RELIGIÓN ... Y ACEITE DE COLZA

“No sirven de nada las desgracias para aquellos que no aprendan nada de ellas”
Lucio Anneo Séneca


Hace unos días me encontré con mi amigo Jordi. Hacía tiempo que no lo veía. Es tan ateo como buena persona. Decía Albert Camus, con la sorna característica de su existencialismo vitalista, que Dios nunca abandonaba a un ateo sincero y bueno ...


Inevitablemente la conversación con Jordi derivó hacia la sentida muerte de su padre, persona recordada con gran afecto. Su deceso se produjo por envenenamiento fatal provocado por aceite de colza desnaturalizado. La conversación y alguna lectura posterior sobre el particular nos inspiraron estas breves líneas que exponemos a continuación.


El primero de Mayo del año 1981 apareció en España el primer caso de muerte por ingestión de aceite de colza adulterado. Alrededor de 21.000 personas resultaron afectas. Se trata en consecuencia de un suceso fatal que todavía hoy permanece en la memoria colectiva de las desgracias.


Sucede con la religión lo mismo que sucedió en la Península allá por los ya lejanos y legendarios años 80 con el aceite de colza: siendo de naturaleza buena y comestible, si se desnaturaliza, porque se ha adulterado al ser mezclado con agentes nocivos contaminantes, se convierte en un pernicioso veneno mortal que al ser ingerido sesga vidas.


Desgraciadamente muchos intelectuales de nuestro tiempo, así como también mucha gente de bien, ilustrada o no, confunden - valga el símil - el aceite de colza desnaturalizado, un veneno mortal, con el aceite de colza ordinario, un aceite vegetal perfectamente apto para el consumo humano.


Así procediendo, juzgan a la religión toda como una realidad siniestra, como constitutiva de un severo peligro social, como una serie de paparruchas manipuladoras, fantasiosas y en ocasiones malintencionadas sin discernir, ni por lo tanto alcanzar a separar, lo que es ella en realidad, confundiendo por lo tanto por asimilación la ganga con la mena.


Ahora bien: "Qué relación puede haber entre la luz y las tinieblas?" (2 Cor 6, 14 (b) O, lo que es lo mismo, y para los castizos: "¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad? " ... Por ejemplo, nada tiene que ver con la entraña profunda del cristianismo la inquisición. O, nada tiene que ver el homicidio de Miguel Servet con la Trinidad. Nada tiene que ver el Islam con el terrorismo organizado, por mucho que millones de musulmanes no se puedan o no se quieran adaptar a Europa, ni con ellos el asesinato y la persecución de millares de cristianos en Oriente, o el escandaloso y no muy lejano nombramiento del régimen teocrático de Arabia Saudí por la ONU como nación defensora de la derechos humanos.


Nada tiene que ver la política con la religión, ni el nacional catolicismo con el Reino de los Cielos, ni las proclamas políticas de la Conferencia Episcopal Católica Apostólica Romana con la doctrina social de la Iglesia, ni las persecuciones contra los anabaptistas en el siglo XVI en Europa auspiciadas por algún ilustre Reformador con la misericordia infinita de Jesucristo. Nada. Todo esto es aceite de colza desnaturalizado, envenenado y altamente peligroso, envasado en formato - si se nos permite la expresión - religioso ...


Las sectas y los fundamentalismos son verdaderos oligopolios de producción y exportación de aceite de colza espiritual desnaturalizado. ¡Fecundísimos productores no hay quien las gane! En este comercio desgraciado son líderes destacados y sin parangón logrando fatídicamente emponzoñar las conciencias de los que desean seguir sinceramente a Cristo.


Existe también otro modo de desnaturalizar la religión y, por lo tanto, de provocar una desviada comprensión de la misma. Compete al ámbito del comportamiento en la esfera personal.


Esta desnaturalización aparece cuando mezclamos inopinadamente la religión con comportamientos individuales de tipo malvado, arrogante, provocador, sobrado, despreciativo, desordenado, intransigente, egoísta, autocentrado, carente de filantropía y de altruismo, de "mala leche" contumaz ... en definitiva todos ellos actos deshumanizantes y por ende enemigos acérrimos de la religión.


El veneno aparece entonces cuando desoímos al necesitado, cuando no protegemos al desamparado, cuando esquivamos al menesteroso, cuando primamos nuestros intereses por encima de cualquier otra cosa o cuando no nos detenemos ante el pobre, quien representa inequívocamente al Cristo sufriente.


No es casualidad que Jesús dedique toda una parábola entera (Lc 10, 25 - 37), conocida como del “buen samaritano”, a enseñar que no debemos pasar de largo jamás ante nuestro prójimo doliente. De hecho, semejantes actitudes encuentran efectivamente en el tenor de la Biblia pronunciamientos muy severos (Is 1, 11-18; Jr 7, 4 -11; Mq 6, 6 - 8; Ec 34, 18 - 22; Mc 12, 38 - 40; Lc 20, 46 - 47; Mt 12, 7; 9,12 ... Y todo un muy largo etc.


Desnaturalizamos el aceite de colza espiritual cuando en vez de socorrer al que lo necesita lo abandonamos a su suerte porque procedemos a la autocomplacencia de nuestros hábitos. O tal vez porque antes de servir al sufriente debemos llegar puntuales a misa de doce, a la escuela dominical, a la piadosa conferencia denominacional, o tal vez al rezo de viernes en la Mezquita.


Pensar que por el hecho de ser perfectos cumplidores de las normas religiosas y de los mandamientos bíblicos todos, aun fidelísimos observantes de la Biblia entera, ya hemos resuelto completamente el problema de nuestras relaciones con Dios y con el próximo en orden a la salvación equivale a beber litros y litros de aceite de colza espiritualmente contaminada. Los resultados están servidos.


Es un peligro enorme fundamentalmente por dos motivos. El primero, porque, destacando los beneficios exclusivos de MI propia denominación religiosa, me autopondero por encima de mi hermano perdiendo toda capacidad de auto crítica.


El segundo, porque ello provoca que viva en un permanente engaño de carácter auto destructor ya que tomo como puro el veneno espiritual mezclado con apariencia de verdadero aceite, puesto que nadie en su sano juicio ingeriría de por sí únicamente veneno.


Así es como la religión mata. Y, a la par, una poderosa razón de su rechazo y de su incomprensión por parte de nuestra sociedad contemporánea.


Cristo Mesías, el Ungido con el puro aceite del Dios vivo que es el Espíritu Santo, posee en abundancia el poder de restaurar a toda persona que desee ser purificada de todo aceite contaminado espiritual que envenena su ser.


El gran Médico Jesús, quien ya en su primera venida dedicara una gran parte de su quehacer diario a la realización de milagros (1), tiene el poder para proceder a la sanación. Solamente hace falta que lo aceptes con fe. Que te lo creas y que lo busques absteniéndote de beber espiritual aceite de colza contaminado. Su consulta permanece permanentemente abierta para ti. Aprovecha si te sientes enfermo. Recuerda: no hay peor enfermo que aquel que siéndolo lo niega. ¡Anda, marcha a curarte y no seas remolón ¡


A la memoria de Jordi Casadevall, hombre bueno y ponderado. Entre creyente y ateo a quien con toda seguridad veremos en el cielo.



Miquel - Àngel Tarín i Arisó

Per Semper vivit in Christo Iesu



NOTAS


(1) Podemos contar en la Biblia hasta 39 milagros de Jesús si consideramos también aquellos asociados con su nacimiento terrenal, con la Transfiguración, con la Resurrección, con su Ascensión y - especialmente - con su Ministerio Público.


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