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¿Se puede hablar de teología anglicana?

11 Sep 2020

 

[Vitral de Lancelot Andrewes en la sacristía de St. Thomas Church 5th Ave NYC]

 

En su libro,, "El Anglicanismo y la Teología", Mark Chapman describe el trabajo de una comisión de la Iglesia de Inglaterra en 1931 encargada de clarificar la "Doctrina Anglicana" de la siguiente manera:


 “Nuestro propósito no es una teología sistemática anglicana, la mayoría de nosotros no queremos una teología distintivamente anglicana.” La razón por la cual una teología anglicana no es deseable es porque somos herederos de una variedad de teologías católicas y Reformadas y debemos mantener ambas doctrinas en su variedad rica y sabia.  Únicamente cuando aceptamos ambas tradiciones tendremos una teología distintivamente cristiana e “influenciada por la tradición de una cultura libre y liberal la cual es una herencia histórica del espíritu griego, la cual fue recuperada por la Iglesia occidental en Europa en la época del renacimiento.”

 

Por qué importa tener una teología anglicana
 

 Algunas actitudes como la que presenta aquí Chapman son, a mi parecer, una innovación del siglo XX.

 

Es obvio que hay y debe haber una aproximación (el término en el que estoy pensando es ‘approach’) anglicana a y de la teología. Es preciso que podamos distinguir lo que es anglicano de lo que no. Indudablemente, el anglicanismo es referencial a un Credo, pero hay ciertos aspectos importantes de la fe cristiana que los credos no cubren del todo, como Packer y Roger Beckwith señalan. 


Muchos grandes teólogos anglicanos han afirmado la naturaleza del anglicanismo como referencial a un Credo, por ejemplo, el Obispo Lancelot Andrewes y el Arzobispo Fisher:

 

“Un canon reducido a la Escritura por Dios mismo, dos testamentos,  tres credos, cuatro concilios generales, cinco siglos y la serie de los padres en ese período - es decir, los tres siglos antes de Constantino, y dos después, determinan el límite de nuestra fe ". (Obispo Lancelot Andrewes)

 

 

“La Comunión Anglicana, con su comunión de Iglesias, tiene una responsabilidad especial en este momento en el mundo. Nosotros no tenemos una doctrina propia  -sólo poseemos la doctrina Católica de la Iglesia Católica, consagrada en los credos católicos, y en estos credos permanecemos sin adición ni disminución. Nos mantenemos firmes en esa roca.” (Arzobispo Godffrey Fisher)

 

El Arzobispo Temple (hijo) llegó a afirmar también lo que hemos visto declaró su inmediato sucesor. Pero, por otro lado, Ramsey objetó esta afirmación, como veremos al final.
 

Neill también asume esta posición al inicio del capítulo XV de su inmortal libro “El Anglicanismo”. Sin embargo, va más allá de los credos a la mera raíz de nuestra afirmación bíblica que pone en equilibrio nuestra fidelidad al texto sagrado, y a la vez nuestra diversidad moderada (que debe ser contrastada al exceso de diversidad de nuestros tiempos)


“Muéstresenos que hay algo claramente definido en las Escrituras que nosotros no enseñemos y lo enseñaremos. Muéstresenos que en nuestra enseña y práctica hay algo contrario a la Sagrada Escritura y lo abandonaremos”.

 Acto seguido, pasa a afirmar:

  • La condena que el Anglicanismo hace a las añadiduras a la fe, características de la Iglesia de Roma

  • La condena que el Anglicanismo hace a las disminuciones a la fe, características de las iglesias libres.

  • “En cuestiones de interpretación teológica y convicciones personales, las Iglesias Anglicanas permiten mayor libertad que otras. Pero la fe de la Iglesia hay que encontrarla en la Biblia y en el Libro de oración común; y en esa fe las Iglesias Anglicanas jamás se han permitido transigir desde el tiempo de la reforma”.

 La importancia de poder presentar una teología distintivamente anglicana radica en que, como dijo el Rev. Dr. John Stott en unas conferencias en su antigua parroquia All Souls, Londres. “No podemos estar de acuerdo hasta que estemos de acuerdo en cómo estar de acuerdo”.

 

El ideal de la Iglesia Amplia y comprehensiva
 

Neill menciona a los platonistas de Cambridge como hombres que consiguieron evitar el verse absorbidos en las contiendas religiosas de su tiempo y dedicarse tranquilamente al estudio y a una comprensión más profunda de la fe. “Creían sobre todo que era posible para los hombres convivir en amistad, aun cuando disintieran, y que una modestia que estaba dispuesta a dejar algunos de los secretos de Dios en sus arcanos era más laudable que la arrogancia que afirma comprender todas las cosas en los cielos y en la tierra”.

 

Neill da las siguientes características de estos primeros latitudinarios:

  • Se declaraban contra la superstición, por una parte, y el entusiasmo, por otra.

  • Amaban la constitución de la Iglesia y su liturgia y podían muy bien vivir bajo ellas; pero no creían ilícito vivir bajo otra forma.

  • Deseaban que las cosas hubieran sido resueltas con moderación

  • Continuaron manteniendo una buena correspondencia con aquellos que diferían de su opinión y permitieron una gran libertad tanto en filosofía como en teología

Pero Neill deja en claro que los primeros latitudinarios no es que no fueran ortodoxos en materia de fe cristiana, como luego devino el movimiento en sus postrimerías. William Witt está de acuerdo que “la Iglesia Amplia histórica del anglicanismo no era protestantismo liberal (F. D. Maurice, William Temple, por ejemplo, creían cada artículo del credo)”. 

 

Cito a Witt:

“Adicionalmente, hasta los últimos 20 años o poco más, el liberalismo nunca fue considerado nunca fue considerado en el centro de la identidad anglicana, pero tolerado como un tipo de movimiento de protesta en la iglesia con el entendimiento de que el catolicismo reformado ortodoxo era el corazón de la Identidad Anglicana”.

 

También el principio de la vía media, atribuido a Hooker (a pesar de que, hasta donde sé, él nunca usó dicho término, que en realidad popularizó Newman) ha sido abusado y presentado como una forma de catolicismo no papal, simplemente. 

 

Neill objeta ese mal entendido:

 

“Una ‘vía media’ que no significa ‘ni lo uno ni lo otro’ parece un camino bastante negativo. Y una vía media que no es más que un perpetuo compromiso, un intento de reconciliar lo irreconciliable, no es posible que inspire a nadie el heroísmo o la santidad. Tal es una caricatura de la posición anglicana, que constituye la moneda corriente de sus detractores; y nada puede distar más de la verdad.”

 

El Rev. Dr. Alister McGrath también ha objetado esa falta de fidelidad histórica argumentando que la vía media anglicana del establecimiento isabelino no era un camino entre Roma y Ginebra, sino entre Ginebra y Wittenberg; sin embargo, ahora no es el punto, por lo que prosigo con el obispo Neill, quien concluye magistralmente diciendo que:

 

“El anglicanismo es una forma muy positiva de creencia cristiana; afirma y enseña toda la fe católica, libre de distorsiones, de exageraciones, de super-definiciones tanto del ala izquierda protestante como del ala derecha del catolicismo tridentino”.

 

El exceso de diversidad junto con el mal entendimiento del principio protestante del libre examen.
 

Uno de los principios del grito de la Reforma protestante fue el principio del libre examen. Este consiste en que, debido al sacerdocio universal de todos los creyentes, cada cristiano tiene el poder y el deber de leer las Escrituras y cuestionar a quienes estén a cargo de la docencia en la Iglesia cuando estos difieran de la enseñanza bíblica.

 

Los artículos anglicanos protegen parte de este principio (Arts. 6, 20, 34). Sin embargo, ha sido abusado en dos formas:

 

  • Cristianos individuales (incluyo aquí al clero individual) interpretando a su propia imaginación y voluntad las enseñanzas de las Escrituras

  • Sectores institucionales de la Iglesia interpretando a su propia imaginación y voluntad las enseñanzas de las Escrituras

Pero la Iglesia ni los cristianos individuales tienen, por el principio del libre examen, el derecho de reinterpretar a su antojo las Escrituras (Cf. los artículos mencionados arriba). Tanto los individuos como sectores institucionales de la Iglesia son susceptibles de errar. El deber de interpretar debe ser llevado a cabo a la luz de lo que las Escrituras canónicas tienen que decir, su coherencia interna (39 Arts.) así como la enseñanza de toda la Iglesia católica (no tan solo del moderno “espíritu” anglicano-episcopal) de todos los tiempos (no a la luz de las presentes innovaciones de los interpretes modernos de la Escritura, aunque ciertamente su voz tiene que ser escuchada también).

 

Neill dice:

 

“Es precisamente esta confianza en la verdad lo que hace que las Iglesias Anglicanas demanden tanto de sus fieles […] Si las Iglesias Anglicanas mantienen el derecho del juicio privado, no se debe a ninguna indiferencia por la verdad. No quiere decir ‘no importa lo que creas con tal que tu corazón esté en su sitio’. Significa que, si deseas ser anglicano, debes esforzarte por comprender lo que enseña la Iglesia y por qué lo enseña, y por qué al enseñar estas cosas, pretende que no está enseñando más que la verdad. Es más fácil tomar una sola decisión: creer a la Iglesia y todo cuanto enseña. Pero ese no es el sistema anglicano. ‘Nuestro sistema es simple e inteligible. Esperamos que todo el mundo pueda comprenderlo y utilizarlo por completo. No suponemos que el individuo hará de él selecciones como le plazca, descartando el resto. Sin embargo, le deja suficiente libertad moral e intelectual para ser completamente educativo… por supuesto que todo aquel que hace uso de su libertad cometerá errores. La Iglesia puede permitirse ese riesgo, porque sabe que ningún error o fracaso es irreparable’.”

 

Somos llamados, como dice Pablo a vivir en la libertad de hijos de Dios, pero no al libertinaje. Somos llamados, como el mismo Pablo nos exhorta también: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”.

 

Los formularios históricos en relación con la forma anglicana de hacer teología. Asuntos con la falta de un magisterio.
 

Sin embargo, en el presente estado de cosas, ya no podamos reclamar, como en épocas pasadas, tener una liturgia común que funciona como nuestro “Lex orandi… lex credendi”, puesto que las alas revisionistas dentro de la Iglesia solucionan el problema (Es decir, el que ni las Escrituras, la Tradición o la Razón apoyen sus propuestas de cambio) modificando la liturgia, proponiendo liturgias experimentales y creando toda una industria editorial litúrgica que ha quitado la liturgia de manos del pueblo y corre el riesgo de dejar de ser la “oración común” que era el sueño de Cranmer. Hay unos pequeños detalles que me gustaría añadir.

 

El Dr. Justin Terry [1] nos muestra, en pocas líneas, el contexto al que me refiero:

 

Sin una figura destacada como Agustín de Hipona, Tomás Aquino, Martín Lutero o Juan Calvino, pero siendo en gran medida trazada en las bases de todos estos y muchos otros, es difícil describir lo que es la teología anglicana.

 

No hay magisterio para determinar lo que debe o no debe ser considerado adecuadamente anglicana. Incluso el Libro de Oración Común de 1662, el ordinal y los Treinta y nueve artículos de religión que una vez proporcionaron los puntos de referencia para la teología anglicana ya no son universalmente considerados como vinculantes para todos los anglicanos.  

 

 

Los formularios históricos (nótese que no uso como sinónimos los términos ‘formularios’ y ‘documentos históricos’), hasta hace poco, constituyeron nuestra autoridad teológica, como lo indica Witt [2].

 

Según Neill, la falta de un magisterio como el católico romano papal y de una confesionalidad tal como la de las iglesias reformadas y luteranas es un signo de confianza en la verdad. Aquí yo añadiría que no es que no tengamos un magisterio o documentos confesionales, simplemente que nuestro tratamiento de ellos son diferentes tanto del papismo como de las iglesias libres.

 

Es cierto que nuestros formularios (Aquellos que menciona la Declaración de Asentimiento de la Iglesia de Inglaterra, a saber: El LOC, los Artículos de la Religión, el Ordinal de obispos, sacerdotes y diáconos; además de, hay que añadir para el contexto actual, el Cuadrilátero Chicago – Lambeth) no son sistematizaciones teológicas extensas en el sentido en el que pretenden serlo las confesiones reformadas y luteranas (Aunque la Confesión de Westminster fue hecha como una ampliación y profundización de los Artículos de la Religión y, además, la mayoría de los que participaron en la Asamblea habían recibido ordenación episcopal), o los cánones de Trento por la Iglesia de Roma.

 

Pero lo anterior no quiere decir que estos no tengan peso teológico. A menudo se ha dicho que la  CofE (Church of England, Iglesia de Inglaterra), tuvo una reforma política y litúrgica pero no teológica, y que la influencia del protestantismo dentro de la misma, así como de los movimientos de reforma continentales junto con sus autores (como Calvino y Lutero) fueron mínimos y casi inexistentes. Pero eso es una falta de honestidad histórica, promovida por los anglocatólicos del siglo XIX (y, en lo personal me atrevería a decir, por el ala liberal extrema) como frecuentemente afirma Diarmaid MacCulloch, él mismo anglocatólico y liberal, pero respetado historiador de Oxford.

 

 

El argumento se destruye si vamos a las figuras fundamentales del período, como Cranmer, Ridley, Latimer, Hooker, Jewel et al. Una reforma litúrgica es, por naturaleza, un reflejo de una reforma teológica, de lo contrario tal reforma no sería fiel a los principios de la Iglesia. Veamos, tan solo por nombrar un ejemplo, el veredicto del monje Gregory Dix [Benedictino anglicano] que afirmó que no solo el LOC 1552, sino también el LOC 1549 expresaban perfectamente la doctrina de la justificación por la fe; y que el LOC 1549 no se trató meramente de una traducción del latín al inglés, y un acortamiento de los servicios, como muchos han tratado de inferir. La reforma litúrgica pues, fue el resultado y reflejo de una reforma teológica.

 

Lo mismo pasa con los Artículos de la Religión, de los cuales muchos han dicho que no fueron otra cosa que un compromiso entre dos facciones irreconciliables y que fueron hechos deliberadamente ambiguos para no tener que ser vinculantes. Neill afirma:

 

“Fundamentalmente, los Artículos son un admirable cuerpo de teología, maravillosamente expresada. No obstante, debemos a este encomio general añadir ciertas reservas. Algunos de ellos tratan de controversias que hace tiempo no preocupan a la Iglesia. Fieles al principio anglicano de comprensión, otros están marcados claramente por el objetivo de Cranmer de no definir que Dios no haya definido, con lo cual hacen la posición anglicana menos clara de lo que desearían amigos y críticos de otras Iglesias.”

 

“En ciertos puntos, los formularios anglicanos manifiestan una calculada falta de precisión que resulta detestable tanto para los calvinistas como para los católicos romanos. Sin embargo ¿es el ideal de comprehensión detestable en sí mismo? ¿Acaso no es deseable que, entre aquellos que están de acuerdo en las cosas fundamentales de la fe cristiana, haya una medida de libertad en la interpretación, y que la Iglesia se muestre dispuesta a sufrir las tensiones y conflictos dentro de sí misma, en la firme creencia de que es por las controversias llevadas con honradez y caridad como puede progresarse hacia la plenitud de la verdad? Puede ser que, en su amor a la comprensión, las Iglesias Anglicanas hayan ensanchado sus linderos con excesiva laxitud.”

 

Esa es la naturaleza de los artículos y en esto coincide Packer.

 

La falta de coherencia teológica, llevada a sus extremos, es una innovación del siglo XX.
 

Gran parte del problema (el de la afirmación de la inexistencia de una teología anglicana, con lo que se quiere decir, la inexistencia de posturas teológicas anglicanas no negociables) ha sido, irónicamente, originado en los seminarios, como afirman William Wit t[4] (profesor en TSM ) y Philip Turner, (antiguo Dean de Berkeley Divinity School at Yale) [5], entre otras tantas voces.

 

Witt arguye que lo que ahora se toma como broad church anglicanismo no es otra cosa que protestantismo liberal, que poco o nada tiene que ver con el movimiento de la iglesia amplia clásico del anglicanismo[6].

 

Parte de esta intencionada falta de coherencia descansa en otro mito (si Chapman utiliza la palabra mito para referirse a la teología anglicana, usaré a su vez mito para referirme al “banquillo de tres patas de Hooker o trípode anglicano”), es decir, aquel que afirma que el método anglicano consiste en tomar en cuenta, en igualdad de condiciones, Escritura, Tradición y Razón. Pero esto no es ciertamente lo que Hooker tenía en mente [7]. Por lo que yo mismo he podido leer escasamente en algunos fragmentos (no lo he leído por entero ningún tomo de sus Leyes de la Política Eclesiástica), Hooker tomaba primero la Escritura, y luego la Tradición y la Razón para entender la Escritura. He aquí una parte del problema, en el anglicanismo latinoamericano, es que muy pocos hemos podido leer directamente a Hooker o alguno de las otras grandes luminarias del anglicanismo, sino solo lo que otros han leído de segunda mano acerca de ellos.

 

Entonces ¿Es posible hablar de una teología anglicana?

 

El Obispo Stephen Sykes y el Rvd. Dr. Justin Terry parecen diferir en esencia de la posición de Chapman.

 

El Dean Terry dice [8]:

 

“La teología anglicana es a la vez una tradición distintiva en el pensamiento cristiano y uno que está tan profundamente ligada a muchas otras tradiciones que es notoriamente difícil de definir o distinguir. […] El Arzobispo William Temple fue tan lejos como para negar la existencia de una teología anglicana distintiva, una sugerencia que fue fuertemente refutada por el obispo Stephen Sykes (Sykes 1978, 55). Más positivamente, la teología anglicana es una teología ecuménica que busca traer las ideas de la Reforma para influir en la tradición del pensamiento y la práctica católica, y hacerlo con especial atención a las Escrituras, los credos, y la era patrística de la Iglesia indivisa.  Como tal, la teología anglicana es quizás mejor descrita como "catolicismo reformado".”

 

De esa manera, podemos ver un compromiso anglicano con ciertas posturas. No hay ningún anglicano zwingliano, aunque sí diversas posturas en torno de la presencia real. No hay un anglicano presbiteriano, pero hay diferentes maneras de entender la naturaleza de la función del episcopado.

 

Analizando la posición de Sykes, el profesor Witt menciona:

 

Ha habido teólogos anglicanos que han negado que no hay tal cosa como una teología anglicana o identidad anglicana.  A finales del siglo XX, teólogo anglicano Stephen Sykes escribió un libro titulado "The Integrity of Anglicanism". El principal argumento de Sykes era que el anglicanismo contemporáneo no tenía ninguna integridad, es decir, desde mediados del siglo XIX, el anglicanismo había carecido de teólogos sistemáticos, y, en consecuencia, se había vuelto confuso.  Sin teólogos anglicanos distintivos, no puede haber teología anglicana. La posición contra la que Sykes protestaba era la de la afirmación triunfalista que se había repetido con frecuencia por los anglicanos en gran parte del siglo XX - que los anglicanos no tenían teología, o al menos no una teología característicamente anglicana, porque la teología anglicana era simplemente la teología de toda la Iglesia. El anglicanismo se distingue por su amplitud. Apelando al canon Vicentino, los proponentes de esta posición afirmaron que los anglicanos simplemente creen lo que siempre se había creído por los cristianos, en todas partes y por todos.  Lejos de considerar esta posición como distintivamente anglicana, Sykes la criticado por ser claramente incoherente - y perezosa. [Stephen Sykes. Obispo de Ely, Inglaterra y renombrado académico.]

 

Recapitulando
 

A este punto puedo responder que, aunque aprecio a Chapman, al igual que otros autores, me veo obligado a diferir de sus posturas (por las razones expuestas arriba).

 

Hay la necesidad, sobre todo a la luz de los debates y tensiones actuales, de poder hablar de una teología anglicana, y un método anglicano de hacer teología que sean comunes a todos. Repito, junto con Stott, que no podemos ponernos de acuerdo en nada, hasta que no nos pongamos de acuerdo en cómo ponernos de acuerdo.

 

En cambio, se me hacen más certeras y coherentes las posturas compartidas de Terry, Ramsey, Witt, Sykes, y otros. De que sí hay algo que podemos llamar teología anglicana, y que esta es lo que podríamos llamar “un catolicismo reformado”, un “protestantismo moderado” o “un evangelicalismo católico”. Estos autores (y yo tampoco) no quieren decir que tenemos una teología sistemática extensa como las que elaboran otras tradiciones cristianas (Veo a mis amigos calvinistas apelando a la Teología Sistemática de Berkhof, otros a Millard Erickson, otros a Wrudem, etc) pero sí principios comunes para hacer teología que nos son propios como anglicanos (Los formularios históricos, y la fe de la Iglesia Católica, así como los principios de la Reforma protestante).

 

El espíritu griego es, con moderación, bueno hasta cierto punto. Debemos ser fieles a nuestros principios católicos-protestantes (y nótese que no digo católicos “y” protestantes, pues no son opuestos, ya que el protestantismo moderado es en realidad una llamada a la catolicidad primitiva), tal como fueron Hooker, Jewel, Butler, los teólogos carolinos, los platónicos de Cambridge, los primeros latitudinarios, los “broadchurmen” fieles a la enseñanza general de la Iglesia tales como F. D. Maurice y los dos Arzobispos Temple (Padre e hijo). Pero esto, llevado a un extremo, no tan solo es incoherente con nuestra historia y principios como anglicanos, sino con la herencia de fe de la Iglesia Católica a la que pretendemos pertenecer. Además que debilita a la Iglesia y la mata.

 

 

 

 El arzobispo Michael Ramsey [imagen], se opuso a este tipo de pensamiento cuando dijo:

 

“Amplitud Teológica requiere que estemos de acuerdo en lo que es fundamental, y al mismo tiempo toleremos desacuerdos en cuestiones en las cuales los creyentes tengamos diferentes opiniones, sin tener que romper nuestra comunión necesariamente. En la mente de los anglicanos, Amplitud Teológica no es un compromiso, no es negociar la verdad por otra verdad, no es una palabra sofisticada para hablar del sincretismo.”

 

Pero, en el lado positivo, Ramsey declara que debe haber un equilibrio que nos defina como anglicanos. Este equilibrio no  un compromiso artificial, sino una fidelidad al evangelio de Dios. Esto vale también para nuestro modo de hacer teología y contesta, a las objeciones de Chapman. Mil disculpas, nuevamente, por tener que ser extenso en las citaciones:

 

El anglicanismo posee una Catolicidad completa, solamente si es fiel al Evangelio de Dios, […]Existe una diversidad de pensamiento y por supuesto el grado de comprensión varía mucho. Siempre existen aquellas personas más atraídas a ciertos aspectos de la verdad que a otros. Puede ser que existan siempre los que pongan más énfasis sobre el Cuerpo, la Iglesia como columna y base de la verdad; y pueda ser que existan otros cuyas mentes son más inspiradas por el pensamiento de Cristo y el individuo, “Él me amó y se dio a Sí mismo por mí” Pero hay una manera correcta e incorrecta acerca de cómo considerar el alcance de la Iglesia Anglicana. Esta amplitud de pensamiento nunca puede ser expresada correctamente en términos del latitudinarismo o un punto de vista liberal, ni por decir, “Aquí tenemos dos conceptos y teologías muy diferentes; pero por medio de un sentido común humanista y liberal combinamos los dos.” Más bien, el significado de la Iglesia de Inglaterra debe expresarse as´: “He aquí el Evangelio de Dios: inevitablemente esta encierra a las escrituras y la salvación del individuo; de igual manera incluye el orden y la vida sacramental del Cuerpo de Cristo, y la libertad de pensamiento por la cual Cristo ha hecho a los hombres libres” [Arzobispo Michael Ramsey]


Vemos que, puesta en equilibrio, es sano hablar y tener una teología anglicana, con una diversidad moderada, que sea fiel al Evangelio de Dios, reflejando la herencia de fe la Iglesia Católica (en especial como la entienden nuestros formularios históricos), y de la comprehensivad y libertad de pensamiento para diferir en las adiáforas y estar unidos en lo esencial de la verdad de Dios.



El Dr. Gerald Bray, teólogo y sacerdote ordenado de la Iglesia de Inglaterra (Anglicana).  Autor de The Anglican Way

Los puntos de vista del Dr. Bray no necesariamente reflejan los de este blog o sus editores.

 


 

[1] "Theology in the Anglican Communion" Justyn Terry. The Wiley-Blackwell Companion to the Anglican Communion

[2] Should We Blame The Seminaries?

[3] https://www.youtube.com/watch?v=VOygMm7LNBo

[4] http://willgwitt.org/the-episcopal-church/should-we-blame-the-seminaries/

[5] http://www.firstthings.com/article/2005/06/an-unworkable-theology

[6] Should We Blame The Seminaries?

[7] http://archive.churchsociety.org/churchman/documents/Cman_114_1_Atkinson.pdf

[8] "Theology in the Anglican Communion" Justyn Terry. The Wiley-Blackwell Companion to the Anglican Communion


Otra lectura de interés: http://willgwitt.org/what_is_anglican_theology/

 

Etiquetas: Alister McGrath anglican anglicanismo artículos de religión Michael Ramsey Teología

 

 

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