente, esparcidas por aquí y por allá, enunciadas de una u otra forma, en el “totum” de su muy sugestiva obra.


El profesor Ska fue el discípulo más destacado del finado jesuita español P. Luis Alonso Schökel. Tuvimos la suerte de conocerlos a ambos, e incluso el privilegio de realizar un seminario en la “ciudad eterna” con el primero, de la Sociedad de Jesús, doctor en filosofía y en teología, catedrático de Ciencias bíblicas en el “Pontificio Istituto Biblico de Roma”.




1. LA PERENNE TENTACIÓN DEL CRISTIANO EN SU ABORDAJE DEL ANTIGUO TESTAMENTO



Normalmente cuando un creyente cristiano, todavía más si es un estudioso de la teología y de la historia o un ministro confesional, aborda el Antiguo Testamento (AT) experimenta los efectos de lo que bien podría calificarse como una severa tentación reduccionista. En efecto, porque o bien se orienta en su reflexión hacia las profecías mesiánicas, es decir, todos aquellos textos del AT que “prefiguran” al Cristo Jesús para aplicarlos posteriormente al Nuevo Testamento (NT), o bien utiliza los textos veterotestamentarios con idéntico propósito, pero esta vez aplicándolos a realidades eclesiológicas, tales como por ejemplo Ex 16, lugar dónde el maná que alimentara al Israel viajero sería fundamentalmente una figura del sacramento de los sacramentos: la eucaristía. O bien Gn 14, 18 operando en idéntico sentido las “especies” del pan y del vino que Abraham ofreciera a la enigmática figura de Melquisedec.


Este doble itinerario tan frecuente como involuntariamente “tramposo” - si se nos permite la expresión - comporta necesaria e inherentemente como señalábamos un reduccionismo: quedarse solo con la parte y perder la perspectiva del todo, tomar el árbol por el bosque, es decir, que pretendiendo ir más allá, se permanezca en un anacrónico más acá, descuidando así el sentido profundo e inmediato del texto y perdiéndose en consecuencia los enormes tesoros de una biblioteca como el AT, mucho más rica literaria e históricamente que el mismo NT, una biblioteca a la sazón que se extiende durante un período milenario y que contiene ya no tan solo una enorme variedad de géneros literarios con sus pertinentes relatos, historias, consejos sapienciales, cosmogonías ... sino que se constituye de hecho en una joya que ultrapasando Israel mismo, su historia sagrada y hasta el mismo Oriente próximo, su antigüedad y su permanente actualidad lo convierten sin duda en una joya literaria que pertenece al patrimonio de la humanidad.


2. CINCO PRINCIPIOS DE LECTURA




2.1. LA VERDAD ES SINFÓNICA


Jean - Louis Ska se inspira para enunciar su primer principio en el título de una obra del Cardenal[1] jesuita Hans Urs Von Balthasar versando sobre la teología del pluralismo religioso. Si bien Balthasar se refiere al Nuevo Testamento (NT), Ska aprovecha este bello título que dice relación con la variedad y con la pluralidad misma, para enfocarlo al Antiguo Testamento (AT) biblioteca amplia tanto física como temporalmente que nos muestra a un Dios de rostro polifacético poseyendo diferentes estados de ánimo, algunos de los cuales no tan solo podrían escandalizar a las personas modernas sino también provocar el abandono de su lectura.


Probablemente el mayor de los escándalos se encuentre en el texto de Is 45,7:


“Yo formo la luz, creo las tinieblas; doy el bienestar, creo el mal, Yo, el Señor, soy aquel que hace todas estas cosas”.


El texto yuxtapone dos términos antitéticos: “la luz” y “las tinieblas” para después explicitar otra nueva antítesis, la segunda, buscando así la plenitud: “el bien” y “el mal.” Finalmente, el mismo Dios, por boca del profeta, se atribuye todo lo expuesto, incluyendo el mismo mal, a sí mismo. Interesa además señalar que el verbo “crear” es el mismo verbo que se utiliza en Gn 1,1 cuando Dios “crea” los cielos y la tierra.


Así leído, en su literalidad descontextualizada, cualquier lector moderno no puede por menos que repudiar a un Dios semejante que se quiere y reconoce como responsable de los numerosos males que afligen nuestro mundo.


Ska no se centra en explicar directamente el texto de Isaías 45,7 sino que lo hará indirectamente a partir de un texto muy diferente perteneciente al profeta Oseas (11,9):


“No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre; en medio de ti soy el Santo, y no vendré con ira”


Efraím representa a Israel, es decir, el Reino del Norte. Nótese que aquí el rostro de Dios aparece de una manera muy diferente, situándose a las antípodas del texto de Isaías. Ahora la característica más importante de Dios es precisamente la renuncia a la destrucción, ello es lo que lo distingue explícitamente del ser humano. La distancia entre uno y otro, entre la bondad de Dios y la maldad del hombre es por lo tanto inconmensurable: Dios no reacciona nunca vengativamente como sí lo hacen los hombres, por lo tanto, nuestras percepciones, nuestras reacciones al hablar de Dios son siempre tan limitadas como inadecuadas.


Ska propone muy acertadamente, y no necesariamente anacrónicamente a nuestro juicio, que Oseas apunta en su texto a lo que en la teología mística medieval se conocerá como “via negationis”[2] trayendo a colación otro texto similar en contenido al de Oseas:


Is 55, 8-9:


“Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo de Yahvé -. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestro y mis pensamientos a los vuestros”


Retomando el texto de Oseas, parece evidente que si algo existe de diferente entre Dios y el ser humano es su voluntad de no castigar ni destruir.


La pregunta se muestra evidente: ¿Cómo casar entonces los textos de Isaías y Oseas? ... Ska es aquí muy claro: son absolutamente irreconciliables. ¿Por qué? Porque cada uno de ellos se refiere a una cualidad divina que debe ser leída convenientemente según su muy diferente contexto. En efecto, mientras Isaías hace referencia al poder de Dios que se desarrolla omnipotentemente en el universo sin límite alguno, de manera que absolutamente NADA pueda existir o suceder en él sin su intervención, el texto de Oseas se dirige a un pueblo desesperado necesitado de amor y de piedad divinas. Nótese por lo tanto que existen acentos muy diferentes en el seno del AT siendo fundamental poder reconocerlos en cada momento y saber cuál de ellos deba ser explicitado. Las distintas melodías deben ser atentamente escuchadas y reconocidas. A partir de aquí Ska enunciará muy bellamente su segundo principio interpretativo