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¿Cristianismo en la masonería?

 

 

 

En la actualidad puede llamar la atención poderosamente que hablemos de un sistema concreto de vivencia de una fe relacionado con la masonería. ¿Por qué? Por la sencilla razón que muchos masones pretenden ver en la masonería el culmen del laicismo y de la fraternidad humana. Pero ya lo decía Krause en sus cartas que el francmasón supera  un tipo de “religiosidad” de acallar la conciencia o de proporcionarle simplemente normas y una moral casuística. El masón comprende que la ley moral no puede ser respondida desde “fuera” y menos aún por miedo a un castigo eterno o una recompensa. Por esta razón la virtud del iniciado está en dar respuesta al deber e interiorizar la religiosidad en su vida, teniendo ésta presente en su existencia pero de otro modo. Esto no quiere decir que ningún miembro de la Logia se acerque a la iglesia, pero su relación con la religión es interior y no al modo de acallar su agitado mundo interior y su falta de paz por la falta de moralidad, y de respuesta al deber del mundo.

 

Por todo ello, decir que en la masonería no hay cristianismo es absurdo, al igual que decir que no  hay elementos religiosos. Si bien es cierto que que si algo define a la masonería actual es su propia indefinición. y que intentar decir que es la masonería hoy en día, tiene riesgos por dos sentidos. Primero porque muchos pueden ver en tal empresa la idea de justificación de ciertas proyecciones interiores sobre lo que es la masonería en sí, y por otro lado la masonería carece de un corpus doctrinal que en cierto modo da la libertad al sujeto de llenarlo con su propia vivencia subjetiva. Pero si bien esto es cierto, igualmente verdad es que su indefinición no es ilimitada y que la orden se mueve dentro de algunos puntos claves que marcan el horizonte que la caracteriza y que dan ciertas nociones básicas de lo que es masonería. Un acercamiento verdaderamente brillante a esta cuestión es la que hace Javier Otaola y José Luis Cobos en su planteamiento de la masonería como un método, la cual proporciona una estructura sobre la que el individuo va construyendo en base a una vivencia personal. Obviamente esta afirmación tiene como base la forma de hacerse masonería en las logias y su forma de enseñar por medio de símbolos y mitos.

 

Los mitos y los símbolos tienen como fondo, la idea inscripta en aquel ídolo acadio recientemente descubierto: “ Hecha por el Hombre. Creada por Dios”.  Los rituales masónicos representan en un espacio sagrado una serie de mitos y mediaciones simbólicas que conectan lo profano y lo mistérico. En este caso hablamos del misterio desde un punto de vista de algo oculto para el entendimiento humano y no desde la visión ocultista. El mito representado pretende dar a conocer al que lo vivencia un misterio oculto que tiene mucho que ver consigo mismo. Por ejemplo, tras la pregunta en la iniciación: ¿quién va? encontramos una autentica cuestión sobre el hombre y el auto-conocimiento (¿quién eres?). O el tercer grado tiene como epicentro el tema clave de todas las escuelas de misterio de la antigüedad es decir: la muerte. La muerte de Hiram Abif apunta claramente a la propia muerte del sujeto y su vivencia puede traer una verdadera esperanza al masón. Como bien decía Mozart en una carta a su Padre: “ahora ya no tengo miedo ahora sé dónde voy”. Por lo tanto, la realidad simbólica que se representa en las logias apunta a verdades de carácter metafísico e intramundanas. Por lo tanto en el ritual se da una conjugación de tres elementos: el mito, el misterio y el sujeto que lo vivencia y le es revelado el misterio. Es una forma autentica de que el masón se vea unido con el misterio. Esta enseñanza busca en el iniciado sacar de él lo mejor de su propia naturaleza, es decir convertirlo en más humano.

Obviamente los mitos y mundo simbólico sobre el que se trabaja en masonería tiene un origen. Podríamos decir que en la masonería hay un totum revolutum de muchas tradiciones, pero todas ellas  con una idea muy clara: aunar a todos los seres humanos en fraternidad y no dividir a pesar de las distintas creencias.[1] Esta característica hace de la masonería una excelente red de sociabilidad. Esto lo vieron claro muchos protestantes que en el siglo XIX, que en un periodo de cierta inestabilidad política encontraron en el calor de las logias un espacio de sociabilidad con Hermanos que de otro modo tal vez no habrían conocido. Por poner un ejemplo podríamos hablar de la amistad entre Juan Bautista Cabrera y el Presidente Sagasta. Según algunos testimonios, los protestantes tuvieron más interés en entrar en la masonería que la masonería en el protestantismo como sistema vivencial del cristianismo. Aunque obviamente la masonería fue una defensora de la libertad y tolerancia religiosa.

 

Los mitos y simbología masónica en ningún caso les supuso a los protestantes de entonces un problema con su fe. Ni fue antagónico. Ni se adoraba a Baphomet[2], ni era contraria a la doctrina de Jesucristo. ¿Esto por qué? Los creyentes cristianos que se acercan a la masonería alejado de actitudes dogmáticas y con ciertas nociones teológicas, puede intuir fácilmente que en la masonería hay mucho más cristianismo del que a muchos les gustaría. Esto no puede ser de otra manera, cuando vemos que el tercer grado y la leyenda de Hiram Abif fue configurada en su forma final por el propio Pastor James Andersson. Aunque es cierto, que se recoge claramente la tradición de Egipto de Osiris, también podemos identificar mucho de la confesión cristiana de la resurrección de los muertos y por supuesto, mucho de judaísmo. Aunque es cierto que la masonería en su búsqueda de fraternidad fue des-cristianizando muchas formas ritualísticas que heredaron de los masones operativos que obviamente eran primero católicos y luego protestantes. Su forma de búsqueda de cierto ecumenismo fue refugiarse en elementos de la Torah  ( texto sagrado tanto para cristianos, musulmanes y judíos) y en su simbología. Obviamente en el nuevo testamento vemos una y otra vez que elementos veterotestamentarios se releen en clave cristológica. Por ejemplo, en masonería encontramos la Escalera de Jacob. Algunos pueden pensar que esto esta alejado de Jesucristo. Pero en el evangelio de Juan (un evangelio con suma importancia en masonería) ya el autor nos hace la correlación con este símbolo: Jn 1,47: “Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre”. Esto es simplemente un ejemplo, de los muchos que hay. Por ello, aún en la indefinición propia con la que hemos empezado en masonería, en la recreación simbólica, el cristiano puede encontrar mucho cristianismo (los de otra fe igual) y no sólo, ser mejor hombre (fin ideal al que aspira esta orden), sino ser un mejor cristiano. Por lo cual, más que ser antagónicas, podemos encontrar una perfecta complementariedad para el hombre de fe cristiano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Tal vez esta idea, esta tan clara debido a la guerra de los 100 años que le costó tan cara a Inglaterra. [2] Una forma de culto satánico. Una forma de culto satánico.[2]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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