La forma reformada-protestante de hacer teología


La forma del quehacer teológico desde la experiencia cristiana de la reforma en esencia no es diferente al de otras confesiones. Los elementos de base son comunes. Pues la “única” vía para hacer una teología acertada del Dios supremo, del Dios que es el único, es la que viene fundamentalmente acreditada por la demostración del Espíritu y su poder (…) Es decir la teología evangélica.[if !supportFootnotes][1][endif]

Y si bien esto es cierto, el ejercicio de la teología desde las distintas tradiciones confesionales es abordado desde distintos presupuestos o carismas que determinan de forma clara el matiz que se les da a cada reflexión confesional, derivan así en conclusiones diferentes en algunos casos de la vivencia kerygmática.

Para comprender de una adecuada forma, desde dónde el qué hacer teológico protestante parte, es necesario referirnos a la figura “inspiracional” de dicho movimiento, el monje agustino de Alemania. Y hablamos bien cuando decimos “figura inspiracional”, pues la Reforma no sólo fue un movimiento que parte de Lutero, ni un sólo acontecimiento. Fue algo mucho más plural y diverso de lo que a priori podríamos pensar. Incluso no debemos de olvidar que tenía dentro de la Iglesia Católica tenía precursores anteriores como Wycliff, Huss, Tomás Moro o Erasmo.

Martín Lutero fue profesor de Sagradas Escrituras en la Universidad Católica de la ciudad de Wittenberg (Alemania). Los especialistas distinguen entre el joven hasta 1517 y el segundo Lutero (a partir de 1518), después de su ruptura definitiva con la Iglesia Católica. La idea de este monje agustino, no fue en un primer momento la de separarse de la iglesia, sino la de reformarla. Su voz no fue la única que pedía una reforma de la misma, sino que muchos clérigos sabían necesaria una liberación dentro de la misma Iglesia[if !supportFootnotes][2][endif], como ya hemos mencionado anteriormente. La propuesta del profesor de Wittenberg para llevar acabo la reforma de la Iglesia nacía de un cambio de pensamiento, que significaba una revolución copernicana en el marco de la fe cristiana[if !supportFootnotes][3][endif], el cual estaba basado en el siguiente esquema:

[if !supportLists]• [endif]A todas las tradiciones, leyes y autoridades surgidas en el curso de los siglos, Lutero contrapone el primado de la Escritura: “la Escritura sola”, (sola scriptura).

[if !supportLists]• [endif]A los miles de santos y miles y miles de mediadores oficiales entre Dios y el hombre, Lutero contrapone el primado de Cristo “Cristo sólo” (solus Christus). Él es el centro de la Escritura y, por consiguiente, punto de orientación para toda la interpretación de la Escritura.

[if !supportLists]• [endif]A todas las prestaciones y esfuerzos religiosos devotos del hombre (“obras”) ordenados por la Iglesia para conseguir la salvación del alma, Lutero contrapone el primado de la gracia y de la fe: “la gracia sola” (sola gratia) del Dios benigno, como se ha mostrado en la cruz y resurrección de Jesucristo, y la fe incondicional (sola fide) del hombre en ese Dios y su confianza absoluta.[if !supportFootnotes][4][endif]

[if !supportLists]• [endif]A todo este esquema de solas habría que sumarle el Sóli Deo Gloria.

Como bien apunta Hans Küng, con la propuesta protestante “el cristianismo pasa de un paradigma Católico-Romano medieval a un paradigma evangélico de la Reforma”.[if !supportFootnotes][5][endif] Y este es el verdadero espíritu que animara a todo el quehacer teológico protestante, el de recuperar el espíritu evangélico, teniendo en la base de toda la forma y estructuración de su reflexión este esquema de las cinco solas. Estos “axiomas teologúmenos” se ven reflejados en los presupuestos que desarrollaremos a continuación, para entender cuales son las “formulas” desde las cuales se va edificando posteriormente toda la teología reformada en la práctica: [if !supportLineBreakNewLine] [endif]

[if !supportLists]- [endif]La sola scriptura: La Escritura nunca fue el monopolio de la teología reformada, sino que toda reflexión teológica cristiana la tiene en la base. Lo verdaderamente importante es el énfasis protestante por devolver al pueblo cristiano aquellas antiguas y venerables Escrituras en un lengua que pudieran entender. Cabe aclarar en este punto, que a lo contrario que comúnmente se cree, nadie había prohibido la lectura y el acceso a las escrituras (a excepción de las versiones realizadas por herejes), para aquellos que deseaban su lectura, el único “handicap” era que estás se encontraban en latín.[if !supportFootnotes][6][endif] Lutero hizo un gran esfuerzo por traducir la Biblia al alemán, aunque no fue el primero en hacerlo, pues ya existía la versión de Biblia Zainer (1475). El verdadero mérito de la traducción del reformador alemán, fue que supo unificar a la nación alemana mediante una lengua común, que hasta entonces estaba fuertemente separada por los dialectos.[if !supportFootnotes][7][endif] Según J.E. Londoño, su principal logro fue haber creado una obra que combinara las expresiones idiomáticas del pueblo simple dentro del marco de una amplia literatura. De este modo, la traducción aparece como una gran obra de la cultura alemana, no sólo en el ámbito religioso, sino también literario.[if !supportFootnotes][8][endif] Según Lohse, retomando las observaciones de S. Raeder y otros especialistas en la Biblia de Lutero, el método de Lutero va de la mano de su hermenéutica. Tal metodología puede sintetizarse en tres aspectos: a) libertad de letra y las palabras; b) conexión entre las palabras; c) clara expresión del sentido y objeto de textos.[if !supportFootnotes][9][endif] Sin embargo, como dice J. E. Londoño, hay que detenerse aquí para decir que, en el pensamiento de Lutero, la Palabra de Dios es mucho más que la Biblia, a diferencia de lo que hoy piensan muchos fundamentalistas, amparándose erróneamente en Lutero. Para el reformador, la Palabra de Dios es Dios mismo que se encarnó en Jesucristo. Jesús es la máxima revelación de Dios y la Biblia es Palabra de Dios porque habla de Jesucristo. El objeto de la fe no radica en la Biblia ni en la iglesia, sino en el evangelio, en el mensaje de la Palabra de Dios encarnada[if !supportFootnotes][10][endif].

O, como lo expresa Tillich:

Lutero dijo – pero no se engañaba al respecto – que la Biblia es la Palabra de Dios. A pesar de ello, cuando quería explicitar el senti- do de sus palabras, decía que en la Biblia está la Palabra de Dios, el mensaje de Cristo, su obra de expiación, el perdón de los pecados y el ofrecimiento de la salvación. Deja bien aclarado que lo que está en la Biblia es el mensaje del evangelio y, por lo tanto, la Biblia contiene la Palabra de Dios. También dijo que el mensaje existía antes de la Biblia, en la predicación de los apóstoles. Tal como hiciera más tarde libros de la Biblia fueron una situación de emergencia: eran necesarios y urgentes. Por lo tanto, lo único importante es el contenido religioso, el mensaje es un objeto de la experiencia. “Sí sé lo que creo, conozco el contenido de las Escrituras, pues no contienen nada fuera de Cris- to”. El criterio de la verdad apostólica son las Escrituras y la pauta para decidir cuáles son las cosas verdaderas dentro de las Escrituras es si se ocupan de Cristo y su obra – ob sie Christum treiben, si se tratan de, si se concentran en o si apuntan hacia Cristo. Sólo aquellos libros de la Biblia que se ocupan de Cristo y su obra contienen pode- rosa y espiritualmente la Palabra de Dios[if !supportFootnotes][11][endif].

Si por un lado la importancia de la “sola scriputra” tiene la caracterización explicada con anterioridad, el principal objetivo de Lutero al traducir la Biblia al alemán fue permitir que la gracia de Dios viniera a través de su palabra.[if !supportFootnotes][12][endif] Esto enlaza con la otra función de esta sóla, que es la de devolver la autoridad a las sagradas escrituras por encima de tradiciones, leyes, concilios, opiniones al quehacer teológico. Esta búsqueda de autoridad en las Escrituras significaba rebelarse ante la tradición y su ámbito de poder. Significa desafiar lo heredado para ponerse desde la subjetividad individual frente la Palabra de Dios para serle obediente desde convicciones personales.[if !supportFootnotes][13][endif] Es decir, con la Reforma se pretendió, usando la figura metafórica freudiana, matar al padre, tal vez sin saber muy bien el precio que habría que pagar por ello. Esta posición protestante lleva muchas veces al individuo a cierta individuación (pues es responsable ya de su propia vida ante Dios, a la luz de su conocimiento de las escrituras y no existen mediadores para él , sino que cada creyente se convierte en su propio sacerdote ante Dios) y a los teólogos con clara “vocación” teológica a cierto aislamiento no sólo con respecto al denominado <<mundo>>, sino también con respecto a la Iglesia.[if !supportFootnotes][14][endif] En palabras del propio Barth:

“Con harta frecuencia el teólogo experimentará visibles pruebas o justificaciones de sus sentimientos [de soledad], que radican únicamente en su propia vocación…Incluso dentro de la comunidad y, lo peor de todo, entre no pocos de sus colegas en la teología, el teólogo parece hallarse solo y seguir estando solo. (…) Desde luego, el teólogo no podrá contar con el apoyo de esas personas. Intra et extra muros ecclesiae, buscará con harta frecuencia, compañeros que estén llenos también de admiración, que se sientan afectados [por la teología] y comprometidos. En vez de encontrar apoyo, él recibirá a menudo la penosa impresión de que innumerables cristianos y no cristianos se distancian de manera más o menos descarada de la conmoción que le hace a uno ser teólogo”.[if !supportFootnotes][15][endif]

[if !supportLists]- [endif]El método: De la premisa anterior se deriva un cierto método de acercamiento a las escrituras, basado en la tradición misma de los Padres de la reforma. Para detallarlo mejor debemos comprender como en la época de Lutero se trabajaba hermenéuticamente con el texto bíblico. El acercamiento a las escrituras se hacía desde cuatro dimensiones de sentido: (a) literal o histórico; (b) alegórico o tipológico (con énfasis en la Cristología); (c) moral o tropológico; y (d) anagógico o místico.[if !supportFootnotes][16][endif] El gran problema que veía Lutero en la interpretación alegórica era que dependía en gran medida de la subjetividad de los intérpretes, sin controles adecuados. El reformador alemán comienza a distanciarse de la exégesis medieval espiritualista hacia un sensus literalis (sentido literal) de la Escritura. Para él, no es necesario tener acceso a sistemas y técnicas difíciles, pues la Escritura es su propia intérprete. Polemiza contra la interpretación alegórica y apela al sentido natural e histórico de la Biblia. Para él, el segundo, tercer y cuarto sentidos, sólo pueden provenir del primer sentido, el literal.[if !supportFootnotes][17][endif] Esto ha llevado a la teología protestante a desarrollar toda una ciencia textual que le permitiera establecer cuáles son los documentos o manuscritos más fiables, más ajustados a los autógrafos originales, y cómo se fueron elaborando con el paso de los siglos. De ahí que una de las mayores aportaciones del protestantismo al pensamiento cristiano general haya sido la génesis y el progreso del método histórico-crítico (no sólo histórico-gramatical) aplicado a las Escrituras, sistema de trabajo que tiene sus raíces y sus precursores, no en la ilustración del siglo XVIII, como algunos apuntan, sino en la misma Reforma, y de forma muy concreta en figuras tan señeras como Calvino y Zwinglio, que fueron para su época y su momento exegetas de talla, y cuyos trabajos aún en nuestros días han de ser tenidos en cuenta.[if !supportFootnotes][18][endif] Por ejemplo, las notas de las lecciones de Lutero[if !supportFootnotes][19][endif] cuando era profesor en la universidad de Wittemberg reflejan su metodología de trabajo: una exposición por parte del profesor, en la que aclara las palabras y el sentido de los textos bíblicos, con preguntas de los estudiantes. Esta es una exposición exegética, frase por frase, palabra por palabra, de las cartas paulinas.[if !supportFootnotes][20]

[endif] Esta forma de acercarse a la Teología, dio también un nuevo status a la teología mística dentro del quehacer teológico protestante. Lutero se ocupó del mismo y en su primera etapa simpatizaba con él. Pero con el tiempo, se fue distanciando cada vez más, hasta el punto de llegar a perderse en el protestantismo. Podemos decir que en la doctrina eucarística de Lutero se preservó una porción de misticismo. Otros reformadores como Zwinglio no tiene interés en ello y Calvino lo rechazaba radicalmente. Esto dejo fuera de lugar en gran parte al misticismo hasta el punto que en 1671 Gisbertus Voetius pudo declarar que no había misticismo en la Iglesia reformada.[if !supportFootnotes][21][endif] Esto dio lugar a que posteriormente se dieran movimientos que pretendieran una mayor espiritualización en la expresión de la fe protestante tipo los pietistas o los quaker.

[if !supportLists]- [endif]Sola gratia y sola fide. La teología protestante viene fuertemente marcada por las doctrinas de la Gracia, que los Padres reformadores hicieron tanto hincapié. En el quehacer teológico desde el protestantismo se hace un fuerte énfasis en la obra redentora de Cristo, entre ellas la justificación por la sola fe (Lutero) o la seguridad de la salvación basada en una inapelable e inmovible elección divina (Calvino).[if !supportFootnotes][22][endif] Como dice J.M. Tellería: “ En realidad, tales formulaciones, en todo o en parte, se hallan ya en algunas figuras destacadas de siglos pasados, la más importante de todas la de San Agustín de Hipona, que se fundamentaron en lo que leían en las Escrituras, especialmente en San Pablo. El gran acierto del protestantismo fue saber sintetizar todas esas enseñanzas genuinamente bíblicas en un corpus doctrinal coherente y bien ensamblado, fruto del cual han sido obras como la Institutio Christianæ Religionis de Calvino y todas las grandes dogmáticas que le han seguido desde el siglo XVI hasta hoy”.[if !supportFootnotes][23]

[endif] La fe no debe ser nunca entendida como la garantía soteriológica que permite vivir a cada uno sin responder a la ética propia del cristianismo y haciendo un caso omiso al llamado vital de Cristo. Sino que la fe, en palabras de Juan Esteban: “No se trata de un simple creer sin esfuerzo nominal, sino una palabra inicial que produce en el hombre una vida agradable a Dios y a los demás. La fe que también tiene produce obras”.[if !supportFootnotes][24][endif] O, como lo explica Tillich en términos de la psicología profunda y de la psicología existencial: “La fe hace la persona; la persona hace las obras y no las obras a la persona [Lutero]. Esto esta confirmado por todo lo que conocemos en la actualidad mediante la psicología profunda. El significado ulterior de la vida es lo que hace a la persona. Una personalidad escindida no es alguien que no hace buenas obras. Hay muchas personas que hacen una cantidad de obras buenas pero carecen del centro ulterior. Este centro ulterior es lo que Lutero denomina fe. Y esto es lo que hace a la persona. Esta fe no es una aceptación de doctrinas, ni siquiera de doctrinas cristianas, sino la aceptación del poder mismo del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos. En mi libro The Courage to Be (El coraje de ser), lo llamé “fe absoluta”, una fe que puede perder todo contenido concreto y a pesar de ser como ser”[if !supportFootnotes][25][endif]. La fe y la gracia están estrechamente unidas en la teología protestante., dando a toda su reflexión enfoque fuertemente cristocéntrico (solus Christus). Cabe apuntar en este epígrafe, que en muchas ocasiones la fórmula de sola fide ha sido de las peores interpretadas y distorsionas, a lo largo de la historia protestante, incluso dentro del ámbito propio.

[if !supportLists]- [endif]Un diálogo: Como bien hemos comenzando especificando, la intención primigenia de Lutero no fue la de separarse de la Iglesia, eso tuvo que ver más con derivas históricas y biográficas ulteriores. Incluso Lutero y otros reformadores desde un primer momento anhelaron y pidieron un concilio universal (¡ecuménico!) en el que plantear sus postulados y dialogar en aras de una mejora del conjunto del Cuerpo de Cristo.[if !supportFootnotes][26][endif] Esta mentalidad ecuménica se ve reflejado claramente en las iglesias protestantes históricas como por ejemplo la así llamada Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo, que tuvo lugar en 1910, pero que ya contaba con antecedentes en el mundo episcopal (anglicano) de los Estados Unidos.[if !supportFootnotes][27][endif] Por ejemplo en 1908 Spencer Jones y Paul Watson, dos episcopalianos estadounidenses, lanzaron la Church Unity Octave (Octava por la Unidad de la Iglesia), que tuvo una excelente acogida inicial en el mundo anglicano. O la Iglesia Luterana en Alemania es un claro ejemplo de unidad con la Iglesia Católico Romana allí. La concepción en diálogo ecuménico desde el protestantismo no tiene como horizonte la unión administrativa entre organismo eclesiásticos, ni por supuesto en un “regreso” o una “sumisión” a Roma, que estaría completamente fuera de lugar, sino en un diálogo interconfesional que sepa aceptar las diferencias distintivas (teológicas fundamentalmente), pero que no impida una labor testimonial conjunta de todos los que nos llamamos discípulos de Jesús.[if !supportFootnotes][28][endif]

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[if !supportFootnotes][1][endif] Barth, K. Introducción a la teología evangélica. Ed. Sígueme. Salamanca, 2006. Pág. 23.

[if !supportFootnotes][2][endif] Londoño, E.J. La Hermenéutica de Lutero en las Lecciones sobre Romanos. Revista Reflexus. Año X, Nº16. 2016/7. Pág. 239.

[if !supportFootnotes][3][endif] Ídem. Pág. 239.

[if !supportFootnotes][4][endif] Küng, H. 1995. Grandes pensadores Cristianos. Ed. Trotta. Madrid, 1995. Pág. 543-544.

[if !supportFootnotes][5][endif] Küng, H. Pág. 531.

[if !supportFootnotes][6][endif] Tellería, J.M. La fórmula protestante. Revista digital Lupa protestante. Artículo de opinión publicado 05·III·2014. Disponible en: www.lupaprotestante.com/blog/la-formula-protestante/ [Consultada 31·X·2017].

[if !supportFootnotes][7][endif] Lohse, B. Martin Luther. Leben und Wek. München:Beck, 1983. Pág. 123.

[if !supportFootnotes][8][endif] Londoño, J.E. Ibid. Pág. 240.

[if !supportFootnotes][9][endif] Londoño, J.E. Ídem.

[if !supportFootnotes][10][endif]Londoño, J.E. 241

[if !supportFootnotes][11][endif] Tillich, P. Pensamiento cristiano y cultura en occidente. De los orígenes a la Reforma. Buenos Aires: La Aurora, 1976, p. 257.

[if !supportFootnotes][12][endif] Lohse, B. Ibid. Pág. 124.

[if !supportFootnotes][13][endif] Londoño, J.E. Ibid. Pág. 241.

[if !supportFootnotes][14][endif] Barth, K. Ibid. Pág. 134.

[if !supportFootnotes][15][endif] Barth, K. Ibid. Pág. 140-41-

[if !supportFootnotes][16][endif] Zabatiero, J., Sanchéz, S., Filho, J.A. Para uma hermenêutica bíblica. São Paulo: Fonte Editorial, 2012. Pág. 29.

[if !supportFootnotes][17][endif] Londoño, J.E. Ibid. Pág. 249.

[if !supportFootnotes][18][endif] J.M. Tellería. Ibid.

[if !supportFootnotes][19][endif] Pero Lutero no partió de cero, sino que sacó provecho de los conocimientos producidos en el mundo católico de su época y por la tradición cristiana occidental. Como señala Schilling, el monje agustino acudió a las nuevas ayudas pedagógicas de la Filología humanista, como la edición del Nuevo Testamento en griego realizado por Erasmo, y la traducción paralela al latín de San Jerónimo. Además de esto, se valía de los comentarios e interpretaciones de los Padres de la Iglesia y de los escolásticos, pero no de una manera autoritativa, sino con cierta distancia. Londoño, J.E. Ibid. Pág. 249.

[if !supportFootnotes][20][endif] Londoño, J.E. Ibíd. Pág. 249.

[if !supportFootnotes][21][endif] Propiedad Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo. Misticismo. Misticismo protestante primitivo. Artículo Web. Web Iglesia pueblo nuevo. Disponible en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_misticismo [Consultado: 01·XI·2017].

[if !supportFootnotes][22][endif] Tellería, J.M. Ibid.

[if !supportFootnotes][23][endif] Tellería, J.M. Ibid.

[if !supportFootnotes][24][endif] Londoño, J.E. Ibid. Pág. 245.

[if !supportFootnotes][25][endif] Tillich, P. Íbid Pág. 261.

[if !supportFootnotes][26][endif] Tellería, J.M. Ibid.

[if !supportFootnotes][27][endif] Tellería, J.M. Idem.

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