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La Misión Anglicana

 

 

Como la mayoría de los Cristianos, nosotros los Anglicanos tendemos a amar nuestras tradiciones y nuestra identidad, desde el libro de oración a ciertos días de obligación al concepto de ser una confesión que ofrece una via media que es Reformada y Católica a la vez. Somos presa de la emoción cuando una nueva iglesia o un nuevo campus se abre y en algunos círculos Anglicanos ha habido un verdadero resurgimiento de iglesias tanto en Norte América como en el Reino Unido. Solemos apreciar nuestra diversidad—sea Católica, Liberal o Evangélica —aunque bien es cierto que en la última década se han puesto a prueba muchos de los limites de esta diversidad. Nos gusta ver a nuestros seminaristas estudiar nuestra tradición y leemos libros escritos por autores dentro de nuestra tradición, aunque no exclusivamente por supuesto. Además tenemos nuestro propio estilo de arquitectura y nuestros propios himnos.

 

Pero entonces sucede algo extraño en camino a la evangelización global. En cuanto estamos envueltos en nuestro trabajo como misioneros en un contexto inter-cultural parece que nos olvidamos muy rápidamente de las diferencias que nos hacen Anglicanos. Esto no sucede en otros ámbitos de nuestro trabajo, porque sucede en los ámbitos de la globalidad y de la misión inter-cultural?

 

Quizá esto sucede porque los Anglicanos no somos siempre conscientes de poseer un tesoro invaluable y distintivo en nuestra filosofía y método misionero global. Permitid, pues, que os ofrezca unos breves comentarios sobre nuestra Misión Anglicana con el objeto de que podamos recuperar la apreciación por este aspecto concreto de nuestra tradición.

 

Tradicionalmente, los misioneros Anglicanos fueron enviados por distintas sociedades y agrupaciones: the Church Mission Society, the Society for Propagating Christian Knowledge, the Domestic and Foreign Mission Society, the London Jews Society etc. Estos grupos no eran siempre puramente Anglicanos aunque si poseían unas características que les otorgaban un aspecto Anglicano además de tener una metodología y una filosofía distintiva. Cuando estas sociedades se abrieron camino con nuevas Misiones muchas veces en lugares donde ya había alguna presencia Británica, la expectación era que la iglesia creciera y se desarrollase.

Una vez habiendo suficientes congregaciones, que solían incluir creyentes expatriados y nativos conversos, un obispo misionero podía ser asignado. No era inusual que la sociedad misionera tuviera el poder de influir quién iba a ser ese obispo.

 

Estas nuevas diócesis e Iglesias crecían y eran dividas en diócesis más pequeñas. Una vez que habían cuatro diócesis estas podían pedir ser reconocidas como una provincia de la Comunión Anglicana, independientes de la supervision y tutelaje del obispo Americano o Ingles, y a la vez continuar su labor.

Todo esto presupone que la mayoría de los misioneros que estaban creando iglesias en sus misiones tenían lazos objetivos identificables con la misión Anglicana y no solo un afecto personal por la espiritualidad Anglicana. Si solo uno de los miembros de una grupo evangelizador que está planteando una nueva iglesia es Anglicano, pues esa iglesia no será Anglicana ya cuando esté en funcionamiento. Y así, este modelo misionario de iglesia, diócesis misionera, diócesis y provincia no podría tener éxito.

Y porque vale la pena aspirar a un modelo Anglicano tradicional? Se me ocurren tres respuestas a esta pregunta, aunque seguro que hay más. En primer lugar muchos anglicanos creen firmemente que existe algo de gran valor en nuestra liturgia, himnos y herencia teológica. Esto no significa que seamos mejores que otros cristianos ni tampoco que pretendamos ser la única y verdadera iglesia. Pero, si uno cree que el Anglicanismo posee algo único y rico que ofrecer al Cristianismo en su conjunto, no es esencial que invirtamos en misiones que pueden sostener y apoyar nuestra tradición y asegurarse de que esta tenga presencia en las fronteras misioneras cristianas? Pensemos en todas las personas no anglicanas que se han enriquecido leyendo a C.S. Lewis, a T.S. Eliot, a John Stott, a Madeleine L’Engle, y a N.T. Wright y eso sin contar con el resto de nuestra rica tradición pastoral, litúrgica, arquitectónica y musical.

 

 

En segundo lugar, el empeño misionero es una prueba espiritual. El ADN espiritual de la sociedad misionera que fundase una congregación o diócesis acaba siendo heredado por la nueva diócesis y en última instancia por la nueva provincia. Con el tiempo la nueva iglesia sabrá como negociar esa tradición y como enfatizar algunos aspectos y modificar otros y eso es un proceso natural. En otras palabras, este modelo de misión ofrece un contexto en el que cada tradición, sea evangélica, católica o progresiva, puede ser probada a través de la creación de nuevas iglesias.

 

¿Puede tu iglesia atraer nuevos creyentes y plantar una nueva congregación en un contexto cultural distinto a través de la manera en la que transmite el evangelio?

 

Jesús dijo ‘Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)

 

Si tu iglesia no es capaz de atraer gente arrepentida y convertida que han escuchado la buena nueva, debemos preguntar: ¿de qué sirve?

 

En tercer lugar nuestra tradición de libro de la oración, o bien libro de liturgia, ofrece un equilibrio perfecto y fructífero entre la historia y la actualidad, entre lo global y lo local. Las iglesias que nacieron de las misiones heredan el ADN litúrgico de las sociedades que las fundaron. Los misioneros no inventan nuevas liturgias porque se les apetece—aunque estoy seguro que esto ha sucedido alguna vez. Una vez que una diócesis ha sido formada posee la autoridad para auto-gobernarse y usar su tradición, heredada de Inglaterra, España, Nigeria o de donde sea, y hace los cambios pertinentes acorde a sus necesidades contextuales y locales. La nueva liturgia se parecerá a la vieja pero podrá ser variada para beneficio del contexto local. No hay muchas denominaciones que ofrecen esta manera tan prudente de equilibrar lo viejo y lo nuevo, lo global y lo local.

 

En suma: hay una tradición muy amplia en el Anglicanismo que se transmite de misioneros a nuevas congregaciones, de un grupo de congregaciones a una diócesis misionera y de una diócesis en desarrollo a varias diócesis mas

resultando finalmente en una provincia independiente capaz de contribuir a la vida y misión de la Comunión Anglicana hoy.

 

Como Anglicanos valoramos, endorsamos y amamos nuestra tradición en cuanto a su teología, himnos y exquisitas casullas, pero debemos también valorar y cultivar nuestra tradición misionera mientras intentamos cumplir la Gran Comisión hoy y mañana.

 

(Publicado originalmente en el English at Covenant, the blog of The Living Church.)

 

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El Rvdo. Dr. Duane Alexander Miller Botero es autor de Two Stories of Everything: The Competing Metanarratives of Islam and Christianity (Credo House, 2018) y Living among the Breakage (Pickwick, 2016). Su blog se encuentra a duanemiller.wordpress.com. El es presbítero de la Catedral Anglicana del Redentor en Madrid y es profesor adjunto de la Facultad Protestante de Teología (UEBE) en Alcobendas, Madrid.

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